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Subir con un bebé a la Torre Eiffel

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Tuvimos la suerte de conocer la experiencia de nuestra compañera Elda viajando por París con su niño y su bebé, y hace una semana también fui a la ciudad de la luz con mi bebé de 6 meses. Ya había estado en otras dos ocasiones en París, pero esta vez se imponía un nuevo objetivo: subir a lo más alto de la Torre Eiffel.

Los ascensores de la Torre Eiffel son muy amplios (de 2 pisos) y admiten carritos de bebé. Eso sí, los cochecitos tienen que ser plegables (sean en una pieza o en dos, si se pliegan las patas está bien). Si no, no permiten la entrada. Hay que asegurarse bien de esta cuestión antes, no vayamos a estar haciendo cola inútilmente.

También hay que valorar la cantidad de fila que debemos guardar. En otras ocasiones he visto colas inmensas de no menos de hora y media de espera. En este caso tuvimos suerte y no había más de media hora en la base (subimos por el Pilar Oeste). Y tener en cuenta que en el segundo nivel haremos un cambio de ascensor, para lo cual hay que esperar de nuevo formando otra fila, y subir unas estrechas escaleras de caracol si hemos accedido en el primer piso del primer ascensor.

Esta fue una sorpresa no demasiado agradable, ya que tuvimos que desmontar el carrito y subirlo por piezas y el bebé en brazos. ¡Menos mal que éramos mucha familia! Si no, no me cabe duda que alguien me hubiera ayudado. En este caso la fila para acceder al último ascensor era mucho más estrecha e incluso el carrito tenía difícil doblar en los zig-zag que la ordenan.

Fue al finalizar esta segunda cola cuando hay que desmontar y plegar el carrito de nuevo para pasar el último control y al ascensor que nos llevará a lo alto, éste sí, de dimensiones más reducidas. Por suerte, después de esperar tanta cola, al llegar al último nivel existe un pequeño espacio resguardado con vistas increíbles a la ciudad, y unos pequeños asientos en los que aproveché para dar de comer a mi bebé.

Sólo subiendo las últimas escaleras se está al aire libre (eso sí, hay una reja que impide asomarse), pero como hacía tanto viento tuvimos que turnarnos para dejar al bebé a buen resguardo.

Al final, vale la pena no echarse atrás por esos pequeños inconvenientes con el cochecito y las estrecheces y si los pequeños son tranquilos, la espera no se hará larga. A Mar pareció gustarle asomarse, muy sonriente, tras los cristales para ver la ciudad de la luz, y por supuesto, los mayores también lo disfrutamos. Guardamos fotos inolvidables del momento, y seguro que quedará en nuestra memoria como un bello recuerdo, y así se lo transmitiremos a la pequeña.

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