¿Mi hijo necesita ir al psicólogo? Cinco señales de que el niño necesita ayuda profesional

¿Mi hijo necesita ir al psicólogo? Cinco señales de que el niño necesita ayuda profesional
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¿Alguna vez has detectado algo en tu hijo que te ha llevado a valorar la posibilidad de acudir a un psicólogo infantil? Y sin embargo, ¿no tienes claro qué señales estarían indicando la necesidad de pedir ayuda profesional?

En este artículo te ayudamos a conocer un poco mejor la figura del psicólogo infantil y enumeramos una serie de señales en los niños que nos indicarían que quizás, sea el momento de pedir ayuda especializada.

Analizaremos también qué características tiene la intervención psicológica en la infancia y, además, al final del artículo hablaremos de factores de riesgo y de protección a la hora de desarrollar cualquier tipo de psicopatología en la infancia.

Psicología evolutiva y niñez

Las personas cambiamos mucho a lo largo de la vida; la psicología evolutiva se encarga de estudiar estos cambios en el comportamiento del ser humano. Una de las etapas especialmente frágil e importante es la etapa de la niñez.

En ella se dan un cúmulo de situaciones, como primeros vínculos, cambios en el propio cuerpo, búsqueda de la identidad, etc., que hacen que el niño, o el adolescente, esté en un momento sensible y vulnerable. Además, no olvidemos que ¡está en pleno desarrollo!

Una figura clave en la psicología evolutiva es la figura del psicólogo infantil. Pero, ¿qué hace exactamente un psicólogo infantil?

¿Qué es la psicología infantil?

La psicología infantil es una especialización dentro del ámbito de la psicología. Estudia el comportamiento del niño, desde su nacimiento hasta su adolescencia. Por otro lado, los psicólogos infantojuveniles abarcan el período desde la niñez hasta la juventud.

La psicología infantil es también una rama de la psicología centrada en la evolución de los diferentes aspectos del menor, a nivel: físico, motor, cognitivo, perceptivo, sensorial, afectivo y social.

¿Qué hace un psicólogo infantil?

Un psicólogo infantil realiza el proceso de evaluación, diagnóstico y tratamiento psicológico en la infancia. Entre sus funciones está la de analizar las irregularidades del desarrollo psíquico del menor, así como ofrecer estrategias para fomentar su bienestar, autonomía, autoestima...

Es un profesional que trabaja mucho con los padres y con la escuela; estos agentes (familia y educadores o maestros) actuarán muchos casos como co-terapeutas (también llamados paraprofesionales).

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Cinco señales de que el niño necesita ayuda profesional

¿Cómo saber si tu hijo necesita acudir a un psicólogo infantil? Hablamos de cinco señales de alerta esenciales:

1) Sus dificultades o problemas interfieren en su funcionamiento diario

Si el problema o la dificultad que está atravesando tu hijo (ya sea un período de apatía, de tristeza, de comportamientos disruptivos...) interfieren en su funcionamiento diario, es decir, en alguna área de su vida (ya sea el ámbito escolar, el ocio, las relaciones familiares...), es importante que valoréis la opción de pedir ayuda profesional.

En salud mental, generalmente, es este el punto clave, el "umbral" que nos hace pensar en un problema que requiera atención psicológica.

2) Presenta conductas anómalas que le generan malestar

Una conducta anómala en la infancia es aquella expresión conductual que se aleja de la generalidad, es decir, aquella que no le ocurre a la mayoría de los niños.

Por otro lado, muchas conductas anómalas llegan a ser desadaptativas para los niños, y además, les generan sufrimiento (ya sea a ellos mismos o a su entorno).

Se consideran cuatro parámetros en la definición de un comportamiento anómalo o desviado:

  • La intensidad o magnitud del comportamiento.
  • La frecuencia con la que aparece.
  • La duración a lo largo del tiempo.
  • El número de síntomas diferentes y su configuración.

Por ello, si detectas que tu hijo presenta algún tipo de conducta anómala (por ejemplo, tristeza excesiva, labilidad emocional, agitación intensa, aislamiento social...) será importante pedir ayuda profesional, porque las conductas anómalas o desadaptativas pueden ser una señal de alerta.

