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Top cinco de los juguetes más odiados por los padres

Top cinco de los juguetes más odiados por los padres
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Hay entre dos y tres días al año, mínimo, que los padres tenemos nuestros nervios a flor de piel y aunque parezca extraño, esta vez no es por culpa de nuestros retoños, sino de los adultos. Esos días son el cumpleaños, Navidad y el día de Reyes. Si, sé que muchos vais a decir que a vosotros os salen cien o doscientos, pero como estamos cerca de las Navidades nos vamos a quedar con estos tres. ¿Qué tienen en común? Pues muy sencillo, en los tres nuestros hijos reciben regalos. ¿Y qué pasa con los regalos? Pues que no siempre son de nuestro agrado y en algunos casos se que me quedo corto, ¿verdad?

Aquí os traigo mi selección, mi top ten de los juguetes más odiados por los padres.

Los hipopótamos tragabolas

hipopotamos

CLACK-CLACK, CLACK, CATACLAK, bola que se cae al suelo, CLACK, CLACK, jooo papaaaaaa esa bola era mía, CLACK, CLACK, CLACK, bola que se cae y va a parar debajo del sofá de tres cuerpos. CLACK, CLACK, CLACK, pelea al canto porque uno de los hermanos a movido una bola con la mano o le ha quitado una al otro o esto se está moviendo demasiado. Seguro que el que tenga la suerte de tener este juguete sabrá de qué hablo. Insufrible.

El elefante/hipopótamo/mono/(ponga el animal que quiera que seguro que lo hay) lanzabolas

Este juguete es el Top 1 de los peores juguetes que se pueden regalar, debería ser motivo suficiente para desheredar a alguien o por lo menos no volver a dirigirle la palabra en la vida. Este aparato infernal puede aparecer solo como un tubo lanzabolas que normalmente viene disfrazado de animal inocente de cara alegre, como elefantes, monos, algún batracio de ojos saltones, etc. Por supuesto, todo ello muy colorido para que no sospeches que lo que te están regalando es un genuino caballo de Troya. Por si fuera poco, puede venir acompañado por otro juguete gran amigo de los niños y de las jaquecas de los padres, el piano, con un número de teclas proporcional a la pasta que cueste, de grandes botones y montones de luces que pulsar.

¿En qué consiste el juego?

La teoría: uno lo pone a funcionar y el juguete empieza a lanzar bolas al ritmo de la música, estas entran en un circuito y vuelta a empezar. Alguna de ellas puede salirse del circuito, lo que ayuda a ejercitar la psicomotricidad gruesa, fina y hasta la de tamaño medio del bebé cuando salga corriendo detrás de la pelotas de colores para volver a meterlas en el redil.

La realidad: el tubo ese lanza el 90% de las bolas en una dirección aleatória con preferencia hacia zonas como: mesa de comedor con seis sillas, o debajo del sofá o la única zona de la habitación donde no hay nadie que pueda recoger la pelota y evitar que siga dando botes por toda la casa o también, la única zona de la habitación donde está el perro y sitios así.

Todo el ejercicio que hace tu hijo es el de levantamiento de brazo a media altura, colocando susodicha extremidad perpendicular al resto del cuerpo con estiramiento de dedo índice en la misma dirección que el brazo. En la mayoría de las ocasiones coincidirán con la dirección que ha tomado la bola, la que recogerás una media de 200 veces para que tu hijo la siga metiendo en el circuito y continúe la tortura. Porque mientras ocurre todo esto, al ritmo de una de esas melodías infantiles de letras tan curradas de no más de 7 palabras (para que el bebé pueda recordarlas y tú te pases la mañana en la oficina tarareándolas), de fondo se va a oír un CLACK cada vez que la catapulta lanza la bola y golpea con el freno y CLACK tras CLACK se va pasando la tarde, tu hijo riendo como un loco y tu deseando matar al ingeniero que lo diseñó.

Y ustedes se preguntarán, ¿por qué no lo prueban durante media hora para ver sus efectos en los adultos? Pues muy simple. Porque de momento, existen leyes que no permiten torturar a los empleados, pero no existe ninguna que impida torturar a un padre.

¿Cuando es aconsejable regalarlo? Cuando sea para niños mayores de 5 años que sean ellos los que vayan a por las bolas "voluntariamente".

Tambores

Todos sabemos para que sirve un tambor, ¿no? Tiene múltiples usos: Es un instrumento militar para marcar el paso de las columnas o el trabajo que se está realizando, sirve además para que todo el mundo sepa que andamos cerca o para poder entrar en un grupo de heavy metal. Todo muy de adultos, ¿verdad?

Bueno, entonces ¿por qué todo el mundo se empeña en regalar tambores a tus hijos? ¿Somos masoquistas? ¿Nadie se da cuenta que es un instinto natural el aporrear cosas? Encima hacemos que ese aporreamiento produzca sonido. Un tambor es el Vanhalla de los juguetes, saca los instintos más primitivos de nuestros hijos, esos que se grabaron en nuestros genes cuando teníamos que cazar la comida a base de golpearla con palos, con la atracción natural por todo aquello que haga ruido.

Y es que da lo mismo que el tambor desaparezca, porque están ¡las baquetas! Y es entonces cuando la casa entera y todo su contenido pasan a ser un tambor gigante, que no sabías que las cosas podían hacer tanto ruido hasta que aparece tu hijo con los palos del tambor.

Deberían vender media docena de tapones para los oídos con estos tipos de juguetes.

El Furby

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El Furby viene a ser la versión infantil de un gremlin, no te va a comer, pero va a estar tocándote las narices todo el día. Este juguete en el 90% de los casos es regalado por parejas sin hijos o con hijos que hace muchos años que ya saben hablar. Porque a ningún padre con hijos de edades entorno a los dos años se le ocurre regalar algo así, pues ya sabe de sobra lo que es tener en casa a alguien que no calla ni debajo del agua. ¿Pero alguien sabe qué es exactamente un Furbi? ¿Un búho con pelos, un gremlin desorejado, un extraterrestre como el que lo inventó? ¿Por qué no calla?

Plastilina

plasti

Mi juguete preferido, o como lo llamaba mi madre, "esa guarrería que está por todas partes". Para mí este juguete está en el top 5 de los más odiados y en el top 5 de los que un niño debería tener en su infancia. Es un no puedo vivir contigo pero tampoco sin ti. Prepárate para llegar a las reuniones con un pegote de plastilina amarilla en la suela del zapato o para tirarte media hora despegándola de la suela de las deportivas.

¡Que dilema ser padres! ¿Cuál es vuestro Top 5?

Fotos | davef3138, eliduke, mamaloco en Flickr

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