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Desde el momento en que somos padres miles de dudas nos asaltan porque tememos hacerlo mal, porque mucha gente nos regala su opinión sabiendo o sin saber y porque volcamos muchas de nuestras ilusiones en nuestro hijo, deseando que tenga una vida mejor que la nuestra.

De saber si nuestro bebé va bien suelen encargarse los pediatras y enfermeras, que cada pocas semanas le hacen una revisión para ver cómo crece, cómo se desarrolla, cómo evoluciona y si es normal lo que hace o deja de hacer. Sin embargo, somos muchos los padres que deseamos saber cómo crece nuestro hijo y cómo se desarrolla, y de hecho es necesario que sea así porque los primeros que suelen observar que algo no va bien somos nosotros, que vemos a nuestros hijos a diario.

Por esta razón vamos a explicar algunas cosas que debemos tener en cuenta para saber si nuestro hijo está bien, relacionadas con su aspecto exterior.

El bebé recién nacido

Un bebé recién nacido tiene más para ofrecer de lo que nos pensamos, porque no sólo come, duerme y caga, sino que además es capaz de oler y distinguir el olor de su madre, puede vernos, sabiendo que está mirando a personas hasta el punto de poder imitar las caras, oye a su madre y conoce su voz, sintiéndose más a gusto escuchándola y viene “equipado” con varios reflejos que le ayudan en sus primeros derroteros por este extraño mundo en que vivimos.

Las primeras dudas de los padres: el aspecto exterior

Cada día desnudamos a nuestro hijo para bañarlo, cambiarlo, vestirlo o para tenerlo un ratito en contacto con nuestra piel haciendo eso que se llama “método madre canguro“, que tan útil es para que los niños estén tranquilos y ganen más peso. En esos momentos solemos darnos cuenta de algunas cosas que nos generan dudas, como granos, el pelo que se le está cayendo o manchas que no habíamos visto antes. Vamos a hablar de ello para conocer las posibles cosas que pueden generarnos dudas.

  • Ya nada más nacer se nos queda una cara un poco rara al ver a nuestro hijo cubierto del vérnix caseoso, una capa grasa que le servía de protección de la piel dentro del vientre materno. Siempre se le ha quitado al bebé enseguida, al bañarle, pero ahora no se hace porque se ha visto que no hace falta, pues se va yendo solo, y porque su piel sigue protegida fuera mientras lo tiene.
  • En la piel podemos ver también la presencia de bello en los hombros, la espalda y a veces incluso en la cara. Es el llamado lanugo, esa capita de pelo que luego desaparece a medida que pasan los días (o semanas).
  • Siguiendo con el pelo, a medida que nuestro hijo crece se va quedando sin pelo, porque va perdiendo el que traía “de serie” al nacer. Esto significa que se quedará calvo o calva durante un tiempo, a veces incluso con cara de abuelillo por llevar un peinado a lo Alfredo Landa, con pelo en los costados y atrás, pero sin él en la parte superior. Es normal y, lógicamente, poco a poco va saliendo pelo nuevo (excepto Caillou, todos los niños tienen pelo).
  • Podemos ver también algunas manchas en la piel, como la mancha mongólica o como angiomas, que son dilataciones de los vasos sanguíneos que hay bajo la piel y que le dan un tono rojizo a la mancha. En el segundo caso pueden verse en cualquier parte del cuerpo, aunque son habituales en la zona occipital, sobre la nuca. Tanto la mancha mongólica como los angiomas suelen desaparecer con el tiempo y por ello no hay que darles importancia.
  • En los dos primeros meses tienen granos en la cara, y no pocos. Suelen ser motivo de consulta y se suele preguntar qué crema hay que utilizar. La realidad es que no hace falta ninguna crema especial. Estos granitos, que muchos conocen como engordaderas, aparecen porque muchos poros de la piel de los niños están aún cerrados pero las glándulas sebáceas de la piel están ya funcionando. Al no poder salir el sebo al exterior se produce el grano, que a los pocos días desaparece solo.
  • Puede suceder también que tras haber estado varios días con un colorcito de piel más bien rosado le notemos que va cogiendo un tono amarillento. Es lo que se conoce como ictericia fisiológica, que suele ceder a los pocos días a medida que va haciendo caca (sacarlo al sol no sirve de mucho), o que puede persistir si el niño toma leche materna, momento en que pasa a llamarse ictericia por lactancia materna, que puede llegar a durar hasta tres meses, y que no requiere ningún tratamiento especial.

Dentro de unos días hablaremos de algunas cositas más relacionadas con los bebés y niños, para ver si están evolucionando bien o si es normal lo que tienen o lo que hacen.

Foto | vividexpressionsphotography en Flickr
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