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Virus respiratorio sincitial: qué es y cómo afecta a los bebés
Salud infantil

Virus respiratorio sincitial: qué es y cómo afecta a los bebés

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El virus resiratorio sincitial (VRS) es un virus altamente contagioso y que con mayor frecuencia provoca neumonías y bronquiolitis a cualquier edad, pudiendo ocasionar complicaciones en niños menores de dos años (sobre todo en bebés) y ancianos.

Hoy te contamos todo lo que deberías saber acerca de este virus respiratorio, los síntomas que presenta, su forma de contagio y las medidas preventivas que podemos tomar para evitar que nuestros hijos enfermen.

El virus responsable de la bronquiolitis

Este virus respiratorio pertenece a la familia de los Paramixovirus (a la que también pertenecen los virus del sarampión y de la parotiditis), y puede provocar infecciones en las vías respiratorias altas y bajas, siendo causa común de bronquiolitis y neumonías especialmente en bebés y niños de corta edad.

Tiene un marcado carácter estacional, y en los países del hemisferio norte se presenta sobre todo en los meses de invierno, entre principios de noviembre y mediados de febrero.

Según datos de la Asociación Española de Pediatría, se estima que en nuestro país las infecciones por VRS causan anualmente entre 15.000 y 20.000 visitas pediátricas a urgencias, y de 7.000 a 14.000 hospitalizaciones. Además, cifra entre 70 y 250 el número de niños fallecidos al año por este virus.

¿Cómo se contagia el VRS?

VRS
El VRS es un virus altamente contagioso ya que puede sobrevivir en superficies no porosas hasta siete horas, siendo responsable de grandes epidemias, especialmente en colegios y guarderías.

Cuando el contagio se produce en lactantes que no van a guardería, lo habitual es que el virus haya sido llevado a casa por los hermanos mayores, tras haber entrado en contacto con él en su respectivo centro escolar.

La vía de contagio es a través de las secreciones nasofaríngeas de los individuos infectados, es decir, mediante las gotas de saliva que la persona enferma transmite al hablar, toser o estornudar.

Como en la mayoría de los casos, la puerta de entrada de este virus es la conjuntiva ocular y la mucosa nasal y oral, por lo que el contagio también puede producirse a través de las manos o al tocar objetos contaminados (por ejemplo, llaves de la luz, pomos de la puerta, juguetes, superficies...).

El virus tarda en eliminarse a través de las secreciones de los pacientes entre tres y ocho días, o entre tres y cuatro semanas en el caso de los lactantes, lo que le hace altamente contagioso. No en vano, según los expertos, más del 95 por ciento de niños menores de dos años ha contraído el VRS alguna vez.

¿Qué síntomas produce?

En niños mayores y adultos sanos la infección por VRS puede llegar a ser incluso asintomática, o presentar tan sólo leves síntomas catarrales, como dolor de cabeza, congestión nasal y tos. Sin embargo, en bebés y niños muy pequeños, así como en personas inmunodeprimidas, la infección puede llegar a ser muy grave.

Entre los síntomas de infección por VRS en bebés, destacan:

  • Fiebre
  • Sibilancias, episodios de apnea o dificultad para respirar (tiraje intercostal, aleteo nasal, respiración rápida o agitada)
  • Pérdida de apetito
  • Letargo e inactividad
  • Síntomas catarrales como tos, moqueo y congestión nasal

Como comentábamos al inicio, el virus VRS es responsable del 50 por ciento de las bronquiolitis en los menores de un año, y del 25 por ciento de las neumonías. Además, puede ser especialmente grave en niños con antecedentes alérgicos, problemas respiratorios, bebés prematuros, niños con cardiopatías congénitas y niños con Síndrome de Down.

¿Existe relación entre el VRS y el desarrollo futuro de asma?

Según algunos estudios, los lactantes que han padecido cuadros de bronquiolitis por culpa del virus VRS, presentan tres veces más de probabilidades de padecer asma en un futuro, que el resto de niños.

¿Cómo se diagnostica el VRS?

VRS

Los pediatras suelen diagnosticar una infección por VRS analizando los antecedentes médicos del paciente y haciéndole una exploración física, aunque en general, en niños sanos no es necesario distinguir entre una infección por VRS o un resfriado común.

Sin embargo, en los grupos de riesgo o en lactantes menores de seis meses sí puede ser necesario tener un diagnóstico específico, que se puede obtener con el análisis de las secreciones nasales recogidas con bastoncillos de algodón o a través de la succión de gomas introducidas en la nariz.

¿Qué tratamiento reciben los pacientes infectados por VRS?

Al tratarse de un virus, el VRS no se cura mediante el uso de antibióticos. En la mayoría de los casos son suficientes los lavados nasales con suero fisiológico, las medidas posturales a la hora de dormir que ayuden a despejar las vías respiratorias, y el tratamiento analgésico para mejorar los síntomas y hacer que el paciente se encuentre mejor.

Sin embargo, en función de la gravedad del caso, la edad del niño y su historial médico, pueden ser necesarias otras medidas que pasarían por:

  • Ingreso hospitalario, especialmente en lactantes o niños con alguna patología
  • Suero intravenoso, para evitar una posible deshidratación si el niño deja de comer y beber
  • Oxígeno suplementario, si la saturación es baja
  • Fármacos específicos que ayuden a combatir los problemas respiratorios

¿Hay vacuna contra el VRS?

Según hemos comentado en alguna ocasión, la comunidad científica lleva tiempo buscando desarrollar vacunas que disminuyan el número infecciones por VRS en niños.

Una de estas vacunas, que aún se encuentra en la primera fase de desarrollo, estaría orientada a los bebés, mientras que la otra se administraría a las mujeres embarazadas en el último trimestre de la gestación, con el fin de crear anticuerpos en la mujer que protejan al bebé durante los primeros meses.

Según vimos hace unos días, esta última vacuna es la más desarrollada actualmente, y podría estar disponible muy pronto.

Medidas preventivas frente al VRS

medidas preventivas frente VRS

Dada la agresividad de este virus y la forma tan rápida y fácil con la que se propaga, la prevención es muy difícil, pero siempre podemos minimizar riesgos si llevamos a cabo las siguientes recomendaciones:

  • Lavarnos las manos con frecuencia y de forma correcta, así como inculcar a los niños este hábito preventivo. Debemos ser especialmente cautos con la higiene si estamos enfermos o al cuidado de personas enfermas.

  • Si tienes un bebé o un niño de corta edad, evita su contacto cercano con personas enfermas, y si hay hermanos mayores con síntomas catarrales procura que no besen al bebé o compartan utensilios como vasos, tazas o cubiertos.

  • Si presentas síntomas catarrales, cúbrete la nariz y boca cuando tosas o estornudes con el antebrazo o pañuelos desechables. Recuerda deshacerte después del pañuelo y lavarte bien las manos.

Fotos | iStock

Más información | Centro para el control y prevención de enfermedades, Asociación Española de Pediatría

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