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El triunfo de Pocoyó: una gran idea que tuvo comienzos difíciles

El triunfo de Pocoyó: una gran idea que tuvo comienzos difíciles
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¿Conoces de dónde proviene el nombre "Pocoyó"? Resulta que está sacado de la peculiar manera en que la hija de su creador, David Cantoya, decía su oración antes de dormir: "Jesusito de mi vida, eres niño poco yo". De ésta y de otras curiosidades y claves de la serie infantil de moda nos podremos enterar estos días, ya que se ha estrenado en La 2 de TVE la nueva temporada de la serie.

Una de las claves del éxito de los pequeños personajes es la supervisión de contenidos de expertos psicólogos y educadores que revisan los guiones. El éxito de la serie es tal, que triunfa no sólo en el Reino Unido o España, sino también en países tan alejados y tan distintos como Sudáfrica, Japón, Estados Unidos, Alemania, Corea o Australia.

Sin duda el aparato de promoción y comercial que la serie tiene detrás ayuda, y mucho, pero tuvieron que empezar de cero y esos inicios no fueron nada fáciles. Dudo que hubieran llegado a este nivel de éxito si no tuvieran mucho y bueno que ofrecer.

Recuerdo una entrevista que escuché hace cerca de un año por la radio y que fue la primera vez que oí hablar de Pocoyó. Sus creadores afirmaban que su serie, en sus inicios, se rechazó en España porque no confiaban en el éxito de esos dibujos tan sencillos. Fue en el Reino Unido donde despegarían.

Y es que, pensé después de conocer a Pocoyó de primera mano, ¡vaya error cometieron aquellos primeros distribuidores que rechazaron los dibujos! Porque sí, los dibujos son sencillos, pero tal vez confundieron sencillez con simplicidad. Y las animaciones de Pocoyó no son simples. Veamos por qué considero que son unos dibujos estupendos para los niños y niñas.

Cada episodio de Pocoyó tiene una duración idónea para los pequeños a los que va dirigido, de entre 1 y 4 años. Así consiguen captar todo su interés y que la atención no disminuya ni se pierda con historias enrevesadas o secundarias. Pocos conceptos, pero claros. Además, intentan transmitir algún valor importante para los pequeños. La amistad, el valor del esfuerzo, el aprender divirtiéndose, la creatividad, el juego, el trabajo en equipo... En un mundo de mayores en los que priman otros valores muy distintos y efímeros, lo que nos enseña Pocoyó cobra una relevancia especial.

Los personajes, de trazos sencillos pero divertidos y coloridos, son pocos y a la vez variados. La diversidad en las pantallas se agradece porque dentro de unos años probablemente lo que miren nuestros hijos sean calcos de un mismo modelo de adolescente en series y programas de televisión. En Pocoyó conviven de la manera más natural personajes muy diferentes.

Tenemos como personajes principales al niño, el pequeño Pocoyó, Pato, Elly la elefante, la perra Loula y Pajaroto (Pájaro Dormilón en Latinoamércia), cada uno con su personalidad y rasgos característicos fácilmente identificables por los pequeños. Tiernos, ingeniosos, cascarrabias, graciosos, juguetones, forman un abanico estupendo para aprender y enseñar algo en cada episodio.

Junto a ellos, como otro personaje más y de vital improtancia para el desarrollo de la acción aparece la voz del narrador que va "comentando la jugada", hablándoles a los personajes y haciendo preguntas. Otros personajes secundarios que hacen que la acción no se agote son Pajarito (Pájaro Bebé en Hispanoamérica), Ballena, Pulpo, Extraterrestre, Flor Musical, Orquesta Pelota...

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La sencillez de los dibujos, con un fondo neutro, hace que se centre la atención en los personajes, y además se agradece que no haya flashes ni cambios bruscos de perspectivas como estamos habituados a ver en otros dibujos dirigidos a niños más mayorcitos... Son dibújos "fáciles" de contemplar, que transmiten cierta tranquilidad y sosiego.

Un factor fundamental para su éxito entre los pequeños y que me parece sumamente acertado es la continua búsqueda de la complicidad de la audiencia.

Los pequeños espectadores se sienten partícipes de la acción que transcurre en pantalla, porque se les hace preguntas sobre lo que sucede, a lo que ellos, encantados, responderán junto a un coro de niños que se oye en los dibujos. Da gusto que tomen a los pequeños como lo que son, grandes sabios con mucho que aprender y que ofrecer.

Con todos estos alicientes, que dan cuenta del trabajo que hay detrás de los dibujos, queda claro por qué el pequeño Pocoyó cautiva a miles de niños por todo el mundo... y no tan niños. Aquellos primeros que rechazaron la propuesta aún se deben de estar lamentando.

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