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La muerte: explicaciones por edades

La muerte: explicaciones por edades
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Una de las ideas más difíciles de asimilar por los niños pequeños y más complicada también de explicar es la muerte. La muerte inevitable, la muerte como madre de la vida, como necesaria y parte de el milagro de la existencia física, la muerte como ausencia y como definitiva despedida de la vida del cuerpo y para algunas personas, como paso hacia otra vida diferente.

Lo primero para lo que los niños no están preparados es para la ausencia de las personas de las que dependen, y lo único que podemos ofrecerles es, mientras estemos vivos, seguridad, confianza y presencia consciente.

Si estamos con ellos, aceptándolos y acompañándolos, su confianza en la vida, en nosotros y en ellos mismos tendrá unas bases sólidas. Cuanto mayor sera el apego sano y seguro, mayor será la capacidad del niño para crecer emocionalmente.

Los padres deben ayudar a niños a percibir muerte como algo natural e inevitable. Dentro de lo que cada niño pueda comprender, no hay que mentirles jamás y hay que saber transmitirles que la muerte es permanente, que quien muere no va regresar a su vida en carne y hueso nunca más, aunque resulta muy doloroso para ellos y para nosotros. Que no seamos honestos no va a servirles de nada.

La muerte: explicaciones por edades

Antes de los dos añitos la muerte es incomprensible. Los niños perciben las emociones de los que les rodean y reaccionará a ellas, más que a la pérdida o la ausencia de la persona fallecida, aunque, si se trata de sus padres o de personas que los han cuidado durante su corta vida, obviamente van a sufrir y los van a necesitar.

Si una de sus figuras de apego, especialmente si es su madre, permanece a su lado y les transmite cariño y seguridad, podrán superar la ausencia. Hablar de ella es inevitable, pero tampoco podemos dar más explicaciones que las que el niño pequeño puede cognitivamente asimilar. El amor y la serenidad son el mejor lenguaje para ellos.

Desde los dos hasta los cinco años la percepción de la muerte del niño no es exacta. Comprende el concepto de muerte pero se resiste a entenderla como algo definitivo, más bien la ve como la caida de las hojas o el paso de las estaciones.

Controlando nuestras emociones, para no transmitirles desesperación, si puden entender y compartir la pena. Incluso es bueno para ellos asumir que están tristes, hablar de ello, llorar con nosotros y expresar sus temores.

Aunque sea habitual que pasen una fase de negación, es papel de sus padres no dejar que se escondan de sus sentimientos y es bueno ayudarlos a dejarlos brotar, explicándoles la naturaleza irreversible de la muerte de la persona ausente.

A partir de los cinco años el desarrollo cognitivo del niño es mayor y es capaz de entender la muerte. Sin embargo sigue teniendo una potente imaginación y sentimientos muy intensos, incluso pueden sentirse culpables por la muerte de alguien cercano si estaban enfadados.

Tampoco será extraño que se horrorice al desear que el muerto fuera otro, alguien a quien ellos quisieran menos. Nuestro papel es acompañar estos sentimientos negativos y hacerles ver que no fueron culpables ni es malo que deseen que otro se hubiera ido en vez de quien tanto amamban.

Explicar nuestras creencias sobre la muerte

En estas edades, las personas que tenemos creencias sobre una vida tras la muerte, podemos explicárselas, aunque, yo creo que siempre desde la verdad, lo que creemos no es lo que todo el mundo cree.

Incluso para quienes tengan una firme convición religiosa, el educar en esa creencia pero también transmitiendo al hijo, desde pequeño, que será amado igual si no comparte nuestra religiosidad o iglesia.

Igualmente, quienes creen que desaparecemos completamente cuando el cuerpo muere tienen que ser capaces de explicarlo sin metirles, aunque, sin duda, hay que hacerlo con delicadeza y transmitiendo siempre que el amor que sentimos por la persona ausente la mantiene presente en nuestra memoria.

Quizá merece mención aparte las personas que aseguran tener experiencias de contactos espirituales con quienes han fallecido, sea habitual o puntualmente. Hay que ser honestos también y hablar con los niños de esas percepciones, con respeto hacia otras formas de entender la realidad.

Comencé hablando de preguntas incómodas sobre la muerte pero me he encontrado con que, la muerte, en la experiencia de los niños, a veces no es una simple pregunta, a veces es muy real y cercana. Estar preparados para explicarles, por edades y según nuestras creencias, que es la muerte y que viene tras ella, es importante.

En Bebés y más | Hablar a los niños sobre la muerte, Cómo hablar a los niños sobre la muerte

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