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¿Aún no has perdido el miedo a la fiebre de tus niños?

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El objetivo del pediatra Juan A. Morales en una de sus recientes entradas de La consulta sin cita, es 'hacer que los padres dejen de temer la fiebre de sus hijos'. He pensado que este es un buen momento para que todos entendamos que la fiebre es un 'amigo fastidioso' que desaparece en cuestión de días, y con el que podemos aprender a convivir, en lugar de erradicarlo.

Ahora es cuando empezamos a relacionarnos con enfermedades que cursan con fiebre; y es que el inicio de las clases aumenta el contacto físico de los niños entre sí, también está el estrés que puede afectar a las defensas, y además ya falta menos tiempo para que empiece a refrescar. La fiebre es un síntoma que refleja la respuesta defensiva del cuerpo ante la presencia de un microorganismo extraño, de hecho el aumento de la temperatura, está destinado a destruir el virus o bacteria que la causa. Por lo tanto no es peligrosa, pero es que además, la temperatura que se alcance da igual (no es peor tener 40 º que 38º). Y es que realmente si hay una situación de peligro es debido a la causa de la fiebre (como puede ser en el caso de la bacteria causante de la meningitis, que puede llegar a causar una infección severa).

En los niños, la fiebre es un síntoma que casi siempre aparece a consecuencia de infecciones. En general, las infecciones más habituales que producen fiebre son causadas por virus, mientras que en la menor parte de los casos son causadas por bacterias. La diferencia es que los virus se curarán solos en pocos días, mientras que las bacterias necesitarán tratamiento antibiótico (casi) siempre. En niños menores de 3 años casi siempre la causa es un virus, mientras que después de los 3 años aumenta la proporción de infecciones por bacterias, aunque siguen predominando las causas víricas. Por suerte, la gran mayoría de estas infecciones son banales, lo que quiere decir que se curarán sin ningún problema en pocos días

¿Qué hacer cuando hay fiebre?

La primera recomendación puede ser difícil de conseguir, pero resulta muy necesaria: 'mantener la calma'. Lo más importante es su estado general, y ni siquiera hay que luchar por bajar la fiebre. Si el niño tiene fiebre pero está más o menos contento (dependiendo de las subidas y bajadas de temperatura), si el color de piel es el habitual y además respira bien, juega y come como es habitual en él, seguramente no tendrá nada grave. Es una actitud lógica esperar tranquilamente en casa un mínimo de 48 horas, porque como ya nos han dicho tantas veces en las consultas de urgencias, antes no se puede saber con certeza la causa de la fiebre, y además a partir de entonces probablemente el cuadro se solucione solo.

El autor de la entrada sostiene que 'si no hicieras nada, si no le dieras ningún medicamento a tu hijo durante la fiebre, su duración y evolución serían la misma que si le dieras alguno'.

La fiebre en general sigue un patrón claro y definido: en las primeras 24 / 48 horas es difícil de bajar, y si lo hace vuelve a subir, a partir de ese momento se puede espaciar en el tiempo y es más fácil de controlar, hacia el cuarto o quinto día desde el inicio de la enfermedad, no suele haber fiebre.

Sin embargo, hay motivos para consultar rápidamente al médico

  • Fiebre en un bebé de menos de 3 meses: aunque igual pueda tratarse de una causa banal, a esta corta edad los bebés no focalizan las infecciones como lo hace un bebé mayor. Además existe más riesgo de sepsis al tener un sistema inmunológico “más inmaduro” (por decirlo de alguna manera).

  • Mal estado general: un niño que aún cuando se le baje la temperatura, sigue muy decaído, apático o con llanto inconsolable. Mal color de la piel (palidez).

  • Aparición en la piel de manchas de color morado o violeta, o bien petequias (puntitos rojos en la piel, que al apretarlos no se “blanquean”).

  • Convulsiones.

  • Vómitos o diarrea intensos.

  • Dificultad para respirar.

¿Qué ocurre cuándo hay convulsiones?

Estas no suceden siempre que un niño tiene fiebre, aunque sí que se pueden presentar en niños a los que un cambio brusco de temperatura pueda producir una descarga eléctrica masiva de las neuronas de la corteza cerebral. Nadie puede conocer de antemano esta predisposición, en la práctica la frecuencia aumente en peques de entre 12 y 36 meses, y la responsabilidad será de la predisposición, no del cuadro febril. Es importante no confundir estas convulsiones con la epilepsia, porque no lo son, tampoco dejan secuelas neurológicas.

Sobre la medicación conviene recordar que la práctica de alternar antitérmicos no es adecuada porque no acorta la duración de la fiebre, nos reafirma la idea de bajar la temperatura, y además aumenta el riesgo de sobredosificación. La utilidad de estos medicamentos es disminuir molestias o malestar asociados a la fiebre, y para eso sí que son útiles.

Como aclara Juan el propio miedo de los padres puede ser más peligroso que la fiebre, pero siempre es por desconocimiento, por lo que vale la pena estar informados.

Imagen | MiikaS Fuente | La consulta sin cita En Peques y Más | Consejos de la AEPap para entender y tratar la fiebre, Cuidados sin fármacos en niños febriles, un libro de Carlos de Vilanova y Susi Vilela

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