Cómo afecta el acoso escolar o bullying en la salud mental de los niños

Cómo afecta el acoso escolar o bullying en la salud mental de los niños
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El bullying es un tipo de violencia escolar (no el único) que se caracteriza por el uso de la violencia (física, sexual, verbal o exclusión social) de forma intencional, reiterada, valiéndose de una desigualdad de poder y que se produce entre pares o iguales, es decir, entre los propios estudiantes.

El día 2 de mayo se celebra el Día internacional contra el Acoso Escolar, un problema que está produciendo un gran impacto en el mundo. España ha tenido un crecimiento de bullying y ciberbullying, en los últimos cinco años.

Según datos ofrecidos por la ONG internacional Bullying Sin Fronteras para el ejercicio 2021/2022, existe un total de 11.229 casos en España, lo que supone un incremento del 20% respecto al pasado año.

Este tipo de agresión ha existido a lo largo de toda la historia, camuflada de normalidad, disfrazada en formas de juego o de entrenamiento para la vida adulta.

La progresiva expansión de la comunicación con el surgimiento de las redes sociales, así como el anonimato que éstas ofrecen, ha hecho que el acoso aumente, generando el ciberacoso o cyberbullying, afectando al menor no solo en el aula, sino en su funcionamiento general del día a día y prolongando sus consecuencias a lo largo de todo el ciclo vital.

Los expertos de la Clínica López Ibor y su equipo experto en salud mental infantojuvenil detallan las claves de un problema que va más allá de un problema adolescente. Es un problema social donde todos los implicados en este fenómeno pueden sufrir importantes consecuencias si no se toman  medidas de prevención e intervención eficaces.

“La gran importancia que presenta en la actualidad el acoso escolar no radica solo en su multicausalidad y, por tanto, en la dificultad de la prevención, sino en las consecuencias que esto produce a corto, medio, largo plazo, no solo a nivel individual, sino también social”. Detallan los expertos de la Clínica López Ibor.

Señales de alarma de que un niño puede estar sufriendo bullying

Existen ciertas señales que pueden alertarnos de que un menor está siendo acosado, como puede ser negarse a ir a la escuela, tener alteraciones alimentarias, venir del colegio con señales de agresiones, desarrollar conductas agresivas en otros contextos, negarse a hablar de lo que le ocurre, etc.

El acoso escolar no finaliza cuando concluye la etapa educativa. Sus consecuencias se prolongan durante toda la vida.

Consecuencias del acoso escolar

Bullying

Existen una gran variedad de consecuencias, muchas de ellas de gran gravedad, y no solo -por supuesto- para la víctima del acoso sino también para el agresor y para el observador.

Para la víctima

Para el agresor

También son graves las consecuencias que esta dinámica disfuncional producen para ellos. Algunas de las que se podrían destacar son:

  • Fracaso escolar
  • Asunción de rol del agresor
  • Pobre autoconcepto
  • Sentimientos de inferioridad
  • Depresión
  • Impulsividad
  • Dificultades de adaptación social y falta de afecto
  • Desconfianza
  • Problemas con la ley
  • Relaciones sociales disfuncionales
  • Falta de empatía
  • Conductas autolesivas
  • Entre todas ellas se produce una retroalimentación del rol de agresor, intensificando las conductas inadaptadas a su vez.

Para los observadores

  • Pérdida de empatía
  • Normalización de la violencia
  • Sentimientos de culpabilidad
  • Miedo
  • Sumisión

Consecuencias del acoso escolar o bullying a largo plazo

acoso-escolar

El acoso escolar no es algo que finalice cuando la etapa educativa concluye. Sus consecuencias se prolongan a lo largo de todo el ciclo vital, tanto en las personas que sufren el acoso como en aquellos que lo realizan, ocasionando dificultades en la adaptación de las nuevas etapas evolutivas y pudiendo derivar a marginalidad social y trastornos adaptativos.

Tanto acosadores como acosados pueden acabar desarrollando conductas delictivas, antisociales, vandalismo, robo, violencia, problemas de consumo de sustancias, problemas de agresividad, lo que perpetúa el círculo de las agresiones, convirtiendo a las víctimas en agresores.

Además, en las edades adultas pueden desarrollar trastornos mentales, como trastornos del estado de ánimo, trastornos de conducta, trastornos de personalidad y trastornos de conducta alimentaria entre otros.

El haber tenido un aprendizaje disfuncional en las relaciones interpersonales puede producir dificultades de relación social por un déficit de habilidades relacionales, relaciones de apegos inseguros y ambivalentes y desconfianza, entre otras cosas. Es importante saber que las personas que asumen el rol, tanto del acosador como el de la víctima, pueden reproducir dichas dinámicas en otras áreas futuras, como en el marco laboral o sentimental/familiar.” Señalan desde la Clínica LópezIbor.
El problema requiere de un marco de actuación multicausal, focalizando un cambio social y poniendo el foco en algo más que una relación lineal de la represión al agresor y la protección y empoderamiento de la víctima. Esto implica intervención familiar, cambios sociales, educativos, así como mirar a los agentes implicados más allá de sus conductas,” concluyen los expertos.
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