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Hace unos meses me sinceré con todos los lectores de Bebés y más (como si fuera novedad… me paso el día hablando de mi familia) al decirles que no tenía muy claro si, tras dos hijos, ir en busca del tercero.

Pues bien, ahora el tercero está en camino y quiero explicaros mis primeras sensaciones. Es tan sólo un pequeño “garbancito” o quizás una “lentejita”, bueno, es más grande porque ya ronda los 6 cm, pero ya hemos podido verlo en ecografías y ya hemos podido escuchar su corazón.

Escucharlo suele ser el momento más emocionante de dicho evento, sobretodo en la primera ecografía, cuando aún tenía sólo ocho semanitas y al mirarlo no se apreciaba una forma definida. Ahora, con doce semanas, ya pudimos ver la imagen que tenéis arriba, un pequeño bebé que da sus saltitos y hasta saluda con la manita (a lo que mis hijos respondieron saludando también con la mano al monitor).

Las primeras sensaciones de un futuro padre

Mis primeras sensaciones ante mi futuro tercer hijo son una mezcla de ilusión, de alegría y de “madre mía, dónde me he metío”.

Este verano Aran, el pequeño, que tiene ahora dos años y medio, ha empezado a ser menos bebé y ha empezado a ser más niño, jugando más con su hermano y pasando también más rato conmigo e incluso solo, algo que apenas hacía tiempo atrás. Esto ha hecho que hubiera muchos momentos en los que papá y mamá nos viéramos con las manos libres, por decirlo de alguna manera, y observando a nuestros pequeños como dos niños con una gran autonomía y una menor dependencia.

Ahora que el camino se allanaba y ahora que podíamos empezar a ser más “libres”, embarazados de nuevo. Así es como explicaría la parte del “dónde me he metío”, al que habría que sumar la situación económica que atraviesa el país y la incertidumbre en la que nos movemos los profesionales sanitarios, que no sabemos si dentro de unos meses seguiremos manteniendo nuestro puesto de trabajo.

Por otro lado están la alegría y la ilusión, que lógicamente superan al punto anterior. Yo tengo 5 hermanos, así que sé lo que es vivir llevando ropa heredada, aprovechando los juguetes hasta que pierden el color, compartiéndolo todo con los demás y teniendo mucho menos de lo que los niños tienen ahora. Sé lo que es y la realidad es que no recuerdo que me faltara nada a nivel material porque no echaba de menos nada, quizás porque tenía hermanos con los que jugar o quizás porque el que no conoce la opulencia no la puede envidiar.

Con esto quiero decir que si en algún momento hay que apretarse el cinturón un poquito más, pues se aprieta. Una boca más no nos hará pobres, y menos una boca de un hijo mío, que si sale como sus hermanos no tendremos motivo para preocuparnos: son muy ahorrativos con la comida (vamos, que comen bien poco).

Este tercer hijo llega en el que considero es el mejor momento a nivel emocional, aunque en un momento algo peor a nivel físico. Ahora trabajo más, duermo menos, no tengo tiempo demasiado tiempo de hacer ejercicio y en general me encuentro más cansado que hace 6 años, cuando esperaba la llegada de mi primer hijo. Dicho así parece que tenga 50 años, pero no es así, tengo 32 años, así que a pesar de todo, aún me queda cuerda para rato y sigo estando fuerte y ligero (aunque me crujan ya unas cuantas articulaciones), por lo que problema para tener otro hijo, ninguno.

A nivel emocional me encuentro en uno de los momentos más estables de mi vida, que no quiere decir que esté estable, ojo, que madurar y aprender se hace durante toda la vida. Sin embargo poco queda del Armando que no sabía dónde se metía cuando decidió tener a su primer hijo, y ya está superada la fase de máxima lucha contra todo y contra todos del Armando que esperaba a su segundo hijo, nadando siempre contracorriente.

Ahora soy el mismo pero más tranquilo, más pausado (si cabe), más racional y más conciliador. Ahora vivo y dejo vivir (o lo intento), así que, en lo que a crianza respecta, he sabido hacerme un hueco con mis nuevos principios, he aprendido a defenderlos y (la última fase) he sabido aprender a vivir con aquellos que ni los siguen, ni los aceptan. Dicho de otro modo, he sabido ser tolerante y respetuoso con los que no lo han sido conmigo, y eso da mucha paz.

A la hora de cuidar y criar al que será mi tercer bebé, tengo la tranquilidad de considerarme ya un padre con licenciatura (5 años de experiencia) y la serenidad de saber que tendré la paciencia necesaria para tirar adelante (o eso espero, porque no es lo mismo un niño que tres, a la hora de mantener la cabeza en su sitio). Si la perdiera, pues ya me espabilaré para encontrarla de nuevo, que mi próximo hijo se lo merece.

¿Y cómo está mamá, en su tercer embarazo?

Si me preguntáis por la madre, sólo decir que este tercer embarazo está siendo el peor de los tres. Muchas náuseas, unos mareos horribles, el calor del verano y la sensación de impotencia al no poder hacer todo aquello que antes sí hacía hacen de este primer trimestre el peor que nunca ha vivido.

Esperemos que ahora que ha cumplido doce semanas se vayan todos estos molestos síntomas, para que pueda empezar a disfrutar de la gestación como se merece.

Seguiremos informando…

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