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El juego de la asfixia, un peligro mortal

El juego de la asfixia, un peligro mortal
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El otro dia estabamos estudiando la circulación sanguinea y vimos el recorrido de la aorta y la carótida. Nos tocamos el cuello para sentir la sangre y asi entender mejor como puja impulsada hacia el cerebro. Y entonces mi hijo recordó una cosa que me dejó sobrecogida: en el patio de su colegio los niños jugaban al juego de la asfixia o del pañuelo cuando estaban en infantil. Un peligro mortal.

El juego de la asfixia, un peligro mortal

El “juego de la asfixia” es un extrangulamiento voluntario, realizado solo o en grupo, con el objetivo de vivir una experiencia, de conocer nuevas sensaciones. Aunque parece inofensiva, especialmente para los niños, puede tener consecuencias muy graves, secuelas irreversibles y hasta producir la muerte.

Los niños pueden empezar a practicarlo, generalmente en el patio del colegio, a partir de los cuatro años y no supone un intento de suicidio, simplemente, en su origen, es un juego muy peligroso.

Comienzan jugando en un rincón del patio. Un compañero aprieta el cuello del otro, hasta hacer disminuir el riego sanguíneo o provocarle asfixia. La sensación es de mareo, hormigueo en los miembros, pérdida de visión y hasta desmayos.

Luego existe el riesgo de que el niño lo siga practicando en soledad, usando un pañuelo, una cuerda o un cinturón, lo que hace que, si hay un accidente, el peligro de muerte por asfixia sea mayor.

En Estados Unidos, por ejemplo, se calcula que que desde el año 1995 al menos 82 niños y adolescentes han muerto a consecuencia de esta práctica, aproximadamente el 1% de las muertes que se atribuyeron al suicidio, y usualmente el niño estaba solo y sus padres no tenían ni idea de que estuviera realizando estas prácticas.

Y es que para cualquiera, y especialmente para un niño, es muy complicado detectar el momento en el que el mareo producido por la falta de oxígeno y riego llega a implicar un grave riesgo de muerte o de secuelas neurológicas.

Los niños juegan por inocencia y por deseos de demostrar su valor, por buscar emociones intensas en un momento en el que, además, el riesgo parece ser un valor apreciado en la sociedad y que los mismos adultos buscan con comportamientos y deportes. Empiezan a jugar para sentirse poderosos o importantes, impresionando a los demás y también, posteriormente, por un disfrute extraño de sensaciones físicas al límite.

El juego de la asfixia en mi entorno

Me contó mi hijo que, cuando era pequeño, en el patio, sus amigos jugaban al juego de la asfixia, y que el pensó que eso no podía ser bueno, porque te cortaba el aire y la sangre y les aconsejó dejar de hacerlo pues pensaba que se podían morir. Pero, niño que era, no le dio mayor importancia y no se lo contó a nadie entonces, pero sabe que algunos siguieron experimentando.

No se trataba de un colegio especialmente complicado, más bien todo lo contrario. Había la vigilancia normal en los patios, pero esta, y no solo por este caso, siempre la he considerado insuficiente. El problema no es el colegio concreto, sino que esto se realiza y nadie está bastante atento o formado para detectarlo.

En España apenas tiene difusión este tema y desconozco si hay estudios sobre casos mortales o con secuelas de manera estadística, cosa que si se que hay en otros países, pero me asustó mucho descubrir que estaba sucediendo normalmente y sin ser detectado en el patio de su antiguo colegio.

De hecho, al comentarlo con mis amigos, muchos recuerdan que cuando eran niños se practicaba en en recreo y que ninguno, entonces, supo entender que era peligroso. Además, no lo recordaban hasta leerme, y tampoco, obviamente, ni los padres ni los maestros, habían pensado en explicarle a los niños lo peligroso que es.

Tampoco sabían si en sus colegios se practicaba, pues si no hay un caso con consecuencias, apenas llama la atención y tampoco hay una formación especial para prevenirlo o detectarlo.

El juego de la asfixia en España

Hace poco, en España, si saltó a los medios el caso de un niño que había fallecido como consecuencia de practicar esto que me cuesta llamar juego.

Entonces empecé a leer sobre el tema y llegué a la página de una asociación francesa de familias que han perdido un hijo por este motivo, APEAS. Terrible descubrimiento que creo que todos los padres es conveniente que conozcan. En la página, además de mucha información científica y recursos se puede leer el testimonio de padres que han perdido a sus hijos por este “juego” y que quieren luchar para que nadie pase por lo mismo.

La necesidad de prevenir

A veces nos asusta hablar con los niños de cosas horribles, temiendo traumatizarlos o animarlos, en cierto sentido, a intentar conductas de riesgo. En ese sentido yo siempre he estado tranquila, porque mi hijo es enormemente prudente, pero igualmente me siento culpable por no haberle explicado que a eso no se juega.

El explicar a los niños el peligro de este “juego” tiene un efecto disuasorio, estoy segura, y, en cambio, ofrecerles información poco adecuada y edulcorada les puede hacer pensar que no es tan grave. Es indispensable avisarles de lo peligroso que es.

Creo que si, que hay que hablarles de todo, llevando los temas a su nivel de comprensión y sin aterrorizarlos, pero mantenerlos en la ignorancia es mucho más peligroso. Por eso escribo este post, para que nuestros lectores sean conscientes de lo peligroso de estos comportamientos y para que sepan detectarlos y evitarlos.

Me he decidido a hablaros de esto porque precisamente, además, acaba de suceder otro caso, en Barcelona. Un niño de ocho años ha tenido que ser hospitalizado por jugar a colgarse con una toalla en el baño del colegio y casi podría haber muerto a consecuencia de la asfixia. Todo por un juego de apuestas a ver quien aguantaba más.

Prevención del “juego de la asfixia

La manera de actuar es primero la prevención, tanto en la escuela como en la familia, dando información que puede salvar la vida a los niños. Además, se puede detectar estando atento a signos como conversaciones sobre el juego, ojos inyectados en sangre, marcas en el cuello, dolores de cabeza, desorientación después de pasar un tiempo solos y la aparición, cuando son mayores, de cuerdas o correas en su habitación sin explicación lógica.

En la página de APEAS hay información en español suficiente, además de testimonios que las familias que han perdido a un hijo han contado o recopilado, con el deseo de evitar por todos los medios que otros niños sufran lo que sus hijos sufrieron.

Por todo esto os animo a estar preparados y a ayudar a vuestros pequeños a no caer en el llamado juego de la asfixia o del pañuelo, pues, y eso todavía me tiene sobrecogida, parece que a partir de los cuartro años hay casos en los que se puede producir.

Más información | APEAS

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