Las expectativas que depositamos los padres en los hijos son nuestras, y ellos no tienen por qué cumplirlas

Las expectativas que depositamos los padres en los hijos son nuestras, y ellos no tienen por qué cumplirlas
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¿Es bueno depositar expectativas en los niños? ¿Es normal tenerlas? ¿Hasta qué punto?

Es perfectamente normal que, como padres, nos creemos ciertas expectativas en relación a la crianza y al desarrollo de nuestros hijos. Es inevitable "esperar" algo de ellos.

Esto se debe a nuestras propias experiencias, al crecer lo que entendemos como bueno o malo e incluso lo que nos hubiese gustado que fuera diferente.

Esas ideas preconcebidas de cómo deben ser nuestros hijos, en muchas ocasiones difieren de la realidad, y es justo entonces cuando las expectativas pueden generar conflictos tanto para ellos como para nosotros.

Así, aunque es normal tener expectativas, es importante que las revisemos, ya que son nuestras expectativas, no lo que ellos están destinados a hacer por nosotros (es decir, no tienen por qué cumplirlas; es importante separar esto).

Nuestra única expectativa debería ser su felicidad, aunque no es fácil no esperar nada de nuestros hijos. Reflexionamos sobre todo ello.

“Nunca deberías tener expectativas con respecto a los demás. Simplemente sé bondadoso con ellos.”
-Pema Chödron-

¿Es bueno depositar expectativas en los niños?

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Cuando creamos expectativas en nuestra mente acerca de cómo serán o cómo deben ser nuestros hijos, esto puede limitar su desarrollo.

Y es que, puede ser que nuestro hijo no cumpla con lo que esperamos de él (es importante cuestionase: ¿debe hacerlo?), y entonces lleguemos a sentirnos muy frustrados por ello.

La presión por encajar o por no defraudar

Además, también puede ser perjudicial para nuestros pequeños el cargarlos con presiones de tener que cumplir con unos estándares para los cuales puede que no estén preparados. Pueden crecer con la idea equivocada de que no pueden decepcionarnos (niños con miedo a defraudar).

Incluso, puede ser mucho peor aún, que logremos cercenar su progreso y sus habilidades, pues no se corresponden a lo que esperamos.

Por ejemplo: si yo fui un excelente alumno de ciencias, deseo que mi hijo sea mucho mejor que yo y pongo todas mis expectativas en que sea un buen científico, pero resulta que a él lo que le gusta (y además es muy bueno en ello) es la pintura.

Si me cierro en lo que espero y/o deseo de mi hijo y no le dejo desarrollarse en la pintura, estaría desperdiciando su talento, además de que podemos, sin quererlo o darnos cuenta, generarle frustración y dificultar que pueda ser feliz.

“No pidas a nadie que sea lo que no es. No pidas o esperes de una persona lo que ésta no puede dar.”
-Norman Vincent Peale-

Exceso de expectativas: el peligro de la ansiedad

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Otra de las consecuencias negativas que pueden tener las expectativas en los niños es crearles una extrema presión por tener que cumplir con lo que esperamos de ellos. Esto puede llegar a ser muy complicado para los niños, creándoles mucho malestar.

Todo esto es un factor generador de estrés y ansiedad, que si no es tratado a tiempo, puede llegar a afectar seriamente la salud mental y emocional de los más pequeños.

Un niño que se sienta muy presionado por cumplir las expectativas de mamá o papá, puede llegar a desarrollar trastornos relacionados a la ansiedad.

Esto no solo afectaría a los niños en su sano desarrollo durante la infancia y adolescencia, sino que además, tendría un serio impacto (negativo en la mayoría de los casos) en su vida adulta, sintiendo siempre presión y buscando un perfeccionismo inalcanzable.

Adolescencia y expectativas

Cuando nuestros hijos crecen y entran en la etapa de la adolescencia, el panorama es mucho más complejo. En esta época los jóvenes suelen comenzar a poner a prueba a sus padres para saber cuáles son sus límites, al mismo tiempo que comienzan a indagar y a descubrir quiénes son, qué les gusta y qué no.

Es entonces cuando vemos que nuestros hijos comienzan a buscar un camino muchas veces diferente al que queríamos que siguieran, y eso puede ser un factor generador de mucho estrés para los padres.

La importancia de confiar y respetar

Sin embargo, a pesar de que pueda ser difícil para los padres ver que nuestros hijos toman las riendas de su vida y deciden apostar por rumbos diferentes a los que nosotros queríamos, es importante siempre respetarlos y confiar en ellos (porque eso favorecerá también que confíen en ti).

Acompañarlos desde otro lugar (aconsejando pero respetando su espacio y sus decisiones), y confiando también en que ellos también pueden escoger bien.

Y sobre todo, recordar que son seres independientes de nosotros y que son perfectamente capaces de poder vivir sus propias vidas.

Los límites y las normas también importan

Es entonces nuestro deber como padres, ser sus guías, y claro está, muchas veces jugar el papel de ‘policía malo’, a la hora de poner límites y normas. Pero es muy importante permitirles crecer y desarrollarse en lo que ellos quieran.

Entonces, ¿es malo tener expectativas?

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Las expectativas, como ya hemos mencionado, pueden ser limitantes. Muchas veces no nos permiten poder vivir y experimentar el crecimiento y desarrollo de nuestros hijos en su totalidad.

Además, si depositamos en ellos expectativas poco realistas o que no se ajustan a quienes son o a lo que desean hacer, pueden ser muy frustrantes, generar mucha ansiedad y estrés e incluso afectar seriamente su autoestima y autopercepción.

A su vez, todo ello genera graves conflictos de carácter emocional que pueden incidir en su salud mental.

Expectativas realistas y ajustadas

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En conclusión, no está mal tener ciertas expectativas sobre nuestros hijos (¡y es algo normal!), lo importante es que éstas sean realistas y que podamos revisarlas y ajustarlas.

En definitiva, que como sus padres, seamos capaces de ser flexibles para adaptarnos a la realidad según se vayan presentando los acontecimientos.

Y lo más importante aún es ser conscientes de que no importa si nuestros hijos crecen y cumplen o no con lo que esperábamos y soñábamos que lograran.

La importancia de reconocerlos como seres independientes y libres

Son seres humanos independientes de nosotros que tienen sus propias vidas, pensamientos, emociones y gustos, y debemos respetarlos; y aunque los queramos más que a nada en el mundo, no nos pertenecen.

No olvides además demostrarles siempre todo el amor que les tienes, pero desde el acompañamiento, la escucha y el diálogo, nunca desde la imposición.

“La expectativa de felicidad es más intensa que la propia felicidad, pero el dolor de una derrota consumada supera siempre la intensidad prevista en sus peores cálculos.”
Almudena Grandes

Fotos | Portada (freepik)

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