Cómo evitar sobreproteger a los hijos: nueve claves esenciales

Cómo evitar sobreproteger a los hijos: nueve claves esenciales
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¿Sobreprotegemos a nuestros hijos? ¿Qué implica sobreproteger? ¿Qué diferencia hay entre proteger y sobreproteger?

¿Cómo podemos evitar estas conductas de sobreprotección? ¿Podemos educar estimulando la autonomía de nuestros hijos, sin dejar de acompañarlos en su proceso y no ser excesivamente invasivos?

Hablamos de todo ello, a través de nueve claves que pueden ayudarte a educar evitando la sobreprotección.

¿Qué es la sobreprotección?

¿Qué significa sobreproteger a los hijos y qué tipo de padres tienden a manifestar más esta conducta? Como su propio nombre indica, sobreproteger consiste en un exceso de protección hacia los hijos.

Implica, por ejemplo, evitar constantemente que se hagan daño, prohibirles cosas que podrían hacer solos, ceder en todo, hacérselo todo, controlarlos en exceso, cortarles las alas, limitarlos, ocuparnos de cosas que en realidad dependen de ellos...

Generalmente, la sobreprotección aparece más en padres primerizos, en padres de niños con discapacidad y en padres que tienden al perfeccionismo, con tendencia ansiosa o temerosa y/o que tienen una gran necesidad de control.

En los casos de padres primerizos, por ejemplo, la sobreprotección muchas veces obedece a una necesidad, o incluso ansiedad, de crear el entorno "ideal" para los hijos, y se rige también por la poca tolerancia al error (el perfeccionismo ya comentado).

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Cómo evitar sobreproteger a los hijos

Pero, ¿cómo evitar la sobreprotección en los hijos? Os damos nueve ideas clave para ello:

Diferencia entre cuidar y sobreproteger

A la hora de evitar sobreproteger a nuestros hijos, es importante que empecemos por algo más teórico; diferenciar el hecho de cuidar y proteger, de la sobreprotección.

Cuidamos cuándo acompañamos y sostenemos, pero sobreprotegemos, cuando imponemos, cuando se lo damos todo hecho a los niños, cuando no les damos margen de maniobra.

Y es que podemos proteger y cuidar con sentido común, pero sin dejarnos llevar por los miedos que muchas veces, se ocultan bajo la sobreprotección (y que conoceremos un poco más adelante).

Busca el equilibrio entre la protección y la autonomía

Encontrar el punto medio, el equilibrio, no es una tarea sencilla, pero cuando se consigue, resulta muy beneficioso para los niños. Pero, ¿el punto medio entre qué?

Entre la protección y la autonomía de los pequeños. Se trata de intentar cuidar, proteger y acompañar desde el afán de fomentar la autonomía en los niños.

Es decir, dándoles su espacio, su lugar, su margen de maniobra... Así, se trata de enseñar, mostrar y acompañar, y no tanto de inculcar o presionar. Acompañar en el vuelo a nuestros hijos sin cortarles las alas.

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Pide su opinión

Es importante pedir la opinión de nuestros hijos, para que formen parte de su proceso de cambio y crecimiento. Tenerles en cuenta y sugerir las cosas, y no tanto imponer nuestras ideas o creencias.

Así, pedirles la opinión es una forma de alejarnos de esa sobreprotección que tanto les puede dañar, en algunos casos.

Tenlo en cuenta

Ligado con el punto anterior, es importante no solo pedir la opinión a nuestros hijos, sino también, y lógicamente, escucharla, tenerla en cuenta, ponerla en práctica...

Para que se sientan partícipes de su proceso de autonomía, aprendizaje y crecimiento.

Fomenta que juegue con otros niños

Es muy importante respetar los ritmos de nuestros hijos, sus espacios, su carácter, necesidades... Y eso también se aplica al juego. Sin embargo, si detectamos que a nuestro hijo le apetece jugar con otros niños, pero que no sabe muy bien cómo acercarse a ellos, que es tímido, podemos acompañarle, animarle, enseñarle...

Se trata de fomentar su autonomía en otras áreas (alejado de los adultos), como sería el de las relaciones sociales y/o el juego, lo que constituye un paso más hacia la no-sobreprotección.

Escucha tus miedos

Muchas veces, la sobreprotección nace de los propios miedos como padres; miedo a que nuestro hijo se haga daño, a que le ocurra algo, a perder el control de la situación, a sufrir...

Son miedos totalmente normales, y por ello, debemos escucharlos, darles su espacio, entenderlos. Y es que, paradójicamente, al miedo hay que recibirlo para que se vaya.

Entender tus miedos es un paso más para evitar la sobreprotección en tus hijos, porque desde la consciencia y la calma podemos ajustar nuestra conducta y educación de forma más realista a las necesidades de nuestro hijo, y no tanto a las nuestras.

Enséñale a tolerar la frustración

Aprender a tolerar la frustración, la sensación de fracaso, es un paso más hacia la autonomía, que podemos enseñar a nuestros hijos. Además, les estamos enseñando a que a veces, no se puede tener todo (o no sin esfuerzo).

Por otro lado, a través de esta enseñanza, les estamos dando herramientas para que aprendan a cuidar de sus emociones, y sobre todo, de la gestión de estas.

De esta forma, si tu hijo comete un error, se equivoca o no logra algo que deseaba, es importante que sea capaz de transitar por esas emociones desagradables que la situación le generan.

Y que pueda hacerlo desde la escucha consciente y el autocontrol, y no desde la impulsividad o la propia emoción (la rabia), que es la que muchas veces le lleva a tener rabietas, a gritar, etc.

Fomenta en él responsabilidades

Las responsabilidades otorgan autonomía; por ello, ves poco a poco dándole responsabilidades que pueda asumir según su edad, habilidades y momento evolutivo. De esta forma, dar responsabilidades implica cultivar su autonomía, y todo lo que tenga que ver con la autonomía se aleja de la sobreprotección.

Pequeños ejemplos que puedes aplicar; optar por que tu hijo se prepare la mochila, se haga la cama, organice su agenda y sus deberes, tenga su habitación ordenada, ponga y quite la mesa, etc.

Establece límites (claros y coherentes)

Otra idea que pueda ayudarte a no sobreproteger a tus hijos es poniendo límites. Es importante, además, que estos límites sean claros, comprensibles para ellos, coherentes y justos (es decir, proporcionados, "lógicos").

Por otro lado, piensa que los "no", o los "sí" condicionales, son formas de mostrar a nuestro hijo que le queremos, y que además, actúan como "guías", indicando el camino a seguir muchas veces (por dónde sí, por dónde no...).

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Y tú, ¿crees que sobreproteges a tus hijos? ¿O estimulas su autonomía? ¿Crees que sobreproteger les favorece, o todo lo contrario?

Sea como sea, las ideas comentadas pueden ayudarte a trabajar algunos aspectos del desarrollo que desees en tu hijo, y que puedes ir aplicando en vuestro día a día.

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