Por qué deberíamos educar en el asombro a nuestros hijos
Infancia

Por qué deberíamos educar en el asombro a nuestros hijos

Recuerdo como si fuese ayer la primera vez que viajé en avión. Mi padre había preparado concienzudamente ese momento para que fuese algo muy especial y que se me quedase grabado para el resto de mi vida. Lo logró, porque a día de hoy sigue siendo uno de los mejores recuerdos que tengo a su lado.

Lo mejor es que cada vez que repetíamos (no era muy a menudo, claro), la sensación era la misma de ese primer día: alegría, emoción, mariposas en el estómago por vivir de nuevo eso que nos gusta tanto a él y a mi. Hoy de mayor, me sigue pasando... me sigue asombrando cómo un aparato tan gigante puede volar, cuan maravilloso es el cielo cuando estás allí arriba, y como se quedan grabados a fuego los sentimientos, porque no puedo dejar de pensar en mi padre cuando cruzo la escotilla para abordar. Mi padre se encargó de darme algo que me hiciera sentir otra vez una niña, a pesar de tener más de cuarenta años.

En un mundo como el que vivimos actualmente, hiper competitivo y en el que sobreestimulamos a nuestros niños, educar en el asombro es una necesidad vital. Cultivar esa sensación de sorpresa que sientes cuando descubres algo nuevo, es una herramienta que les servirá para valorar lo que tienen (incluso las cosas más pequeñas), y para fomentar su curiosidad y su sentido crítico.

Vuelve de nuevo a tu infancia y sorpréndete con ellos por pequeñas cosas

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Para mantener vivo en un niño su innato sentido del asombro, sin contar con ningún don concedido por las hadas, se necesita la compañía  de al menos un adulto con quien poder compartirlo, redescubriendo con él la alegría, la expectación y el misterio del mundo en que vivimos. - Rachel Carson

Cuando somos mayores damos por sentado casi todo lo que ocurre a nuestro alrededor y olvidamos que los niños están viviendo constantemente miles de "primeras veces". Por eso se hace imprescindible bajar nuestro ritmo frenético de vida para compartir esas sensaciones y mostrarles que por muy pequeño que sea lo que estamos viviendo o presenciando, tiene un valor. Tan importante es llevarles de la mano a que descubran el mundo, como empatizar con ellos en sus emociones y asombrarte con ellos cuando algo les sorprende.

También es imperioso rescatar las emociones por las vivencias y quitarle importancia a los sentimientos que nos producen las cosas materiales. A los niños les hemos llenado de cosas y les hemos quitado tiempo precioso: suyo, al tener que cumplir con jornadas escolares exageradas, y nuestro, al tener que cumplir con nuestras obligaciones laborales sin tener apenas posibilidad de conciliar. Debemos volver a lo básico para que la infancia sea una etapa plena.

¿Cómo educar en el asombro?

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Los niños tienen una motivación y un deseo por descubrir que son innatos. El problema viene cuando los adultos no facilitamos esos espacios en los que se pueden desarrollar libremente porque su rutina diaria está hiper programada entre fichas del colegio y actividades extraescolares. En este caso la clave no es estimular, sino facilitar:

Potencia su curiosidad

Para hacerlo, lo mejor que podemos hacer es facilitar experiencias nuevas, permitirle un mayor contacto con la naturaleza y anímale a profundizar en sus propias preguntas.

Fomenta el juego libre

El juego libre es importantísimo en el desarrollo de los niños. Escoger con qué jugar, dónde jugar y cómo organizar el tiempo da rienda suelta a su imaginación y por ende, se convierte en una fuente inagotable de experiencias, de preguntas y de descubrimientos que hacen por sí mismos.

Responde a todas sus preguntas

Un niño siempre tendrá preguntas sobre el mundo que le rodea y sobre las experiencias del día a día (que, o nos pueden sonar descabelladas o abrumadoramente lógicas). Cuando tu hijo te pregunte algo, tómate tu tiempo para pensar, responder y escucharle. No hay nada más motivador para un niño que ver cómo captura por completo toda nuestra atención y como nos esforzamos para resolver todas sus dudas.

Improvisad

No todo tiene que estar preparado y con un guión establecido desde semanas antes. El factor sorpresa tiene un impacto muy positivo en el desarrollo de los niños, así que aprovecha esta herramienta para fomentar su capacidad de asombro. Llévales de picnic, de acampada, a un museo diferente, a una ruta senderista, o simplemente a un parque de tu ciudad con una lupa en la mano.

Acompáñale de forma paciente en su desarrollo

A veces suponemos que los niños necesitan más cosas para aprender más. En realidad lo que necesitan es más tiempo y más paciencia de parte nuestra para hacerlo: da igual que tenga 50 libros, si lo que el niño quiere es leer con su padre el mismo todas las noches, porque es el que le le gusta y le sorprende cada vez que lo ve. La repetición es fundamental para afianzar conocimientos y fomentar la atención por los detalles.

Cuando te implicas por completo en la crianza de tus hijos es necesario volver a ser un niño. Eso te permite disfrutarlo, vivir con intensidad cada uno de sus pasos y recordar que ellos son una prolongación nuestra. Cultiva en ellos esas mariposas en el estómago que sentimos cuando somos pequeños y algo nos asombra, porque cuando sean mayores, será un tesoro valioso al que siempre podrán recurrir cuando lo necesiten.

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