
Todo nuestro entorno está lleno de marcas: las tiendas, los anuncios, nosotros mismos y las personas que nos rodean… Un bolígrafo, un ordenador, unas zapatillas deportivas… Las tiendas de equipación para peques y de material escolar están llenas de marcas, y de los personajes infantiles más populares.
Detrás de Bob Esponja, de Hello Kitty, de Spiderman, de las princesas de Disney… hay marcas que hacen que los productos tengan un “caché”, un precio más elevado que el mismo producto sin marca, sin personaje popular.
Yo quiero pensar que si a un niño no se le compran materiales o ropas de marca, y se le explica por qué, no llegará el momento en que quieran esa marca sí o sí, ni siquiera porque está de moda y es lo que llevan todos sus amiguitos. Entenderá que no es importante (a no ser que se trate de una cuestión de calidad, pero esto no siempre sucede).
Las asociaciones de consumidores calculan que los productos “blancos” pueden abaratar un 30% el gasto por cada niño que va a la escuela. Si multiplicamos por hijos y por años escolarizados… podemos calcular la fortuna en ahorro.



Mirad la marca que le ha quedado a un niño inglés de 3 años por una reacción a un tatuaje temporal que se ha hecho estando de vacaciones en Benidorm.


