
Los tiempos han cambiado mucho y los papás participan de un modo mucho más activo en la crianza de sus hijos, hecho que provoca, al parecer, que las parejas tengan más desacuerdos y problemas que aquellas en que la madre es la cuidadora principal.
A esta conclusión han llegado investigadores de la Universidad estatal de Ohio tras realizar un estudio a 112 parejas que tenían un niño de cuatro años. Estas parejas rellenaron unos cuestionaros en los que se les preguntaba con qué frecuencia jugaba el padre con el hijo y con qué frecuencia participaba en actividades de cuidado, como bañarlo, vestirlo, etc.
Además de valorar los cuestionarios los investigadores observaron a cada pareja durante cerca de veinte minutos para ver cómo ayudaban al pequeño a hacer dos tareas, hacer un dibujo de su familia y utilizar fichas de construcción para hacer una casa.
Se observó que las parejas tenían una relación de pareja más sólida y de más apoyo cuando el padre pasaba más tiempo jugando con el niño, pero participando menos en el cuidado de su hijo. Sin embargo, las parejas tenían más problemas y más diferencias cuando el padre participaba más en la crianza de su hijo.
Estos resultados sorprendieron a los investigadores, que declararon que el estudio podría desilusionar a quienes creen que tanto la madre como el padre deben compartir equitativamente el cuidado de los hijos.
A mí este estudio, que aparece publicado en la edición de enero de la revista Developmental Psychology, no me sorprende lo más mínimo. Viene a decir que cuando el padre no toma decisiones en la crianza del hijo, pero juega mucho con él, la relación de pareja funciona mejor que cuando el padre participa activamente en el cuidado del niño. Esto es lógico, ya que lo normal es que allí donde las decisiones las tome una sola persona habrá menos conflicto que aquellas situaciones en que ambas deben tomar decisiones y deben llegar a un consenso.
Recuerdo un estudio del que hablamos hace un tiempo que decía que cuando los padres participaban más en la crianza de los hijos, éstos crecían más estables emocionalmente hablando. Ahora sabemos que el beneficio para el niño puede suponer un perjuicio para la pareja (o no). En cualquier caso, como digo, cada pareja debe elegir a quién prefiere beneficiar (si a la pareja evitando discusiones o al hijo) o, simplemente, tratar de buscar un equilibrio tal que la familia pueda vivir feliz.
Vía | Healthfinder
Foto | Childrens Book Review en Flickr
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Comentarios
Al principio, me ha sorprendido el título, pero a medida que ibas desarrollando el tema, he pensado exactamente lo mismo que tú: Normal, si todas las decisiones las toma solo una persona, no tiene que discutir con nadie.
Pero el caso es saber si, a la postre, eso beneficia a la pareja o al final, la desgasta. Conozco a una pareja cuyo padre se escuda en el trabajo para huír de sus hijos. Así de crudo es. La mujer-madre está seriamente pensando en divorciarse, debido a la enorme desilusión que tiene con su pareja.
PD. Afortunadamente, no soy yo.
-- editado por última vez a las 10:35
Pues no lo sé ainara27... lo que está claro es que tener un hijo es detonante de muchas cosas, de felicidad, de unión, de un proyecto juntos, de emociones, pero también, en ocasiones, de disparidad de opinión, de discusión, de tu madre dice y mi madre dice, de conflictos y a veces pasa lo que comentas, cuando todo va mal uno desaparece del mapa para no afrontar las consecuencias de tener un hijo y para huir en cierto modo de la pareja, que ahora ya no es sólo mujer, sino también madre. La verdad es que entiendo cómo se siente tu amiga...
Aunque comienzas tu réplica con un "Pues no lo sé ainara27...", creo que al final estás de acuerdo conmigo... :-)
Muchas veces estoy de acuerdo contigo... ;P
Este estudio me ha hecho pensar... Yo creo que es mejor compartir la crianza, es el mejor ejemplo que les podemos dar a nuestros hijos. Hay que aprender a dialogar, a consensuar... pero a veces es más fácil decidir una sola. En mi caso, el problema viene porque mi marido quiere estar en misa y repicando. Quiere opinar, quiere tener voz y voto, y me parece estupendo. Pero no se implica de verdad, tal y como yo concibo la crianza. De pronto, descubro algún libro que me abre los ojos a nuevos métodos. Por ejemplo, Cómo hablar para que nuestros hijos nos escuchen y cómo escuchar para que nuestros hijos. Me gustaría aplicar esos consejos y educar a mi hijo de otro modo, pero mi marido no entra al trapo. Ni siquiera se asoma, no quiere leerse el libro ni consensuar nada. Él sigue a su bola, castigando al niño, y yo hago lo contrario. Así, podemos acabar discutiendo seguro, y volviendo loco al niño. Así con otras cosas, con las más "radicales": no escolarización hasta los 6 años, parto en casa... En fin, que esto no es el teléfono de la esperanza. Concluyo: que me parece estupendo que el padre participe, pero que lo haga de verdad.
Yo creo que es algo lógico, cuando una sola persona no acuerda con nadie sus decisiones, no hay polémica posible. En mi caso, y aunque suene machista, prefiero tomar solas las decisiones pequeñas del día a día. Si le echamos Rhinomer mañana y noche, qué le ponemos de ropa, si le pongo Cantajuegos o no, qué le doy de cenar, si le corto las uñas ahora o luego, en fin, menudencias que, en un día malo, pueden desencadenar una absurda tormenta. Incluso si le llevamos al médico o no: por defecto, los padres nunca ven la necesidad de llevarle al médico.
Sin embargo, en cuanto a la toma de decisiones "de peso", como todo lo relacionado con la educación, necesito que mi pareja se implique al 100%, de otro modo me parece impensable. Y por supuesto en las tareas como vestirle, cambiarle el pañal, darle el bibe y bañarle o dormirle, aunque yo tenga que dejar la ropa preparada, o planificar el cómo y el cuándo, exijo que se implique sino al 50%, porque ya he tirado la toalla, sí lo suficiente como para que sea equitativo.
Nosotros siempre, siempre, siempre discutimos cuando tenemos que limpiarle la nariz o los ojos, o ese tipo de cuidados molestos que mi pareja nunca ve necesarios. :-)
Quería decir "si no". Sorry.
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