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lactancia materna humana

Si las madres que amamantan muchas veces se enfrentan al mundo. Amamantar en la sociedad actual está lleno de trabas: mala información del entorno que repite muchos tópicos falsos, escasa formación de los sanitarios, mensajes contradictorios y presiónes de todo tipo. Todo eso hace que las mujeres que logran amamantar en exclusiva hasta los seis meses sean muchas menos de las que lo desean hacer. Pero si hasta ahora se enfrentaban contra el mundo en general, ahora, las madres que amamantan van a enfrentarse a “El Mundo”.

Ha aparecido en el dominical del pasado 17 de octubre del periódico “El Mundo” un artículo que las mujeres que amamantan han encontrado enormemente polémico, pues compara a las madres que amamantan con vacas.

Las organizaciones y madres que amamantan se han sentido ofendidas y han comenzado una actividad frenética de protesta en sus páginas y blogs que culminará con acciones más directas.

La lactancia materna no es incompatible con el trabajo de la mujer. La lactancia materna protege de muchas más enfermedades que las dolencias que pueden estarle asociadas como son la mastitis o las grietas. Y, desde luego, aunque criar no es exclusivamente amamantar, por ese motivo precisamente que una mujer amamante no excluye al padre del cuidado del hijo.

La Organización Mundial de la Salud, Unicef y la Asociación Española de Pediatría recomiendan el amamantamiento exclusivo hasta los seis meses por razones científicas. Y, afortunadamente, pese a las dificultades, cada vez son mayores las cifras de mujeres que dan el pecho, aunque sean cifras mejorables.

Mejorar las tasas de lactancia no es interés de grupos antifeministas, sino de los promotores de la salud y un derecho natural de madres e hijos. Sencillamente, las mujeres humanas producen la leche de los niños humanos. Y aunque existan problemas y mujeres que desisten de amamantar, dar el pecho no nos convierte en vacas.

Dar el pecho es salud. Y la salud siempre es progreso. Citemos, por ejemplo, datos como los que publicábamos no hace mucho, en los que se explicaba que la lactancia materna salvaría un millón y medio de vidas al año.

El biberón no tiene nada que ver con el progreso o el feminismo, la leche artificial existe y debería ser usada para alimentar a los niños que no puedan tener leche materna por razones médicas o por decisión de la mujer, pero no desde luego, como una conquista social progresista.

El movimiento ya ha sido recogido por los medios de comunicación, como Periodista Digital que lo ha definido, citando a Ileana, la autora del blog Tenemos Tetas, de este contundente modo:

Una portada vergonzosa, que quedará para siempre guardada en los archivos de la historia de la estupidez humana, como constancia del desvarío al que puede llegar esta sociedad deshumanizada.

La movilización, además de en cartas al director de la publicación, se va a materializar en quejas ante el Observatorio de la Mujer y los Ministerios a los que compete la proteccíón de los niños, las mujeres y la salud, además de en numerosas tetadas públicas previstas para el jueves ante las sedes locales de “El Mundo”.

Asimismo, en Facebook, se ha creado un grupo llamado Me Indigna que “El Mundo” haga este ataque a la Lactancia Materna, que en dos días tiene ya casi 4.000 usuarios y sigue creciendo.

La polémica, que seguramente es lo que se buscaba con el artículo, ha explotado y, en mi opinión con toda la razón. Una imagen de la mujer como la que se presenta y un texto tan parcial pueden engañar a muchas personas que no dispongan de información correcta,

Afortunadamente no todos los medios de gran difusión entran en este juego de intereses comerciales y visión sesgada, pues, por ejemplo, el pasado agosto, “El País” publicó un artículo extraordinario que trataba este mismo tema desde la objetividad y la seriedad que se espera, titulado “Aprendiendo a ser mamíferos de nuevo“.

No somos vacas, somos humanas, y, dentro de la libertad de cada mujer y sus circunstancias, lo normal y natural es que alimentemos a nuestros hijos con nuestra leche, no con la de los terneros. La lactancia materna no es una guerra entre madres y no es, desde luego, una cuestión de modernidad. El usar la lactancia artificial es una decisión de cada mujer atendiendo a múltiples causas, pero dar el pecho no nos convierte en vacas.

El progreso no puede pasar por privar a los niños de la leche materna, fuente de salud reconocida, sino por dar la posibilidad a las madres y a los hijos de disfrutar de la lactancia sin verse privados de derechos y posibilidades por ello.

No somos vacas, somos humanas. Por eso, la movilización de las madres lactantes contra “El Mundo” va a hacer ruido y mucho. Los grandes medios de comunicación tienen un compromiso con sus lectores, informar desde la objetividad y con datos reales. Y, en este caso, nos han defraudado.

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