
Internet. Ese proceloso oceáno plagado de monstruos, donde acechan los más peligrosos criminales. Según el Dr. Estivill, minimizando hace poco en una entrevista las críticas de su metodo en numerosas páginas y foros, la red está plagadita de ellos. Leyendo lo que afirma parecería que no hay sino eso. Pero, al fin y al cabo, aqui estamos, preocupándonos en Bebés y mas de ofrecer información para mejorar la vida de los niños y sus familias. Vosotros, los lectores, también encontrais en Internet información, apoyo, ideas… No, estimado Dr., no todo son criminales. Y desde luego aquellos que no están conformes con su método y con el conductismo en la crianza, no lo son tampoco.
Pensando sobre estas desafortunadas declaraciones he estado bastante tiempo. Yo participo en muchos espacios de la red. Y es sobre estos y sobre las personas maravillosas que en ellos he encontrado sobre lo que quiero hablaros. Va a ser más positivo. Para mi Internet ha sido fundamental, posiblemente no sería la misma persona que soy ni la vida de mi hijo hubiera sido igual. He aprendido mucho, he leido, he reflexionado, me he emocionado. Y sobre todo, he encontrado a los mejores amigos que alguien puede pedir, mi verdadera tribu, mi apoyo en las tormentas y mis compañeros de alegrías. Y como para muchas personas Internet me ha ofrecido miles de recursos y de información que de otro modo no habría tenido.
Cuando nació mi hijo, hace mas de siete años, sufrí una profunda crisis personal. Mis últimos meses de embarazo, en reposo absoluto, me llenaron de inquietudes. Mi parto no fué respetado. Mi hijo fue separado de mi sin necesidad. La lactancia fracasó en el mismo hospital. Llegué a mi casa con un bebé de menos de dos kilos, en régimen de hospitalización domiciliaria, pues al menos en eso acertaron y me permitieron hacerlo así, considerando que es mejor para el crecimiento de un prematuro fuera de riesgo el estar en su casa con su familia. Pero la lactancia parecía imposible. Y yo deseaba relactar. Lo deseaba de un modo casi desesperado, instintivo. Como si el vínculo me llamara, como si todo me indicara que no podia tirar la toalla.