
Los niños pequeños se adaptan muy fácilmente a las nuevas situaciones. Son muy flexibles, es cierto, pero eso no impide que se sientan sensiblemente afectados cuando un niño se separa de su mejor amigo.
Los niños tienen mucha facilidad para hacer amigos. Al compartir juegos, se estrechan las relaciones entre ellos, y muchas veces las amistades de la infancia quedan grabadas a fuego. Pero, ¿qué sucede cuando ese amiguito con el que jugaba a diario en el parque, en la guardería o su vecino, al que tanto adoraba, se va?
Por circunstancias de la vida, los padres tomamos decisiones que también afectan a nuestros hijos como es el cambio de escuela o de domicilio, provocando que pierdan amigos que pueden haber significado mucho para ellos.
De un día para otro, los amigos se alejan y dejan de verse. Esa pérdida, desde luego, tiene un impacto en la vida de los dos niños.









Es un verdadero placer levantarse un domingo por la mañana y leer en el periódico un artículo como este que aparece hoy en El País. Las implicaciones de las hormonas en el comportamiento humano, especialmente en el vínculo de apego madre-hijo son cada vez mas estudiadas. Y gracias a artículos como este tienen la oportunidad de ser conocidas por el gran público.