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Uno de los momentos más importantes para un hombre es aquel en que decide comprarse su primer coche y navegar por los concesionarios y las revistas en busca de la versión o modelo que más le gusta y conviene.

Paradójicamente, teniendo en cuenta que en la juventud es cuando uno piensa en crear una familia, el primer coche suele ser poco “familiar” y a veces incluso la pifiamos con el segundo (y no miro a nadie, Armando…).

Esto hace que en el momento en que llegan los niños te veas con un cochecito plegable que no sabes dónde meter, un montón de accesorios que hacen que cada vez que sales de casa parezcas el de las mudanzas y una sillita para el asiento de atrás y te des cuenta que ese coche tan precioso que compraste con 3 puertas porque era más deportivo y más estético (y porque los de 5 puertas son coches “de padre”) es un auténtico engorro.

Así llega el momento en que empiezas a hacer números, te ves mirando la comparativa de monovolúmenes de cualquier revista de coches y te das cuenta que algo ha cambiado en tu vida.

Ya no eres esa persona que compró un coche pensando en sí mismo (bueno, y un poco en tu pareja), con unos asientos de atrás que están impolutos de no haberse utilizado, y pasas a ser aquel que busca un coche grande y alto, con un maletero en que puedan caber todos los bártulos, asientos que se muevan y que se puedan quitar y más rincones y puertas que en un palacio, pues nunca sabes cuántos niños ni cuántas cosas tendrán que acabar entrando.

Allí donde sólo cabían los Ibiza, 307, Golf o A3 (depende de los recursos de cada cual) ahora aparecen los Picassos, Scenics, Zafiras y Versos y piensas: “si lo sé, me lo podría haber comprado antes y me ahorraba cambiar el coche”.

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Para muchos puede suponer un trauma desprenderse de su precioso bólido, para otros un simple trámite y quizás algunas dudas por el que está por venir. Sin embargo partimos con la ventaja de que a muchos nos gustan los coches y disfrutamos viéndolos, comparando catálogos y prestaciones, haciendo cuentas, imaginando qué extras vamos a pedir y de qué vamos a prescindir.

El cambio además es menos doloroso en la actualidad ya que los coches han mejorado mucho y aquellos coches familiares grandes, pesados y lentos de antaño han dejado paso a los monovolúmenes de hoy día que cuentan con motores magníficos y una maniobrabilidad como la de cualquier otro coche. Además, ver que la capacidad del maletero se multiplica y que puedes meter lo que quieras sin tener que jugar al tetris es una sensación magnífica.

En nuestro caso particular cambiamos un 307 de 3 puertas por un 307 SW (llamadme original) y el cambio bajo mi punto de vista fue providencial. No es un monovolúmen nato, pues yo diría que es un intermedio (más bajo que un monovolúmen, pero más alto que un coche familiar) y dado que estaba a punto de aparecer el 308 SW el precio era realmente bueno y en conjunto nos gustó más que el otro candidato, el C4 Grand Picasso.

Ganamos muchísimo en comodidad (benditas 5 puertas), en maletero (cabe el cochecito y unas cuantas maletas) y en modularidad, pues cualquiera de los asientos traseros se puede desplazar, quitar o poner en una tercera línea (aunque pierdes maletero) y todo ello con un coche que, como digo, no llega a ser un monovolúmen, normalmente un poco más amplios.

En unos días, siguiendo este tema, tocaré un poco algunos de los monovolúmenes que se pueden encontrar en el mercado.

Fotos | Renault Grand Scénic, Peugeot 5008
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