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Todos hemos oído hablar del líquido amniótico, pero siempre viene bien saber algo más sobre él.

Se forma en la cuarta semana de embarazo, el embrión ya ha anidado en las paredes del útero y se empieza a formar la cavidad amniótica, la cual se irá llenando de líquido. En el primer trimestre este líquido es un ultrafiltrado del plasma sanguíneo materno, pero a partir de la doceava semana, también el bebé interviene con su orina.

A partir de este momento va aumentando paulatinamente y durante la 18-20 semana de gestación, el 90% del líquido está producido por su riñón. El feto llena su vejiga cada media hora y la vacía, de esta manera renueva el líquido varias veces al día.

La composición del líquido amniótico cambia a lo largo del embarazo, se parece bastante al plasma materno y el grado de salinidad que presenta es similar al agua marina.

También sabemos que protege al bebé de lesiones externas, le sirve de amortiguador para los golpes y evita que le dañe la presión que ejercen tus propios órganos.

Le mantiene calentito, a la temperatura de tu organismo, ayuda a desarrollar los pulmones e incluso le alimenta, ya que cada traguito del líquido amniótico le proporciona a tu bebé iones y proteínas.

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Se ha constatado que hasta un 10% de las necesidades proteicas de tu hijo se cubren con el líquido amniótico que ingiere. La cantidad máxima de líquido que puede originarse (1 litro) es de la semana 34 a la 36, a partir de la semana 38, empieza a disminuir, es por eso, que el ginecólogo por medio de las ecografías y la exploración manual, siempre comprueba la cantidad de líquido que hay en tu bolsa.

Cuando el médico nota que hay más o menos líquido puede que tengas que hacerte alguna prueba más, pues puede indicar problemas en la placenta y requiere intervención médica. En el caso de que haya mucho, puede determinar que haya gemelos, diabetes o malformaciones del feto.

En el caso de que hubiera poco, existe un peligro claro, puede ser debido a una fisura en la bolsa o un problema en el sistema renal del bebé. Esto puede provocar infecciones uterinas o que el bebé comprima el cordón umbilical y es posible que el médico valore adelantar el parto.

Gracias al líquido amniótico se pueden diagnosticar malformaciones, ya que contiene un gran número de células fetales, con éstas podemos conocer el cariotipo del bebé y saber si padece una enfermedad cromosómica.

Cuando rompas aguas es importante fijarte si el líquido amniótico es de color amarillento, si es así, es normal. En caso de que fuera de color verdoso debes asistir urgentemente al hospital aunque no tengas contracciones, pues ese color lo toma cuando el bebé ha efectuado su primera deposición, el meconio, y los médicos deben valorar como se encuentra tu hijo.

Más información | Nacersano

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