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Os voy a hablar de un sitio

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Hoy os voy a hablar de un sitio especial. Permitidme exagerar sus aspectos negativos para fomentar una reflexión crítica que permita mejorarlo, aunque, al hacerlo, no quiero negar que existen grandes personas que trabajan para mejorar ese lugar.

Se trata de un lugar que debería cambiar, que debería convertirse en un espacio de libertad, conocimiento, alegría por aprender y convivencia.

No todos los lugares son iguales, ni todos los que los dirigen los son, pero es demasiado frecuente que todas o algunas de estas características se presenten en ellos y creo sinceramente, que, para que funcionasen de verdad en valores democráticos y cumplieran sus función de ofrecer conocimientos y no adiestramiento, deben cambiar.

Obligatoriedad

Es un lugar donde muchos seres humanos están obligados a ir todos los días de su vida durante diez años, sin que nadie les deje decidir si es el mejor lugar para ellos. Eso es, en general, incuestionable.

Es un lugar donde siempre se entra y se sale a una hora obligatoria, sin más concesiones que las que obligue una enfermedad o una visita médica. No importa si tienes sueño, o ese día necesitarías desconectar, o si llegar o salir a otra hora os viniera mejor a la familia. El horario es incuestionable.

Es un lugar donde te llaman a tus obligaciones con una sirena o un altavoz, como en un fábrica o una cárcel.

Es un lugar donde desde que lo pisas por primera vez se te obliga a hacer filas para todo, como si no fueras capaz de organizar el acceso de otro modo más flexible. La fila es incuestionable.

Silencio si no te dan permiso para hablar

Es un lugar donde, la mayoría del tiempo, no puedes hablar sin antes pedir permiso, solo puedes hablar del tema que se te indique y no puedes hablar con la persona que tienes a tu lado si no quieres ser castigado. El silencio es incuestionable y solamente puedes hablar libremente en momentos acotados.

Normas y autoridad

En ese lugar hay normas, normas que no has decidido tu y nadie te ha preguntado si son las que elegirías. No las decides, pero estás obligado a obedecerlas. Si no cumples las normas, eres castigado.

En ese lugar hay unas autoridades y debes obedecerlas. Pero tu no has elegido esas autoridades ni nadie te ha preguntado si son las que elegirías, ni si las respetas, ni si te sientes respetado por ellas. Lo primero es obediencia y después, si la autoridad es injusta, puedes quejarte aunque rara vez se te tendrá en cuenta en igualdad de condiciones que la autoridad.

En ese lugar no se puede comer, beber ni hacer las necesidades fisiológicas cuando tengas deseo de hacerlo. Solamente puedes hacer esas cosas a las horas marcadas por otros y, si tienes una urgencia, debes pedir permiso para ello.

Asueto y sociabilidad

En ese lugar se dispones de media hora de asueto cuando te mandan, en un patio que normalmente es de cemento y donde, si hay plantas o césped, no se pueden pisar. El patio es pequeño y se usa comunalmente, saturado de personas, y son los más fuertes los que disponen de más espacio. La autoridad suele estar poco presente y puedes sufrir agresiones físicas o verbales que nadie detecte a primera vista.

En ese lugar es importante la relación con otras personas, sobre todo porque son muchas en espacios muy pequeños. Te relacionas con quien otros deciden que debes hacerlo. Te sientas al lado de quien otros deciden que debes hacerlo. Tu no eliges a tus compañeros, están determinados por tu año de nacimiento o tu apellido. La mayoría de tus relaciones se producen en momentos acotados y con temas determinados por la autoridad, sin que, usualmente, excepto en la media hora de asueto, puedas elegir libremente con quien deseas tener más relación.

En ese lugar a veces a algunos los insultan, vejan, humillan o pegan, pero si la cosa no es muy grave hay un código de silencio por el que se espera que lo minimicen. A veces tu única defensa es convertirte en agresor o responder violencia con violencia, y solamente, si es muy grave, se te escuchará tras muchas negaciones de lo que estás sintiendo. Quizá asumas que eso es lo normal.

Aprendizaje

En ese lugar se aprenden cosas, cosas que otros han decidido que son las que necesitas saber. Debes aprender lo que te mandan que debes aprender, cuando te manden que es necesario aprenderlas y del modo que otros deciden que debes aprenderlas. Aunque se respete cierta individualidad teórica, las normas mandan.

Lo que debes aprender es demasiado fijo y tienes que saber que seras calificado, etiquetado y evaluado en función de que seas capaz de aprender lo que te manden. Debes demostrarlo, generalmente memorísticamente y por escrito, si no lo logras, serás penalizado.

En ese lugar, aunque tu quieras aprender otra cosa, no podrás, pues primero siempre está lo obligatorio. Te califican, etiquetan y distinguen si sabes lo que te mandan que debes aprender y cuando te mandan que debes aprenderlo y debes demostrarlo del modo que otros deciden por ti.

En realidad, interesarte por cosas que tu decidas apenas importa a nadie y termina por no importarte a ti, porque, además, apenas tienes tiempo para investigar en lo que te fascina ni va a ser valorado académicamente. Lo que amas aprender apenas cuenta para nada, lo que más cuenta es lo que otros decidieron que debes aprender.

Diferencia

En ese lugar, si eres diferente tienes un problema. Tus compañeros pueden rechazarte si no te pareces a ellos. Si no sigues el ritmo, si te aburres, si necesitas estar moviendote, tienes un problema y es posible que se indique que se determine que necesitas una medicación o tratamiento para que estés tranquilo y no molestes a los que siguen las normas.

En ese lugar te valorarán según obedezcas las normas, no repliques y repitas lo que otros piensan que debes saber y pensar como debes pensar.

El sistema educativo es obsoleto

Ese lugar es anacrónico, se usan contenidos, organización y procesos que quedaron anticuados hace cien años, pero cuesta mucho que cambie y se adapte a las verdaderas necesidades de quienes acuden a él.

Ese lugar del que os hablo existe. No todos los lugares son iguales. Pero sin duda, si una sola de estas características se cumple, son lugares que deben cambiar, por el bien de nuestros hijos y de la sociedad.

Admito que este panorama que he presentado lo he hecho resaltando conscientemente sus aspectos más negativos, pero creo que solamente destacando lo negativo de la escuela podemos obligarnos a cambiarla entre todos. Seguro que hay muchas experiencias positivas y escuelas y maestros que se esfuerzan en el sentido correcto. El sistema educativo es obsoleto y debe cambiar ya. ¿Os animáis a contarnos la manera en la que funcionaría la escuela ideal?

En Bebés y más | “El sistema educativo es anacrónico”, documental de Eduard Punset, La escuela mata la creatividad, “Educar para fabricar ciudadanos”, documental de Eduardo Punset, ¿Qué escuela espera a nuestros hijos? (I), (II) , (III)

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