3) Ha habido un cambio importante en sus emociones o comportamientos

Un cambio importante en las emociones o comportamientos de tu hijo también podría ser una señal de alerta que nos lleve a considerar el hecho de pedir ayuda profesional.

Este cambio puede ser, por ejemplo: mayor angustia, irritabilidad, tristeza, agitación, inquietud... Y sobre todo, cuando nos es difícil determinar el origen o la causa de este cambio.

4) Manifiesta dificultades de adaptación

Las dificultades de adaptación también pueden ser una señal de alerta para pedir ayuda psicológica. Estas dificultades pueden darse en cualquier ámbito de su vida: en la escuela (una nueva etapa escolar, un cambio de ciclo...), por ejemplo, o ante un cambio importante en su vida.

En este caso, hablamos de cambios como la separación de los padres, la llegada de un hermano a la familia, una mudanza a una nueva ciudad, la muerte de un ser querido, etc.

Así que, si tu hijo experimenta dificultades persistentes para comprender esta nueva realidad, tolerarla, aceptarla o adaptarse a ella, con cambios de humor repentinos, irrtabilidad, tristeza excesiva o llanto descontrolado, por ejemplo, quizás sea hora de plantearse el hecho de pedir ayuda especializada.

5) Verbaliza que necesita ayuda

Si le preguntamos a nuestro hijo si quiere hablar con alguien que no seamos nosotros sobre lo que le preocupa, y nos comenta que sí, que quizás le gustaría hablarlo con otra persona, o directamente nos dice que le gustaría estar mejor, que no sabe cómo hacerlo, cómo gestionar sus emociones...

Entonces, es hora de valorar opciones y de ofrecerle esa ayuda que pide quizás de forma indirecta. Lógicamente, como padres o madres seguramente ya habremos hecho todo lo que esté en nuestra mano para ayudarlo.

Pero a veces es necesaria una ayuda especializada, de un profesional experto en psicología infantil y por lo tanto en psicología del desarrollo infantil.

Cómo debe ser la intervención terapéutica en la población infantojuvenil

Al trabajar con población infantil, es importante prestar atención a una serie de consideraciones que no son necesariamente relevantes en el abordaje de los pacientes adultos.

Así, la intervención terapéutica en la infancia presenta una serie de características propias; básicamente, hablamos de cuatro:

  • La intervención debe ser en relación a la demanda terapéutica (es decir, al motivo de consulta).
  • Deben tenerse en cuenta la influencia evolutiva (el momento evolutivo) en el origen del trastorno o problema.
  • Los padres y otros adultos significativos para el niño estarán implicados a distintos niveles durante el tratamiento (como colaboradores, proveedores de información, etc.).
  • La atención preferente será a comportamientos observables, sin dejar nunca de lado aquellos menos evidentes.
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Factores de riesgo y protección a la hora de desarrollar una psicopatología en la infancia

¿De qué depende que un niño acabe desarrollando una psicopatología (algún trastorno o problema que interfiera en su bienestar)? De muchos factores, aunque podemos desglosar al menos los factores generales de riesgo y protección.

Y es que las investigaciones en psicología infantil han podido identificar una serie de factores relacionados con el niño, su entorno familiar y comunidad, que se asocian con un mayor riesgo de desarrollar psicopatología infantil o problemáticas que requieran atención psicológica.

También, señales que se relacionan con una protección ante todo esto (factores protectores). Vamos a conocer todos estos factores:

Factores de riesgo

  • Situaciones estresantes agudas
  • Pobreza, déficits graves en los cuidados recibidos
  • Psicopatología de los padres
  • Muerte de un familiar
  • Desastres en la comunidad
  • No tener un techo
  • Descomposición de la familia o falta de estructura familiar
  • Estrés perinatal

Factores de protección

  • Temperamento fácil
  • Estrategias de afrontamiento que combinan autonomía con búsqueda de ayuda
  • Inteligencia alta y logros académicos
  • Comunicación eficaz
  • Habilidades de resolución de problemas
  • Autoestima positiva
  • Elevada autoeficacia
  • Relación positiva con al menos un adultos significativo
  • Educación positiva
  • Ambiente escolar eficaz
  • Disponibilidad de recursos
  • Un talento o afición valorado por adultos o iguales
  • Creencias religiosas
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