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Cómo celebramos la Navidad en mi familia no creyente

Cómo celebramos la Navidad en mi familia no creyente
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Ayer hablamos de cómo y cuándo explicar a los niños la verdad acerca de la Navidad y al final os dejé una pincelada de cómo lo hacemos en mi casa. No quise extenderme porque para eso estoy hoy aquí, para daros una muestra de cómo celebramos la Navidad en mi familia no creyente y cómo tratamos el tema de las tradiciones y la "magia" de Papá Noel y los Reyes Magos.

En mi casa no tenemos belén

Hay muchas personas no creyentes que ponen belén en casa por tradición. En mi casa no. No, porque eso supondría tener que explicar a los niños quién es esa familia, y como no creemos que en realidad existiera, para nosotros no merecen estar ahí más que otros personajes de ficción que igual nos gustan más, nos caen mejor, ni más que personajes históricos que quizás sí hicieron algo importante y nadie les recuerda.

Pero sí tenemos árbol, con sus luces y adornos. Un árbol pequeño, iluminado en base a una tradición que se inició en Alemania en los hogares de clase alta, poniendo velas en los árboles, allá por el siglo XVIII. Cuando se inventó la bombilla, Edward H. Johnson, un inventor socio de Edison, decidió poner unas bombillas especiales en el árbol de Navidad de su empresa, en 1882, y décadas después empezó a extenderse su uso hasta nuestros días, y extendiendo la iluminación al hogar de cada uno. Vamos, que lo hacemos por tradición: árbol, algunas luces, alguna figura, motivos relacionados con Papá Noel y para de contar.

Comidas y cenas

El día de Navidad nos juntamos todos en casa de mis padres y celebramos la Navidad. Nos decimos Feliz Navidad, cuyo significado viene a ser el mismo que "pásalo bien estos días, que te vaya todo genial". El día 26, en casa mis suegros, otra comida. No celebramos la nochebuena de ninguna manera especial con el resto de familia (hace años sí, pero si nos vamos a ver el 25 y el 26, para qué?), así que hacemos una cenita en casa unos años más especial y otros años menos, según sean las ganas. Y el día 6 celebramos el día de Reyes en casa de mis suegros comiendo todos juntos de nuevo.

O sea, hay Papá Noel y hay Reyes, pero tan mágico es el gordinflón de la barba blanca y el traje rojo como mágicos son los Reyes, y si saben que vienen porque en su día le trajeron regalos al Niño Jesús lo sabrán por otros, porque nosotros no les explicamos esa historia, a menos que nos pregunten. Para nosotros, y para ellos, representan a la ilusión de dar algo a alguien a cambio de nada, que no tiene por qué ser algo material, sino tener un detalle, ser un poco mejor persona, regalar sin que importe demasiado el qué.

Su carta de Papá Noel y Reyes

Esto no es algo en lo que hayamos pensado, pero nuestros hijos no hacen carta. Unos años habían hecho, pero desde hace dos o tres años no. Les vamos preguntando un poco qué quieren y ellos mismos van seleccionando qué prefieren. Al final, unos días antes, les decimos a ver qué les hace más ilusión y este año todo ha quedado en una cosa el mayor, dos el mediano y el pequeño, bueno, lo quiere todo (todo lo que ve en la tele "¡yo lo quiero!"), así que se conformará con lo que sea.

Pero no les regalaremos una sola cosa. Hemos ido hablando estas últimas semanas y al regalo o regalos que han pedido añadiremos las cosas que nos hace ilusión regalarles o pensamos que pueden necesitar.

De magia y personajes inventados

En Cataluña tenemos al Tió, que es un tronco de madera sonriente al que, según la tradición, se le alimenta durante diciembre con restos de comida y fruta y, en nochebuena o Navidad, se le da con un palo cantando una canción para que cague turrón, chocolate, algún juguete, etc. Hay familias que solo hacen el Tió y es el que trae todos los regalos, pero en nuestro caso solo trae alguna cosilla pequeña, por hacer la gracia.

En Navidad viene Papá Noel y el día de Reyes, los tres magos, pero como expliqué ayer, ni les mentimos ni les decimos la verdad. Llevamos a cabo la tradición sin explicarles historias mágicas e imposibles. ¿Por qué? Pues porque no les queremos mentir y porque tampoco queremos luchar contra la tradición. Nos gusta que lo vivan con ilusión y además es muy difícil luchar contra lo que toda la sociedad ha creado. Por ejemplo, Guim tiene 3 años y no sé qué cree, pero ahora mismo me costaría trabajo convencerle de que Papá Noel no existe, ni los Reyes, y que somos los padres los que lo regalan todo. De hecho, probablemente no entendería mucho de lo que le explicara, así que le dejo que se haga él mismo la película que quiera y cuando me pregunte, le diremos la verdad.

Se la diremos como se la dijimos al mediano cuando a los 4 años preguntó si éramos los padres (normal, teniendo en cuenta que muy disimulados tampoco éramos). "¿Tú que crees Aran?". "Yo creo que sois vosotros porque nos preguntáis qué queremos para Navidad". "Pues sí, cariño, pero jugamos a que lo trae Papá Noel y los Reyes. Ah, y no se lo digas a ningún niño, que hay niños que creen que son ellos y se pondrían muy tristes si se lo dijeras". Hasta la fecha, dos años después, no tengo constancia de que haya dicho nada a nadie.

¿Que por qué lo hacemos así? Pues porque yo lo pasé muy mal cuando me dijeron la verdad. Pillé un cabreo de libro, y mira que yo no me enfado fácilmente. Fue tal el desengaño que me llevé que a pesar de la ilusión de cada año, el dolor me hizo sentirme decepcionado, sobre todo porque cuando tuve dudas me mintieron y me convencieron de nuevo de que todo era como me decían ellos.

Por eso y porque a Miriam nunca le mintieron tampoco. Ella me dijo que desde pequeños se ponían cosas en el árbol unos a otros y que recuerda esas Navidades con mucho cariño porque igual que los padres regalaban a sus dos hijas, ellas también regalaban para ellos cosas que pensaban y preparaban desde días y semanas antes. Me pareció tan bonito que quise también eso para mi familia.

Foto | iStock
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