Compartir
Publicidad
Publicidad

Objetos transicionales: el inicio del juego

Objetos transicionales: el inicio del juego
Guardar
1 Comentarios
Publicidad

Habrás observado alguna vez que tu hijo utiliza un osito, un trozo de tela, alguna almohadita u otro objeto que lo acompaña cuando tiene sueño, cuando duerme o está angustiado; también puede suceder que en esos momentos manifieste preferencia por ciertos vocablos, le agrade escuchar alguna música en particular o quizás escoja de entre tus abrazos aquel que sólo tú puedes darle. Estos objetos y fenómenos son su primera posesión, las puertas de entrada hacia la actividad lúdica.

El concepto de “posesión” nos remite a Winnicott, pediatra y psicoanalista inglés, quien afirma que “existe un estado intermedio entre la incapacidad del bebé para reconocer y aceptar la realidad y su creciente capacidad para hacerlo”. A este estado intermedio le da el nombre de espacio transicional. En él pueden darse fenómenos transicionales o aparecer objetos transicionales: una palabra, una melodía, una actitud maternal, la sábana de su cuna o cualquier otro objeto al cual el niño se aferra. A veces, el objeto transicional es la madre misma. Con estos recursos, construye sentimientos de seguridad de manera paulatina.

La postura frente a los objetos no es de juego sino de posesión. Lo sujeta, lo chupa, lo acaricia, lo besa, lo tira al piso: resistirá tanto el amor como el odio y todo tipo de ataques destructivos. Será el niño quien lo elija, no puede ser impuesto: él tendrá la posibilidad de crearlo. La textura, el olor tienen una significación especial, por lo que aconsejamos no lavarlo. Lo llevará a todas partes, siempre estará al alcance; si lo pierde es causa de tristeza. Estas actitudes suelen aparecer entre los cuatro y los ocho meses para desaparecer cerca del año, aunque es usual que algunos niños conserven ese muñeco o aquel almohadón durante varios años, más como recuerdo, como reminiscencia, que como objeto de apego.

Los objetos transicionales son normales y signos de una buena integración psíquica. Cuando los procesos de discriminación le permitan al niño diferenciar más entre sí mismo y los elementos del mundo externo, establecerá entonces relaciones de juego y no de posesión con los objetos.

Recuerda: el juego es importante, es la actividad por excelencia del niño e implica salud.

Temas
Publicidad
Comentarios cerrados
Publicidad
Publicidad
Inicio
Inicio

Ver más artículos