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Conversar a diario con los niños y realizar una comida en familia puede mejorar el rendimiento escolar

Conversar a diario con los niños y realizar una comida en familia puede mejorar el rendimiento escolar
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El Consejo Escolar del Estado ha presentado un informe llamado “La participación de las familias en la educación escolar (Mirando al futuro)”, en base al que realizan una serie de recomendaciones a las familias, con el objetivo de incidir sobre la calidad de la vida escolar y sus resultados. Se tienen en cuenta tanto los términos académicos como los propiamente educativos, y se considera que la mejora de la relación (familia / escuela es un reto educativo).

El informe es mucho más amplio, y lo podéis consultar aquí; parafraseando la introducción del trabajo, viene a decir que se tiene en cuenta la “participación familiar en un sentido moderno, como sinónimo de implicación parental que puede manifestarse de distintas maneras y ejercerse con diferente intensidad”.

No es que hayan descubierto las Américas, puesto que - quizás de otra forma, pero diciendo lo mismo - los técnicos de la OCDE, habían hecho lo propio; y además en nuestro país contamos con profesionales muy formados e (también muy) implicados, como Óscar González, para los que mejorar la relación Familia y Escuela, es un objetivo diario a cumplir.

Pero por supuesto que cualquier acción que sirva para orientar a padres y madres, en la formación académica de nuestros hijos: cada vez con más exigencias, y por otra parte tan alejada de la realidad de la Educación en otros países que sí que ponen como centro de los procesos a los niños; como digo cualquier iniciativa en ese sentido es bienvenida. Bienvenida siempre que hablemos de estimular la colaboración, y de prestar apoyo a quien más lo necesita: los niños, y por extensión sus familias, quienes están criando y educando a las generaciones futuras.

Vamos con ese informe

Es una base empírica la que motiva a abordar las recomendaciones formuladas, como por ejemplo que todos los días deberíamos esforzarnos en conversar y realizar juntos de forma habitual una comida principal (como mínimo). Resuta que estos hábitos familiares no dependen necesariamente del nivel socioeconómico o cultural, pero resultan muy efectivos. No hay pues que descuidarlos, pues su sencillez aparente, facilita la puesta en marcha.

En el apartado que leeréis más abajo, se introduce la relación (a veces complicada entre familias y escuelas). Cito textualmente: "La comunicación entre familias y docentes es señal no solo de calidad, sino también de coherencia educativa. El diálogo entre ambos es fundamental si se quieren intervenciones educativas complementarias que apuesten por un mismo proyecto de persona. Solo de este modo el alumnado percibirá lo que es realmente importante en su vida. Por tanto, el diálogo no debería limitarse a edades tempranas ni centrarse exclusivamente en transmitir información de un actor al otro".

Se hace cada día más necesario que fluya entre ellos la comunicación

En el informe también hay una recomendación a las AMPAs para que organicen actividades formativas, lo cual está muy bien, la verdad (yo barriendo para casa, que me dedico a estas cosas); pero sin perder de vista que (por favor) los padres no necesitamos que se nos aleccione o que alguien en apariencia más “sabio” que nosotros venga a decirnos tal o cual. Necesitamos aprender sobre todo en base a la interacción con otros padres como nosotros, y de la mano de alguien que nos guíe y nos ayude a solventar problemas cotidianos.

Implicación Padres

De familias con niños escolarizados, y de logros académicos

El elemento de implicación parental de mayor impacto, es el sentimiento de pertenencia de las familias respecto del centro educativo, y se le debe prestar atención empezando por una elección meditada de centro (meditada y posible dentro de las circunstancias), y posteriormente por una cierta implicación en el proyecto educativo.

Hay algo en lo que estoy de acuerdo: como parte de las convicciones de las familias, debe existir una aspiración académica elevada para los niños, no para que los peques se sientan en exceso presionados, sino para facilitarles las bases que les ayuden a obtener buenos resultados; siempre teniendo en cuenta (y esto en la práctica la escuela no lo tiene en cuenta, aunque la familia debe contar con ello) que los niños no son troqueles, sino personas con intereses e inquietudes variados y diferentes.

Habla también el trabajo sobre que las familias deberían contribuir a la generación de dicho clima mediante actitudes de consideración hacia el profesorado, así como tener voluntad de asumir objetivos educativos comunes y con el propósito de llegar a acuerdos. Ello supone compartir información, responsabilidades, decisiones y resultados. Entiendo la aclaración respecto de las actitudes hacia el profesorado, porque hoy en día, existe cierta confusión de roles, que nos lleva a exigir a los demás lo que no somos capaces de cumplir; sin embargo, merece la pena mencionar que la actitud de consideración debe ser recíproca.

Se nota la tendencia a la disminución de la participación parental cuando los alumnos alcanzan la ESO, pero en esta etapa, el impacto sobre el rendimiento escolar es mayor. Por ello se aconseja adaptar las formas de participación, sin por ello “alejarnos” de los procesos de los niños.

Como veis las propuestas son sencillas, y además fáciles de poner en funcionamiento, a no ser que en el caso particular de una familia cualquiera la (no) conciliación dificulte esas pequeñas reuniones familiares que tanto bien hacen a los niños, y tanta información dan a los padres. Por lo demás, a cualquier padre (¿si?) le gusta desayunar, comer y cenar (o las tres) con los niños, otra cosa es lo que cuando nos damos de bruces con la realidad podemos hacer. Y también nos gustaría acudir más al colegio, poder ir el día que la profesora nos lo pide, o ser nosotros los que pedimos una cita, o asistir a una charla organizada por la AMPA (en la que sacamos más provecho por el intercambio de experiencias, que por el tema tratado), pero ¿es posible en muchos casos?

Yo, en estos momentos en los que la madre o el padre que desean implicarse, conociendo los beneficios que para el recorrido académico de los hijos tiene, cuentan con argumentos de peso, y opiniones a favor de esa decisión (tampoco es que necesitáramos de expertos en este sentido, pero bueno…).

Como decía, en estos momentos, es en los que debe aparecer alguien (con capacidad para influenciar) que diga que sí, que todo eso está muy bien, pero a ver si nos vamos espabilando, y hacemos algunos cambios (de los grandes) para obtener una conciliación real. Porque lo que tenemos - suscribiendo las palabras de Carolina del Olmo - no es más que una tomadura de pelo. Y que lo que está en juego son muchas cosas, y no sólo el rendimiento académico de los niños, también su bienestar general.

Imágenes | Ali Edwards, mosaic36
Más información | Consejo Escolar del Estado
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