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¿Puede enseñarnos algo tan lejano sobre la paleontología o la antropología enseñarnos algo sobre nuestros hijos? En mi opinión, muchísimo, posiblemente comprender nuestras características como especie y su proceso de hominización sea la mejor y más segura guía de crianza que existe una vez nos encontramos en un medio cultural diferente de aquel en el que nos desarrollamos como especie.
Primero, habría que señalar, de todos modos, que el ser humano es un ser cultural y somos capaces de adaptarnos a hábitats naturales muy diferentes y de cambiar nuestra cultura para adaptarnos a ellos. Un grupo humano mal adaptado a su entorno físico o histórico, termina por desaparecer, sea por extinción natural, sea por dominio cultural de otro grupo o por conquista y exterminio. Pero, en principio, los seres humanos podemos adaptarnos a casi todo y sobrevivir.
La Historia humana nos habla de civilizaciones muy diferentes. Unas, por ejemplo la espartana, buscaban criar guerreros fuertes y sin más vínculo emocional que la pasión por la patria. No en vano mataban a los bebés débiles, exponían a las más duras pruebas a los niños y valoraban, sobre todo, la capacidad de hacer la guerra y defender a Esparta. No se si serían felices, pero sin duda no es la forma de felicidad que esperamos ofrecer a nuestros hijos.
Sin acudir a referencias tan extremas, es evidente que nuestra forma de organización social, familiar, nuestros valores y creencias, nuestras normas y estructuras de poder difieren enormemente de una cultura a otra.
Volviendo al tema de la paleontología y la antropología, su importancia para entender al ser humano y especialmente, a nuestros hijos, sus reacciones y sentimientos, es muy válida.
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