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El día que decidí no olvidar nunca a Aylan

El día que decidí no olvidar nunca a Aylan
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Hace dos días se publicó en la prensa, y desde entonces no ha dejado de aparecer en las redes sociales, la foto de un niño de 3 años ahogado en la costa de una playa de Turquía, cuando su familia trataba de llegar a un lugar mejor, lejos de una guerra que no tiene piedad. No es el primer niño que muere por culpa de nuestra incompetencia como sociedad plural, por supuesto, pero sí es probablemente el que más daño nos está haciendo porque por primera vez muchos nos vemos incapaces de darle la espalda.

Yo al menos me sentí así. Vi la foto y no pude dejar de mirarla hasta que empecé a llorar, imaginando su vida, mirando sus manitas, su ropa, lo pequeño que era, lo inocente, lo puro, y sintiendo las ganas y la necesidad de cogerle en brazos para darle paz, o quizás para darme paz a mí mismo. No quise darle la espalda, y de hecho no lo haré, porque tras varias horas sin saber qué hacer decidí que no iba a olvidarle nunca. Ayer fue el día que decidí no olvidar nunca a Aylan.

¿Y ahora qué hago yo?

Fue ver la foto y compartirla enseguida en mi muro de Facebook. Estoy, o estamos, relativamente insensibilizados con otras imágenes. Sabemos que mueren otros niños, sabemos que mueren adultos, pero es tan habitual que, por desgracia, hemos llegado a normalizar su sufrimiento. Ya, no es una excusa, deberíamos sufrir por todos, pero es lo que han conseguido porque no hay día en que los telediarios no nos lo enseñen y es, seguramente, un mecanismo de defensa propio ante la imposibilidad de hacer algo que realmente cambie el mundo.

Pero la foto de Aylan nos ha llegado a todos mucho más porque es un niño de 3 años, y eso quiere decir que "hasta aquí hemos llegado", que ahora sí que esto va en serio, que la infancia es sagrada, que los niños son sagrados, que esto no se hace. Que ya está bien de esta farsa. Que ningún niño tendría que morir solo, huyendo de la gente mala, sin saber siquiera dónde va ni por qué se va. Eso es lo que más duele, que él simplemente se montó en esa barca con sus padres porque confió en ellos, porque él simplemente iba donde le decían, porque sin ninguna capacidad de decidir, acabó en la orilla, solo y sin vida.

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Por eso mucha gente no ha querido ver esta foto. Por eso mucha gente ha dicho que estará unos días sin entrar en Facebook. Por eso mucha gente está pidiendo que la dejemos de compartir. Porque hace daño. Y no les culpo, ni les juzgo. Probablemente hayan llegado a esta parte de la entrada y me estén criticando por volverla a poner. Quizás hasta hayan dejado de leer. Están en su pleno derecho. Pero yo he decidido que esta foto me va a acompañar toda mi vida. La miro y sufro. La miro y lloro. Pero no quiero darle la espalda.

Fueron varios los minutos que la estuve mirando, esta y la otra en que su cuerpecito es recogido, y solo pude decir: "¿Qué hago yo ahora cuando veo esto?", "¿Qué se supone que tengo que hacer?", porque le miro y veo a un niño de la misma edad que mi hijo pequeño, ese del que hace unas semanas hablé porque está en la edad en que quiero que crezca pero, a la vez, en la edad en la que quiero que se quede así para siempre. Y me siento miserable por no poder hacer nada por él. Y como os he dicho, me habría gustado estar ahí para cogerle, quizás antes de que cayera al mar, o después, para ayudarle, para ayudarme, yo que sé.

Pero es absurdo, qué tontería, no hay nada que pueda hacer ya. ¿Y en adelante? ¿Escoger a los gobernantes con conciencia? Sí, es algo, pero me siento ridículo con una papeleta en la mano después de ver a Aylan. Lo haré, por supuesto, votaré a aquellos que considere que pueden tratar de cambiar un poco este mundo, pero sinceramente, son pocas las esperanzas que tengo porque incluso ellos lo tienen crudo, por más buenas intenciones y deseos que tengan. Es el dinero el que lo maneja todo, no las intenciones. Pero por supuesto que lo haré, elegiré bien.

El día que yo cambie, cambiará el mundo

No me preguntéis de quién es, porque no lo recuerdo. Lo leí una vez y me lo quedé para mí, para siempre. Es un texto que siempre me ha motivado y que me ayudó ayer a tomar una decisión al respecto:

Cuando era un niño quería cambiar el mundo, cuando fui joven me di cuenta que tenía que cambiar mi país, de adulto mi familia, y ahora que voy a morir he comprendido que si hubiera cambiado YO, habría cambiado el mundo.

No puedo cambiar el mundo. Yo no puedo hacer que una guerra se acabe. No puedo hacer nada por Aylan, ni por los próximos Aylans, pero sí puedo recordarles siempre, sí puedo decidir en las urnas, sí puedo ser consecuente con mi modo de vivir.

Quizás me sirva para dar gracias por haber nacido en un país alejado de tanta barbarie, para valorar la vida que tengo, o unos hijos que pueden ir a la playa, a la costa, a jugar y pasárselo bien, y no a morir. Y recordarle siempre.

Ayer mismo leía a una chica en Facebook criticarnos a todos por compartir la foto: "si fuera la madre mataría al mensajero, decía", explicando que vale ya de poner la foto del niño. Le contesté lo que sentía, lo que siento: "si yo fuera el padre, agradecería la máxima difusión". Porque no es morbo, no son ganas de ver a un niño en esa situación. Es la realidad, es el mundo en el que vivimos, y como padre lo que más me dolería es que mi hijo muriera sin culpa alguna y se silenciara y ocultara. A mí como padre me gustaría que sucediera lo que está pasando, que mucha gente abriera los ojos, que sintieran el dolor de algo así, que motivara a mucha gente para tratar de hacer algo, para tratar de cambiar este mundo.

Cambiemos el Mundo

Un tributo a Aylan

Numerosos ilustradores y mucha gente que no lo es ha querido hacer un tributo, una especie de homenaje al que ya se conoce como "el niño de la playa" y han querido dotar de mensaje a esa foto, imaginando un escenario diferente, o añadiendo su propia visión. Las hemos visto en varias páginas, como Magnet, y quiero dejaros aquí algunos de esos dibujos, como el que os acabo de poner del niño en la cuna:

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Y yo he querido también aportar mi grano de arena con la que veis en portada, que os vuelvo a poner aquí:

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Un Aylan que, pese a todo, abraza un mundo sombrío y oscuro. Un Aylan grande, muy grande, más grande que la mayoría de la humanidad, porque es lo que tienen los niños, la pureza y la inocencia, dos características que muchos mayores, por desgracia, se dejaron atrás de las que nunca deberían haberse desprendido. Un Aylan que nos dice lo que tendríamos que repetirnos todos cada día: "solo espero que estemos a tiempo de cambiar".

Por eso, ayer, decidí que no iba a olvidar jamás a Aylan.

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