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Tras hablar en Bebés y más sobre la regulación de los nombres en Rumanía, para evitar que los niños tengan nombres que podrían suponerles una humillación, una amiga me habló del fenómeno que tiene lugar en algunos países latinoamericanos desde hace décadas con los nombres de bebés.
Entonces recordé que a menudo nos envían mensajes a los editores de Bebés y más para que demos ideas sobre nombres. Digamos que el mensaje estándar que recibimos sería algo así: “Hola, me gustaría que me dijeran qué nombre podríamos poner a nuestro bebé, combinando los nombres Antonio y María”, cuyo resultado sería algo así como “Antoría”, “Maronio”, “Rianto” o “Maranto”, por poner algunos ejemplos (y he dicho Antonio y María porque son los primeros que me han venido a la cabeza, que en realidad no suelen ser estos nombres).
En ese momento nos quedamos todos un poco “y qué respondo”, porque en España no se lleva esto de combinar nombres. Aquí en España hay bastante control en este tema (ahora un poco menos) y el nombre que se le pone al bebé no puede ser una combinación de dos nombres en uno, ni el nombre escrito al revés, ni palabras que en inglés quieren decir “tejanos” (Jeans), por poner algunos ejemplos de lo que sucede en países como Venezuela, Colombia, Cuba o República Dominicana y probablemente en algún otro país de la América latina (me consta que en Ecuador también utilizan algunos nombres variopintos).
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