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Automotivación: la clave para que hagan actividades

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La realización de actividades deportivas, culturales y artísticas es una fuente de placer, de socialización sana y de aprendizaje, aumentan la autoestima si son llevadas sin competitividad enfermiza, fomentan la capacidad para conocerse a uno mismo y son, en definitiva, una de las cosas buenas de la vida. La clave para que realicen estas actividades es la automotivación.

Los padres, muchas veces, deseamos motivar a nuestros hijos para que desarrollen aficciones de este tipo pero no sabemos bien la manera de lograrlo. La clave es la motivación personal del niño. Ya pasan muchas horas en el colegio y cualquier actividad fuera de él debería ser placentera y elegida por ellos, siempre que sea posible. En el formato de extraescolares, con apoyo de especialistas que interactuan con toda la familia o con sus padres, elegir la actividad justa es importante.

Nuestras pasiones son contagiosas

Contagiamos a los niños nuestras pasiones: la lectura, la música, el deporte o la ciencia. Mantenerlos al corriente de nuestros sueños, nuestras aficciones y actividades, haciéndolos partícipes de ellas, les motiva y pone la semilla para que ellos aprendan a amarlas también.

Yo adoro la música clásica, el estudio de la Historia, la Mitología y la Antropología. Me gusta el cine clásico, la ciencia ficción y el teatro. Obviamente me gusta escribir y y transmitir mis conocimientos. Me encanta enseñar y el aprendizaje creativo. Mi hijo ha crecido en ese ambiente y se ha contagiado de mis pasiones. Incluso montar a caballo y nadar se han convertido en sus deportes favoritos. Estar a mi lado, verme leer y disfrutar con esas actividades creo que ha tenido un gran papel en fomentar esas aficciones en él.

Nunca presionar para que sean como nosotros

Sin embargo, nuestras pasiones no tienen que ser las mismas que las de nuestros hijos. Nuestro ejemplo y nuestra pasión es contagiosa, pero eso es muy diferente a que presionemos para que sigan nuestros pasos o consigan lo que nosotros no hemos conseguido.

Si a un padre le encanta el futbol, el ciclismo o la pintura, o quisiera haber podido tocar un instrumento o hablar francés eso no significa que a sus hijos les vaya a gustar lo mismo y no merecen que les presionemos para que lo hagan.

El ejemplo y el placer son motivadores. La obligación y la presión, no. Así que dejemos que nos sigan si quieren, pero nunca poniendo en ello excesivo énfasis, para permitirles a ellos que descubran sus propias pasiones y decidan por ellos mismos que actividades deportivas o creativas desean aprender y practicar.

Motivar con el ejemplo

Desde luego, y sin perder la perspectiva, el que los padres practiquen actividades culturales o deportivas tiene un efecto motivador para el niño. Si sus padres no abren un libro, puede que al niño le guste leer, pero lo hará más dificilmente que aquel que vive en una casa en la que la lectura es un hábito regular. Igualmente sucede con quienes realizan actividades artísticas como la música, el canto, la danza o la pintura habitualmente, o acuden a conciertos o al teatro.

Los niños necesitan moverse y la práctica deportiva tienen efectos positivos en ellos. Pero el deporte es opcional de forma organizada, nadie puede obligarte a que te guste practicarlo, competir o verlo como espectador.

Una buena idea es reforzar su autoestima y su confianza. Si cuando les hablamos de nuestras pasiones y los invitamos a participar de ellas, les reiteramos que pueden elegir libremente y que vamos a apreciarlos igual si a ellos no les gustan las mismas cosas. No dejéis pasar la oportunidad de decírselo. Estar seguro de que tus padres le aman y le respetan aunque no piensen o sean como ellos es uno de los mayores regalos que se le pueden hacer a un niño.

Ayudarle a elegir su actividad

Hay tantas cosas que hacer... ¿como puede saber un niño pequeño que deporte o actividad prefiere si no las conoce?

Partiendo de la importancia que tiene el ambiente y la familia, abrir las posibilidades siempre es positivo. Si llevamos a nuestro hijo a ver competiciones deportivas, conciertos, exposiciones y nos acercamos con él a las academias cercanas donde ofrezcan clases, le estaremos brindando un amplio abanico de posibilidades.

No pasa nada si lo dejas

Ya se que adquirir una raqueta, un traje de kárate o un instrumento es caro. Y puede ser frustrante que, al poco de haber empezado la actividad el niño nos diga que no quiere seguir. Hay que transimitirle que no pasa nada si deja la actividad previamente elegida.

Considero que es un error culpabilizarlo, decirle que hay que comprometerse y no dejar las cosas a medias y mucho más, obligarlo a ir aunque nos diga que no le gusta la actividad.

Los niños tienen derecho a equivocarse y a cambiar de opinión. Están aprendiendo y precisamente llevarlos a este tipo de actividades por primera vez es una oportunidad, ante todo, de aprendizaje sobre ellos mismos y su capacidad para elegir lo que les gusta y lo que no. Por tanto, si el niño nos dice que no quiere seguir con una actividad por el motivo que sea (no le gusta, se cansa, es aburrida o el instructor es antipático) no hay que forzarlo, ni directa, ni indirectamente, a seguir con la práctica.

Si le dejamos equivocarse aprenderá de sus errores. Si le dejamos elegir, aprenderá a hacerlo responsablemente. Si le permitimos expresarse libremente fomentaremos su confianza en nosotros y en ellos mismos. Eso precisamente refuerza la idea inicial: la automotivación es la clave para que hagan actividades, y la automotivación es libre.

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