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detectar el acoso escolar

Hablábamos ayer sobre el acoso escolar y espero haberos ofrecido suficiente información para entender lo complejo que es este problema. Sin embargo, la detección, y sobre todo, la detección temprana, es clave para solucionarlo. Veremos en este tema las formas que tenemos los padres de detectar el acoso escolar.

Prevenir, detectar y detener el acoso cuanto antes es fundamental para evitar el desarrollo de secuelas y evitan que la situación se haga crónica.

Los padres pueden detectar el acoso

El papel de los padres es fundamental para detectar el acoso, estando atentos a los cambios en la conducta del niño y brindándole apoyo en cuanto sufra algún tipo de acoso, nunca minimizándolo, ni diciéndole que se haga más duro ni contándole que eso siempre ha pasado.

Para detectar el acoso podemos estar atentos a los cambios en la conducta del niño: que se muestre más irritable, violento o tenga rabietas, que presente síntomas psicosomáticos como dolores de estómago o de cabeza sin causa médica real, que se resista a ir al colegio, tenga verdadero miedo a volver tras las vacaciones o que nunca quiera hablar sobre su vida escolar, que tenga un bajón repentino en su rendimiento.

El que deje de querer ir a las excursiones o dejen de invitarlo a las fiestas de cumpleaños son otros signos que debemos tener en cuenta.

Puede suceder también que, repentinamente, empiece perder o a aparecer con sus pertenencias escolares o personales rotas. Pongamos atención si habitualmente las gafas, la mochila, el estuche o el abrigo desaparcen sin explicación o llegan deteriorados.

Si la escuela reacciona positivamente el problema puede solucionarse, pero también nos podemos encontrar con una negación institucional de la violencia si no hay graves signos externos, por lo que el niño acosado vería negado su problema y sin salida posible.

Cuando nos enfrentamos a este problema hay que trabajar contra comentarios que suelen incorporar frases como “es sólo un caso aislado” o “si solamente ha sido una broma”, o el más peligroso “son cosas de niños”.

Tampoco es aceptable que se pidan informes con datos de daños clínicos en la víctima como criterio para diagnosticar la existencia de un cuadro de acoso escolar, pues el acoso, por naturaleza, no es solamente un problema de agresiones físicas, sino un cuadro mucho más complejo y con un desarrollo en el tiempo que hay que parar cuanto antes.

Los profesores también pueden detectar el acoso escolar

Los maestros y profesores también pueden detectar el acoso escolar en los centros simplemente estando atentos a algunos signos y decidiendo entender que este tipo de violencia es algo real, complejo pero que con seguridad está sucediendo en su entorno.

No son cosas de niños. Empezando por ahí.

Las peores formas de acoso escolar van a suceder cuando el profesor no está presente directamente: en los baños, los patios, los pasillos, vestuarios, salidas de clase y en el comedor. Sin embargo, siempre hay un maestro cerca que puede detectar los signos.

Observando a los niños fuera de aula y su dinámica de grupo, los niños que queden aislados, las pintadas en el baño, los cambios de comportamiento o rendimiento escolar, los rumores que lleguen a sus oidos, la forma en que se tratan, todo puede darnos señales.

Un niño que manifiesta tristeza, miedos o dolores inexplicables, que falte a las actividades o descubramos que nunca es invitado a fiestas o salidas podría tener un problema de violencia escolar.

El que en clase se burlen de él habitualmente o se rian cuando interviene, el que deje de participar activamente o se quede sin compañeros en las actividades de grupo puede también estar siendo víctima de acoso escolar.

Si aparece con golpes y da explicaciones vagas, siempre hay que investigar que sucede, pues, puede haber una situación de violencia, sea escolar o en otros ámbitos.

La escasa o nula sociabilidad con los compañeros también son signos a los que hay que atender. No se trata de los niños tímidos o de los que sean más exquisitos a la hora de seleccionar sus amigos, pero si de los que son apartados del grupo o se autoexcluyen de todo.

Muchas veces simplemente hay que saber mirar para ver. Los niños que son diferentes o se comportan de forma diferente necesitan especial atención, pero sin dejar de observar a todos y teniendo en cuenta que, si hay una situación de acoso, cuanto antes se intervenga menores serán las secuelas y que, además de la víctima, los obervadores y los agresores también van a necesitar ayuda para reconducir su comportamiento.

Con estos consejos os damos una orientación general para poder detectar el acoso escolar tanto padres como maestros y seguiremos ofrenciendo recursos sobre este preocupante tema al que puede que se tengan que enfrentar nuestros hijos en algún momento de su vida escolar.

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