"¡No soy un chivato!": por qué debemos enseñar a los niños a denunciar el acoso escolar

"¡No soy un chivato!": por qué debemos enseñar a los niños a denunciar el acoso escolar
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"¡Tú calla, no seas chivato!", escuché el otro a un padre decirle a su hijo cuando este le contó que había visto a un niño insultar a otro. Por desgracia, esta y otras frases similares están a la orden del día incluso entre los propios niños, quienes muchas veces evitan contar cosas que ven por no cargar después con la etiqueta de "chivato" impuesta por sus compañeros.

Pero si queremos educar a nuestros hijos en la importancia de prevenir el acoso escolar es fundamental enseñarles a involucrarse y no mirar para otro lado. En este sentido, la denuncia ante un adulto de aquello que ven o saben no debería ser jamás obviada ni despreciada con este tipo de calificativos.

Queremos prevenir el acoso escolar, pero a menudo ignoramos a los niños

acoso escolar

"Mamá, hoy un niño se ha estado riendo de mi amiga en el recreo y ha hecho que llorara", me dijo un día mi hija pequeña. "Se lo he dicho a la profe, pero no me ha hecho caso", concluyó con un gesto de derrota.

"¡No pasa nada!" ; "son cosas de niños"; "¡no seas pesado!"; "no te metas, que la historia no va contigo"; "¡no seas chivato!", "tú a lo tuyo y que ya solucionen otros sus problemas"... ¿Cuántas veces habremos dicho alguna de estas frases a los niños cuando nos cuentan peleas o discusiones que presencian entre otros compañeros?

Y es que, lamentablemente, se nos llena la boca con la importancia de educar en la prevención frente al acoso escolar, pero todavía tenemos demasiado arraigadas las ideas de que denunciar es de "chivatos" o que las burlas, insultos o discusiones "son cosas de niños".

Es cierto que en la mayoría de las ocasiones estas situaciones no pasan a mayores. Los niños se pelean con frecuencia, pues mientras son pequeños carecen de las herramientas emocionales necesarias para solucionar sus conflictos de forma positiva y respetuosa.

Pero ignorar lo que nos cuentan conlleva un doble riesgo.

1) Para ellos NO es "ninguna tontería"

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Para empezar, cuando un niño acude a un adulto (profesores, cuidadores o padres) para contar algo que ha presenciado o una situación en la que se ha visto involucrado no podemos darle la espalda.

Para ese niño sí está pasando algo: se siente dolido por las burlas recibidas, le ha molestado la actitud de otro, le han quitado la pelota con la que estaba jugando, está preocupado por un compañero al que ha visto sufrir porque otro le insultaba...

En definitiva, para ese peque no es ninguna tontería lo ocurrido, a pesar de que los adultos lo veamos así desde nuestra perspectiva.

Por eso, si queremos que los niños crezcan preocupados por los demás, aprendan a solucionar sus conflictos con responsabilidad y autonomía, y tengan una buena gestión emocional, no podemos darles la espalda cuando acuden a nosotros en busca de ayuda.

2) Pero, ¿y si realmente está pasando algo?

Pero además del punto anterior debemos hacer un ejercicio de reflexión y preguntarnos qué pasaría si ese niño que está denunciando algo - y al que nosotros no prestamos atención por creer que "son cosas normales entre niños" - estuviera viviendo o presenciando un caso de acoso escolar.

Y es que el bullying tiene diversas manifestaciones y no siempre resulta evidente para todos. A veces, el acoso escolar es sutil y silencioso y se presenta en forma de ataques psicológicos, relacionales o sociales que solo unos pocos presencian o conocen.

Por ello es fundamental escuchar al niño que denuncia, no restar nunca importancia a lo que cuenta y tratar de averiguar qué puede estar pasando.

Información, concienciación, escucha y actuación

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Según los estudios, el acoso escolar afecta a 246 millones de alumnos en todo el mundo. Además, y en contra de lo que se suele creer, no es un problema exclusivo de la adolescencia, sino que ya comienza a fraguarse en la etapa de Infantil y tiene su mayor prevalencia en Primaria, en donde uno de cada 10 alumnos afirma haber sufrido bullying alguna vez.

Datos publicados por la Fundación ANAR y Mutua Madrileña señalan que el 35,5% de los alumnos son conscientes de la existencia de casos de acoso escolar en su entorno, siendo las agresiones más habituales los insultos o motes y agresiones físicas como empujones, collejas, escupitajos, golpes o patadas.

Pero a pesar de los datos, la Confederación Española de Asociaciones de Padres y Madres de Alumnado (CEAPA) asegura que solo uno de cada tres menores afectados se atreve a denunciar esta situación, por lo que es fundamental que padres y profesores animemos a los niños a hacerlo favoreciendo un entorno en el que puedan comunicarse libremente, sin etiquetas, juicios y sin menospreciar lo que nos cuentan.

Porque enseñar a los niños a identificar el acoso escolar y concienciar sobre la importancia de denunciar es necesario, pero de nada sirve si cuando lo hacen no tomamos en cuenta sus palabras y no actuamos en consecuencia.

Fotos | iStock

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