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Las bebidas energéticas no deben ser consumidas por los niños, y los adolescentes tampoco deberían

Las bebidas energéticas no deben ser consumidas por los niños, y los adolescentes tampoco deberían
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Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), aproximadamente un 20 por ciento de los niños de entre 3 y 10 años y casi el 70 por ciento de los de 10 a 18 consumen bebidas energéticas.

En primer lugar, tenemos que diferenciar las bebidas energéticas de las bebidas isotónicas, ya que suelen confundirse fácilmente. Estas últimas son para deportistas, utilizadas para rehidratarse y reponer minerales y azúcar tras la actividad física.

Las bebidas energéticas son bebidas no alcohólicas que contienen grandes cantidades de azúcar, cafeína y taurina (potenciador de la cafeína), algún tipo de vitamina y extracto de hierbas y se promocionan como "estimulantes o energizantes".

Las bebidas energéticas conllevan un posible riesgo para la salud debido que contienen estimulantes y nunca deben ser consumidas por los niños ni por los adolescentes.

¿Qué contienen las bebidas energéticas?

A la hora de analizar qué hay dentro de una lata de estas bebidas (Rockstar, Red Bull, Monster, Burn...) no encontramos ningún aporte nutricional. En lugar, encontramos:

  • Azúcar, en grandes cantidades: hasta 14,5 gramos por cada 100 ml.
  • Cafeína, en altas concentraciones: hasta 36,8 mg por cada 100 ml.
  • Taurina: un estimulante del sistema nervioso.
  • En algunos casos: extractos de hierbas, vitaminas y/o minerales añadidos.

Una lata de una bebida energética puede tener igual o más cantidad de cafeína que una taza de café y una cantidad de azúcar que supere los 50 gramos, cuando la OMS recomienda no superar los 25 gramos diarios de azúcares añadidos . Nadie en su sano juicio daría eso a un niño.

Efectos de las bebidas energéticas en los niños

Los niños son especialmente vulnerables a los efectos nocivos de la cafeína en el sistema neurológico y cardiovascular, según la revista Pediatrics. Puede provocarles:

  • Trastorno del estado de ánimo, baja autoestima y depresión.
  • Nerviosismo y ansiedad
  • Problemas de concentración
  • Insomnio
  • Empeoramiento del rendimiento escolar
  • Aumento de la tensión arterial

Por otra parte, las elevadas cantidades de azúcar que contienen aumentan el  riesgo de caries, diabetes, sobrepeso y obesidad en los niños. Y el consumo habitual y prolongado puede ocasionar daños microvasculares que pueden llevar a una enfermedad renal crónica.

Además, en caso de un consumo frecuente, aparecen síntomas relacionados con el síndrome de dependencia o de abstinencia a la cafeína.

Bebidas energéticas y alcohol

Muchos adolescentes combinan las bebidas energéticas con alcohol, una bomba explosiva muy peligrosa para su salud. El alcohol es un depresor del sistema nervioso, mientras que la cafeína es un estimulante que les hace "sentir bien" y perder la noción de lo bebido y sigan bebiendo, con el consiguiente riesgo de acabar en una intoxicación etílica. 

Su consumo puede provocar efectos como alteraciones cardíacas, taquicardia, palpitaciones, aumento de la presión arterial, falta de coordinación motora, etc.

Incluso un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Michigan señala que “los adolescentes que consumen bebidas energéticas con asiduidad tienen el doble de probabilidad de consumir también alcohol y drogas”, afirman los investigadores, según ha publicado la revista Journal of Addictive Medicine.

La EFSA es contundente al recomendar que los menores de 12 años no deberían probar las bebidas energéticas en ninguna circunstancia, y lo desaconseja claramente en niños más mayores. Reino Unido ha tomado cartas en el asunto y ha prohibido la venta de estas bebidas en supermercados a menores de 16 años. Esperemos que se extienda a otros países.

En Vitónica | Bebidas energéticas: todo lo que necesitas saber en cuanto a su seguridad y eficacia en nueve puntos

En Bebés y más | Consumo prohibirá la publicidad de alimentos no saludables dirigidos a menores de 15 años, para luchar contra la obesidad infantil

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