
En mi casa, la casa de mis padres, siempre nos acompañó la televisión a la hora de comer. Cuando vivía con compañeras más tarde y en pareja, también solíamos aprovechar las comidas y cenas para ver la tele. Pero ahora hace un tiempo que apenas veo las noticias, más o menos el tiempo que tiene mi hija mayor, cuatro años.
Ahora no tenemos televisión en la cocina, que es donde comemos, y aunque echo de menos ese ratito de información, que intento suplir con las noticias a otras horas del día o en otros medios, creo que tener la tele apagada durante las comidas es una buena idea.
Y ello a pesar de que la televisión hubiera sido en más de una ocasión un buen “método” para que las niñas se mantuvieran sentadas, algo que me cuesta lograr y que a veces, cuando tenemos prisa, me desespera.
Pero al no tener televisión nos miramos más, que parece una tontería, pero no es lo mismo que levantar la vista del plato solo para ver la pantalla. Y sobre todo nos escuchamos y nos hablamos más en familia. Queremos saber qué hacen en el cole, hablar de la comida, de lo que quieren hacer por la tarde, de los mejores momentos del día...









