
El reflejo de pujo es parte del trabajo de parto normal. Una vez superada la primera etapa del parto y alcanzada la dilatación completa, la mujer siente una gran presión en el suelo pélvico y una necesidad intensa de hacer fuerza para expulsar al bebé.
Es un reflejo provocado por la distención de la musculatura de la pelvis que hace que la madre, de forma involuntaria, contraiga el diafragma y la musculatura abdominal.
Es una necesidad instintiva y fisiológica que siente la mujer al momento de parir, una necesidad que no debería ser controlada ni dirigida.
Los pujos dirigidos
Una de las cuestiones más debatidas en la atención al parto se centra en la conveniencia o no de dirigir los pujos de la madre indicándole cuándo y cómo debe pujar.









Hay hospitales que han dejado de hacerlo, pero muchos otros continúan con esta práctica a pesar de que los estudios desaconsejan el uso rutinario del enema durante el trabajo de parto.