Mi hijo adolescente solo quiere comer en su habitación: cómo establecer buenos hábitos en familia

Mi hijo adolescente solo quiere comer en su habitación: cómo establecer buenos hábitos en familia
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Es habitual que en la adolescencia, los hijos quieran pasar más tiempo en su habitación o con sus amigos. Muchos de ellos quiere ir más "a su aire" o hacer "sus cosas", e incluso pueden tender a encerrarse en sí mismos, y de ahí que reduzcan el tiempo que pasan en familia.

En el terreno del hogar, pueden incluso querer comer o cenar solos, encerrándose en su habitación para hacerlo. Muchas veces, esto pasa un día, dos y tres hasta convertirse en un hábito que "normalizamos" sin darnos cuenta. Pero a nosotros, como padres, puede no parecernos bien, y es lógico que así sea. En ese caso, ¿cómo podemos abordar el tema con ellos?

Mi hijo adolescente quiere comer él solo en su habitación

Como decíamos, en un afán por diferenciarse de nosotros, explorar su identidad y buscar su independencia, los hijos adolescentes pueden romper con rutinas que tan arraigadas teníamos en el seno familiar. Una de ellas, la hora de las comidas.

Cuando esto ocurre por primera vez, puede que no le demos importancia, pensando que no hay para tanto, y que por un día no pasa nada. Y efectivamente, así es, y está bien que respetemos también sus necesidades y que seamos flexibles y comprensivos en ciertos aspectos de su educación.

Sin embargo, si no ponemos atención a ello, puede convertirse en un hábito, y que de repente un día nos veamos comiendo todos separados; los padres en un lado, y el hijo adolescente en otro (o incluso, en horas diferentes).

Puede que algún día nuestro hijo quiera comer solo, pero si no ponemos atención a ello, puede convertirse en un hábito, y que de repente un día nos veamos comiendo todos separados.

Y esto ocurre; ya sea por evitar el conflicto, por horarios un poco complicados de encajar, o por no querer darle importancia al asunto. Sin embargo, a largo plazo, nos hemos de preguntar, ¿es esto lo que queremos? ¿O realmente, queremos volver a comer todos en familia (en la medida que se pueda)? Si es el segundo caso, te animo a seguir leyendo.

Cómo abordar el tema en casa

A veces no podremos comer todos juntos por tema de horarios, y ahí es importante ver si hay alguna opción de encajar esos horarios y coincidir todos un poco más. Por supuesto, sin machacarse por ello; a veces no se podrá ni haciendo malabares, y otras sí. Cuando sí sea posible, es importante poder abordar el tema con ellos.

1. Indagar en las causas

¿Es tu hijo quien no quiere comer con vosotros? O es que quizás, el tema comenzó así, pero ahora ¿os habéis acostumbrado a ello? Es importante ver las causas de esta situación pero también qué factores la mantienen.

La razón inicial puede ser su necesidad de diferenciarse o que esté en una etapa más "rebelde", pero también puede ser que le preocupe algo y por eso quiera estar solo, la falta de comunicación en la familia, haber normalizado el tema (y que se haya convertido en un hábito esta práctica), querer evitarlo, etc.

Reflexionar sobre las causas os ayudará a buscar una solución más realista y eficaz para todos.

2. Dialogar y negociar vs. imponer y recriminar

Hay mucha diferencia entre dialogar e imponer, y entre negociar y recriminar. Si queremos acercarnos a nuestro hijo adolescente, es mejor hacerlo por la vía del diálogo y el no juicio, porque cuando imponemos algo, es más fácil que ellos lo rechacen.

Tampoco se trata de permitir que decidan todo, sino de dialogar con ellos y llegar a puntos en común, de tratar de escuchar en lugar de obligar.

No se trata de permitir que decidan todo, sino de dialogar con ellos y llegar a puntos en común, de tratar de escuchar en lugar de obligar.

3. Recordar las normas de casa

Aunque queramos huir de las imposiciones, también es verdad que, en este caso, nosotros somos los adultos y hay una serie de normas que se deben establecer en casa para garantizar cierta rutina y estructura. Una de ellas, la de comer todos juntos. Es un buen momento para recordarla; podemos aprovechar para negociar esas normas y flexibilizarlas si es necesario.

Por ejemplo, "la norma es comer todos juntos, pero habrá algún día en que se podrá hacer el postre en la mesa pequeña del comedor, o en la habitación" (es solo un ejemplo, cada familia decidirá si hacer adaptaciones o no de sus normas).

4. Comunicación abierta

Podéis enfocar el tema de forma abierta y natural, y sobre todo, enfocarlo como algo "de todos" (que os afecta a todos), no como "un problema de vuestro hijo". Esto evitará que se sienta juzgado o atacado.

Para introducir el tema, podéis hacerlo con preguntas abiertas, de forma natural (sin darle excesivamente "bombo" al tema); por ejemplo, "hace mucho que no comemos todos juntos, ¿por qué no comemos hoy y nos cuentas cómo te ha ido el examen?". O ser un poco más directos, "en casa queremos comer todos juntos y vamos a tratar de volver a esa rutina, ¿qué opinas?".

5. Hablar de los beneficios de comer en familia

No se trata de "convencerle" de que es mejor comer todos juntos, sino de mostrarle los beneficios de hacerlo (y que él también piense en ellos), para, desde ahí, acercar posturas.

Porque comer en familia es mucho más que "comer juntos"; se trata de un buen momento para: compartir cómo nos ha ido el día, explicar alguna anécdota y reír juntos, desconectar del móvil, instaurar hábitos saludables en cuanto a la alimentación y una buena rutina en cuanto a horarios, etc.

Y no hacerlo conlleva consecuencias negativas a largo plazo, como: peores hábitos alimenticios, peores rutinas y mala organización (no tener el día estructurado en su caso) y distanciamiento emocional con nuestros hijos (lo que nos dificultará a la hora de saber si les preocupa algo, por ejemplo, o de saber cómo están).

Foto | Portada (Freepik)

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