Papá y mamá: “¡oh, qué bonito!”

Ya se han acabado las Navidades y llega el momento de hacer balance (para el que quiera) sobre lo acontecido en ellas.
Por mi parte quiero comentar dos cosas. La primera es que puedo asegurar que mi hijo ha recibido más juguetes de los que su mente y espacio vital pueden gestionar a tenor de lo abandonados que están algunos de ellos y para la segunda quiero relatar una reflexión (totalmente personal y transferible) con respecto al recibimiento y apertura de regalos que he hecho estas fiestas.
Se me puso la mosca tras la oreja el día 25 y el día 6 lo corroboré. En el momento de abrir los regalos de mi hijo Jon, de casi tres años de edad, me sorprendí a mi mismo con un: “¡oh, qué bonito!” en el primer regalo que abrí (Jon me los da a mí para que se los abra).
Acto seguido le mostré el regalo a Jon y le dije: “¿has visto qué chulo?”, a lo que él me respondió “¡qué chulo!”. Abrió el regalo, le dio tres o cuatro vueltas y me lo devolvió. Ahí mi mente hizo click. La comunicación no verbal de mi hijo no casaba con la verbal y con su acto de devolución me demostró su auténtico sentir.




