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La agitación del amamantamiento: cuando la madre siente aversión o rechazo a dar el pecho

La agitación del amamantamiento: cuando la madre siente aversión o rechazo a dar el pecho
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La OMS recomienda dar lactancia materna exclusiva a nuestro bebé durante los primeros seis meses de vida y posteriormente acompañada de otros alimentos hasta los dos años o más, siempre que la madre y el bebé lo deseen.

Sabemos que la lactancia materna aporta múltiples beneficios, no sólo para el bebé sino también para la madre. Sin embargo, amamantar no siempre es fácil y, con cierta frecuencia, aparecen dificultades que hacen que la madre se plantee abandonarla. La agitación del amamantamiento es una de ellas, que suele aparecen en niños más mayores (es raro que lo veamos con bebés menores de un año).

¿Qué es la agitación del amamantamiento?

La agitación del amamantamiento son un conjunto de sensaciones negativas e inesperadas que experimentan de repente algunas mujeres mientras dan el pecho. En inglés se conoce como BAA: breastfeeding aversión and agitación, es decir, agitación y aversión al amamantamiento. Las madres lo describen como un sentimiento de rechazo, de aversión, que choca con su deseo de seguir dando el pecho.

Hay muy poca información al respecto en la literatura científica, pero sí encontramos un estudio cualitativo bastante grande publicado en 2017, en el que participaron 694 mujeres. En él, se describen las principales sensaciones y emociones que experimentan las madres que sufren la agitación del amamantamiento. Más recientemente, en 2021, se publicó un metaanálisis acerca de las mujeres que experimentan sentimientos de aversión mientras amamantan y las conclusiones fueron similares.

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La mayoría de las mujeres describen sensaciones de rabia y enfado, así como de irritación y agitación mientras dan el pecho. Pero además de los sentimientos, muchas madres tienen síntomas físicos, que describen como hormigueo en la piel, o que "la piel pica". Algunas refieren también dolor en los pezones.

La descripción de querer soltar al niño/bebé es muy repetida. "De repente necesitas que tu hijo se desenganche rápidamente, no soportas que esté enganchado al pecho". Otra mamá relataba que "a veces necesitaba soltarlo del pecho y tomar un respiro".

Algunas madres, incluso, reconocen haber tenido pensamientos violentos hacia su bebé. Es importante remarcar que estos sentimientos son incontrolables, las madres no pueden evitarlos.

En contraposición a todas estas sensaciones desagradables, tanto físicas como emocionales, las madres quieren seguir dando el pecho, pues conocen los beneficios de la lactancia materna y saben que es lo mejor para sus hijos. Esto genera un importante conflicto interno. Por un lado, no soportan cuando su hijo/a está mamando; por otro, quieren continuar haciéndolo porque saben que es lo mejor para ellos.

La intensidad de los sentimientos varía de moderado a severo en función de las mujeres y, en la mayoría de los casos, estas sensaciones perduran durante toda la toma.

¿Por qué se produce?

La causa no está clara, y es que apenas hay investigación en este tema. Tan sólo aparecen unos pocos artículos científicos revisando este concepto. Parece que aparece con mayor frecuencia en madres que amamantan a niños más mayores (por encima del año), a las que amamantan mientras están embarcadas y a las que practican lactancia en tándem. También lo han descrito algunas mujeres guardando relación con su ovulación y/o menstruación.

Se piensa por ello que las hormonas juegan un papel importante en esta situación. De hecho, durante el embarazo los pezones están hipersensibles y hay numerosos cambios hormonales, lo que puede provocar que amamantar sea una sensación incómoda e incluso dolorosa.

También existe la teoría de que sea una forma natural de animar al destete o una necesidad inconsciente de que nuestros bebés crezcan. Así sucede en otras especies animales: llega un momento en el que las madres dejan de amamantar a sus crías y les animan a buscarse el alimento por sí mismas.

¿En qué se diferencia del D-MER?

D-MER son las siglas para Reflejo de Eyección de la Leche Disfórico (en inglés Disforic Milk Eyection Reflex). En este caso también aparecen sensaciones desagradables y molestas durante el amamantamiento pero, al contrario que en la agitación del amamantamiento, duran sólo los primeros minutos de la toma.

La razón parece estar en una caída brusca de la dopamina (una hormona y neurotransmisor liberado por el hipotálamo) al inicio del reflejo de eyección. En estos casos, saber que se trata de una entidad reconocida ayuda a las madres a disminuir la ansiedad, al igual que distraerse los primeros minutos de la toma.

¿Qué puedo hacer para evitarlo?

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Como no se sabe exactamente la causa, es difícil saber qué podemos hacer para evitarlo. Sin embargo, existen algunas estrategias que han ayudado a algunas madres a sobrellevar esta situación.

  • Identificar lo que nos pasa. Este primer paso es fundamental. Conocer lo que nos está sucediendo y saber que les pasa a otras muchas mujeres ayuda mucho. Hablarlo en un grupo de lactancia, con amigas o familiares o recurrir a algún profesional formado en lactancia materna puede ser de utilidad.

  • Tener alguna distracción mientras el niño mama: pensar en otra cosa, escuchar música, leer, mirar el móvil... En el caso de hacer lactancia en tándem, a veces ayuda concentrarse en el pequeño.

  • Disminuir el número de tomas. En el caso de niños más mayores, se puede negociar con ellos: hacer menos tomas y/o hacerlas más cortas, que sólo sean en un momento del día concreto...

  • Descansar. La agitación del amamantamiento se ha relacionado también con el cansancio y el estrés, así que descansar más podría ayudar a mitigar estos sentimientos.

La agitación por amamantamiento no suele durar siempre. Las madres que han conseguido sobrellevarlo y han podido continuar amamantando refieren que esos sentimientos disminuyen e incluso desaparecen. Sin embargo, en épocas de estrés o cansancio o con cambios hormonales pueden volver a aparecer. Algunas aguantan porque saben que es bueno para su bebé, otras porque recuerdan cuando la lactancia era algo placentero y feliz y ese recuerdo les empuja a seguir.

En algunos casos, ninguna de estas pautas funcionan y la situación se hace insostenible por lo que la madre decide destetar. Muchas madres se sienten culpables entonces, frustradas; pero también muchas manifiestan sentir alivio, pues la sensación de rechazo desaparece. Es importante tratar de alejar esa sensación de culpabilidad. La lactancia materna tiene dos partes, y si alguna de las dos no desea continuar, se produce el destete. Podemos llevar a cabo un destete respetuoso para que tanto la madre como el bebé lo lleven lo mejor posible.

En Bebés y más | Mi bebé rechaza el pecho: qué hacer ante una huelga de lactancia

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