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La hernia inguinal: por qué mi bebé tiene un bulto en la ingle y cómo se soluciona este problema congénito

La hernia inguinal: por qué mi bebé tiene un bulto en la ingle y cómo se soluciona este problema congénito
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La hernia inguinal en el bebé se produce cuando una parte del intestino sobresale a través de la pared abdominal, debido a que el conducto peritoneo-vaginal (presente tanto en niñas como en niños) no se ha cerrado correctamente antes del nacimiento.

Según la Asociación Española de Pediatría, esta anomalidad afecta entre 1 y 4 bebés de cada 100, con una incidencia seis veces superior en niños que en niñas. También es más habitual en los prematuros, ya que el cierre natural del conducto tiene lugar en la última etapa de gestación.

Te explicamos por qué se produce la hernia inguinal, qué síntomas presenta y cómo se soluciona este defecto congénito en el bebé.

¿Por qué se produce la hernia inguinal?

hernia inguinal Vía Stanford Childrens.org

La hernia inguinal se produce durante el desarrollo del feto dentro del útero de la madre, cuando un conducto llamado peritoneo-vaginal no se cierra correctamente, dejando una abertura que va desde la barriga hasta el canal inguinal.

En el caso de los varones, a partir del séptimo mes de embarazo los testículos comienzan a descender desde el abdomen hasta las bolsas escrotales a través de este conducto, que finaliza en el escroto. En el caso de las niñas, este conducto finaliza en los labios mayores.

Lo habitual es que el conducto peritoneo-vaginal se cierre antes del nacimiento, pero cuando esto no sucede puede sobresalir líquido, parte del intestino o incluso un ovario en el caso de las niñas.

Como decíamos al inicio, se da con más frecuencia en niños que en niñas, y en el caso de los bebés prematuros la incidencia llega a estar entre el 16-25%.

¿Qué síntomas produce?

Por lo general, la hernia inguinal no produce ningún síntoma y se detecta en las primeras exploraciones que se le hacen al recién nacido y al bebé durante sus primeros meses de vida. Sin embargo, a veces el diagnóstico puede llegar algo más tarde, pues la hernia inguinal desaparece cuando el bebé está relajado y aparece en momentos en los que el niño está haciendo algún esfuerzo (como llorar, hacer caca, toser, realizar movimientos que aumentan la presión del abdomen...)

La hernia inguinal se percibe como un bulto en una de las dos ingles del bebé, que puede extenderse hacia los testículos en el caso de los niños, o hacia los labios mayores en el caso de las niñas.

Complicaciones asociadas

Existe una complicación asociada a la hernia inguinal llamada "hernia incarcerada", que requiere de atención médica urgente. Esta complicación surge cuando el intestino no puede regresar a su lugar, sino que queda atrapado en la cavidad inguinal provocando los siguientes síntomas:

  • Dolor al tacto
  • Vómitos
  • Irritabilidad
  • Enrojecimiento alrededor de la zona que rodea la hernia
  • Abdomen grande y abultado

Si esta situación se mantiene durante horas se podría producir la necrosis del intestino atrapado ("hernia estrangulada"), y aparecer otros síntomas como fiebre o sangre en las heces.

El riesgo de incarceración es del 30% durante los primeros tres meses del bebé, y poco a poco se va reduciendo hasta llegar a un 14% en el primer año de vida. A pesar de que la hernia inguinal se da con más frecuencia en prematuros, esta complicación asociada no suele verse en estos bebés, que también presentan una tasa de curación espontánea mayor que en los nacidos a término.

¿Cómo se trata la hernia inguinal?

El tratamiento de la hernia inguinal pasa por la operación quirúrgica; una de las más frecuentes en niños después de la amigdalectomia (extirpación de las amígdalas). El procedimiento es rápido, sencillo y de tipo ambulatorio, y consiste en separar el conducto de los elementos del cordón inguinal (vasos gonadales y conducto deferente) y cerrarlo mediante puntos.

En la mayoría de los casos el postoperatorio es corto, y aunque durante los primeros días los niños deben evitar ejercicio y esfuerzos físicos, en una semana podrán recuperar su vida normal y la práctica de sus actividades cotidianas.

Fotos | iStock

Vía | Healthy Children, Stanford Children's Hospital

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