Si no quieres que tu hijo adolescente viva en casa como si fuera un hotel, esto es lo que debes hacer

Si no quieres que tu hijo adolescente viva en casa como si fuera un hotel, esto es lo que debes hacer
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Hemos hablado en muchas ocasiones acerca de la importancia de fomentar la autonomía en nuestros hijos desde pequeños, pues con ello no solo les preparamos para la vida, sino que estamos contribuyendo al desarrollo de una autoestima sana.

Sin embargo, los padres no siempre somos conscientes de lo importante que es potenciar esta facultad, y a menudo caemos en el error de hacer las cosas  por ellos, bien porque las prisas nos consumen o porque creemos que no serán capaces de hacerlo por sí mismos.

Pero no fomentar su autonomía trae consecuencias negativas para el propio niño y también para el clima familiar, y a menudo se revelan en la adolescencia.

"¿Te crees que vives en un hotel?"

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Armario desordenado, cama deshecha, escritorio lleno de papeles y libros, ropa sucia tirada en el suelo, adolescente que no sale de su habitación más que en el momento justo de la comida...

Estas escenas suelen provocar la indignación y el enfado de los padres, que a menudo preguntan impotentes a sus hijos aquello de "¿te crees que vives en un hotel?". Ante este tipo de preguntas sarcásticas, los adolescentes responden con rabia, resentimiento y frustración, entrando en un bucle de peleas y discusiones que acaban afectando al clima familiar.

Y es que la convivencia en casa con personas que no colaboran, no se integran y siguen un ritmo diferente al resto de la familia puede llegar a ponernos al borde de los nervios a todos.

Este tipo de situaciones no siempre son fáciles de revertir, pues son muchos los padres que confiesan no tener herramientas, capacidad ni paciencia para enfrentarse a ellas. Además, como consecuencia de la impotencia que provoca tener la sensación de que nuestro hijo adolescente nos está "desafiando", es fácil sucumbir a los gritos, castigos y faltas de respeto mutuas.

Entonces, ¿cómo podemos actuar los padres en esta situación? Os compartimos algunas claves que pueden ayudar:

1) Fomenta la autonomía de tus hijos desde pequeños

Lo decíamos al inicio del artículo: fomentar la autonomía de nuestros hijos desde que son pequeños es fundamental, no solo porque va a ayudarnos a evitar este tipo de situaciones en un futuro, sino porque sentirse capaces de hacer las cosas por sí mismos contribuye al desarrollo de una autoestima sana.

De este modo, los niños que crecen colaborando en las tareas del hogar adquieren habilidades esenciales para la vida adulta, ganan confianza en sí mismos, exploran sus capacidades y disfrutan sintiéndose 'útiles' en su familia.

  • Consejo: no puedes pretender que de un día para otro tu hijo adolescente haga la cama y ordene su habitación, cuando siendo niño nunca la enseñaste a hacerlo. Así pues, confía en tu hijo, enséñale y hazle ver lo importante y valiosa que es su contribución.

2) Deja a un lado tus prejuicios sobre la adolescencia

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La adolescencia es una etapa llena de cambios y retos para todos. En primer lugar para el propio adolescente, que atraviesa una etapa transformadora en la que comienza a definir su identidad. Y en segundo lugar para sus padres, que deben aprender a acompañarle de una forma nueva y diferente, situándose detrás para ayudarle a despegar.

Quizá por todo ello la adolescencia da tanto miedo a los padres, y acabamos cayendo en etiquetas y prejuicios que nosotros mismos imponemos con el objetivo de tratar de entender muchas de las situaciones que se nos presentan.

3) Conecta con sus necesidades

Los padres deberíamos escuchar a nuestros hijos, interesarnos por lo que nos cuentan y por cómo piensen y sienten. Sin embargo, a menudo vamos por la vida con el "piloto automático" encendido, y engullidos por la vorágine del día a día acabamos tomando decisiones por ellos, haciendo las cosas por ellos o criando y educando de forma poco consciente.

Al llegar a la adolescencia, esta pérdida de conexión nos lleva a caer en el bucle de las luchas de poder y en las faltas de respeto mutuas. Como padres nos sentimos heridos porque nuestros hijos no nos escuchan ("¡le he dicho mil veces que venga a cenar, y no me hace caso!"), no nos obedecen ("¡¿cómo te tengo que decir que ordenes tu habitación de una vez?!"), no contribuyen ("¿acaso crees que la ropa tiene patitas y va sola a la lavadora?")... olvidándonos de los sentimientos que también les provoca a ellos.

4) El arte de la negociación

Para que la convivencia sea pacífica y respetuosa es necesario que todos los miembros se adapten a las normas familiares y participen activa y voluntariamente en el funcionamiento del hogar. Para ello es fundamental negociar, consensuar y establecer acuerdos entre todos los miembros de la familia (las normas se aceptan mejor cuando uno ha participado en su elaboración).

5) Permite que tome sus propias decisiones

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Desde que nuestros hijos son pequeños es muy bueno y recomendable que puedan tomar pequeñas decisiones, pues eso les ayuda a asumir responsabilidades, afrontar retos y a prepararse para una futura independencia.

6) Comunicación positiva y respetuosa

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Y por último, no podemos olvidar la importancia que tiene la comunicación positiva y respetuosa con los hijos. Y es que la forma que tenemos de comunicarnos con ellos no solo va a influir en su desarrollo psicológico, sino también en nuestra relación y, por consiguiente, en la convivencia familiar.

Así, los niños que reciben comentarios positivos, que son tratados con respeto y amor, y que dialogan en un ambiente abierto y de confianza desarrollarán una autoestima más fuerte y sana que aquellos que aquellos que reciben críticas, gritos o no cuentan con la atención de sus adultos de referencia.

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