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Llegamos a los ocho meses en nuestro calendario del bebé y notamos que nuestro bebé empieza a hacerse un poquito más mayor y que podemos interaccionar más con él, a la par que él interacciona más con todo su entorno.

La cara se le empieza a alargar un poquito, el pelo va creciendo y poco a poco va dejando de ser el bebé que necesitaba todos nuestros cuidados para pasar a ser un pequeño explorador con más ganas de ver y tocar que posibilidades reales de hacerlo (sus ojos van por delante de su cuerpo).

En referencia al sueño y a la alimentación, no hay muchos cambios. Algunos bebés siguen sin aceptar comida alguna y otros sin embargo son capaces de devorar lo que se les ponga por delante. Vamos a tratar de explicar a continuación todo lo que acontece en el periodo en que el bebé tiene los citados ocho meses.

Alimentación en el bebé de ocho meses

Como he comentado, no hay mucho que los papás y mamás debamos hacer en esta etapa. La mayor parte de los alimentos se pueden empezar a dar a partir de los seis meses, así que durante el octavo mes sólo tenemos que ir ofreciendo más variedad.

Si ya le hemos dado pollo, podemos darle también conejo, cordero, ternera o pavo. Pueden ir comiendo arroz, verdura, legumbres si no les sientan mal, etc. y deberíamos darles alimentos con gluten si es que no lo hemos hecho ya previamente (aconsejable a partir del sexto-séptimo mes, como nos comentó Mireia al hablar del séptimo mes del bebé), siempre en poca cantidad.

Si a los seis meses empezamos a darles comida triturada puede ser un buen momento, dado que tienen una mayor habilidad psicomotriz con las manos y una grandísima curiosidad por todo lo que les rodea, para que empiecen a comer trocitos.

Hacer lonchas de fruta (manzana, pera), pelar una parte del plátano y dejarle la base con cáscara para que lo agarre, hacer ensaladilla rusa y ponerle en su mesa diversos trocitos de zanahoria, patatas, guisantes,… para que los vaya cogiendo y conociendo o darles la punta de la barra de pan puede ser un buen comienzo para que se adentren en el mundo de los alimentos tal y como son.

El sueño a los ocho meses de edad

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No existe una pauta de comportamiento estándar para los bebés a esta edad. Algunos bebés dormirán toda la noche del tirón (los menos) y otros seguirán despertándose varias veces durante la noche (la mayoría).

Algunos incluso se despiertan más a menudo porque ahora han aprendido a moverse por sí mismos, a reptar, a mantenerse sentados y parece como si, incluso durmiendo, quisieran probar sus nuevas habilidades.

Muchas madres se los encuentran en esta época agarrados a los barrotes de la cuna, de pie y las madres que colechan ven como el bebé que dormía plácidamente a su lado ahora aparece, en medio de la noche, en los pies de la cama. Puede ser un buen momento, si no lo habéis hecho ya, para poner medidas de seguridad que eviten una posible caída.

Socialización y lenguaje en el bebé de ocho meses

A esta edad los niños son capaces de entender que las cosas que desaparecen pueden volver a aparecer. Podemos jugar con ellos al escondite y, si tras escondernos detrás de algo o alguien, aparecemos de manera alternativa por la derecha o por la izquierda, acaban desviando la mirada hacia el sitio correcto antes de que aparezcamos.

Cuando les vestimos empiezan a colaborar con nosotros, estirando el brazo para que pase a través de la manga o haciendo algo de fuerza con la cabeza para que entre mejor la camiseta.

Algunos empiezan a imitar gestos (cerrar la manita para decir “adiós”, hacer “los cinco lobitos”) e incluso se arrancan diciendo “ma-ma” o “pa-pa”. Se dice que lo dicen de manera inespecífica, es decir, porque han aprendido a decirlo, pero sin saber todavía cuál es el significado de las palabras “mamá” y “papá”.

La angustia de separación

Hacia el octavo mes aparece la llamada angustia de separación. Se trata de la ansiedad y el malestar que sufre el bebé cuando se separa de su referente primario, su cuidador principal, que suele ser la madre.

El bebé que había sido extrovertido y que “se iba con cualquiera” se vuelve arisco de repente y llora cuando un desconocido hace ademán de cogerle o le coge pidiendo casi a gritos el retorno a los brazos maternos.

Lejos de ser un problema, la angustia de separación demuestra que el bebé ha desarrollado una relación significativa con la madre, es decir, que cuenta con ella, que es lo que un bebé de esa edad tiene que sentir, que mamá estará siempre cuando la necesite.

Este fenómeno puede ocasionar problemas si es mal entendido. Muchas personas pueden no encajar bien el llanto del bebé en sus brazos y pueden llegar incluso a culpar a la madre: “¿ves?, de tanto cogerlo en brazos ahora no quiere estar con nadie”. Esto es injusto e incierto. El niño sólo quiere estar con la madre porque se ha dado cuenta de que existe como persona y de que su madre puede irse en cualquier momento (aunque sea al lavabo) y dejarle solo y, como no tienen conciencia del tiempo que pasa, solicitan la presencia inmediata de su madre aún cuando hayan pasado diez segundos (“pero mamá, ¿dónde has estado todo este tiempo?”).

Desarrollo corporal a los ocho meses de edad

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A los ocho meses de edad muchos niños empiezan a coger los objetos con más precisión y para ello emplean la llamada pinza superior, nombre que recibe el acto de hacer pinza (valga la redundancia) con los dedos índice y pulgar para coger objetos (la misma pinza que hacemos nosotros para coger una miga de pan).

La mayoría de los niños son capaces de mantenerse sentados sin apoyos y, los que aún se tambalean un poco, hacen el “paracaídas lateral”, que no es otra cosa que echar la mano al suelo para frenar una posible caída en caso de inclinarse hacia un lado.

El suelo forma parte ya de su hábitat natural y son capaces de girarse, de reptar y algunos incluso de gatear. Los más avispados se sostienen ya de pie y empiezan a buscar agarres para trepar.

Lo más probable es que a esta edad no quieran estar tumbados ni para cambiarse el pañal. El techo es aburrido y el tiempo que están vistiéndose y desvistiéndose es tiempo que podrían estar dedicando a jugar, a observar, a escuchar, etc. Les encanta estar sentados y de pie (sobretodo de pie, los que se empiezan a mantener en esta posición).

Caminador ¿sí o no?

Son tantos los ratos en que el bebé quiere estar de pie que muchos padres se plantean la posibilidad de comprarles un caminador.

Lo cierto es que los caminadores están desaconsejados por dos motivos: por peligrosos y porque el tiempo que pasan en ellos es tiempo que no están en el suelo.

Son peligrosos porque cuando el niño aprende a utilizarlos es capaz de moverse con libertad por la casa con todos los peligros que ello conlleva (vuelcos, caídas, coger cosas que no deberían estar a su alcance, etc.) y son perjudiciales porque donde un niño aprende realmente a moverse es en el suelo.

En el suelo tiene la soltura para ir adquiriendo nuevas posturas que desarrollan sus músculos de un modo harmónico. Cuando se fuerzan las posturas (si los sentamos cuando no están preparados o si los mantenemos de pie en un caminador cuando aún se tambalean demasiado) los músculos se desarrollan de manera asimétrica y los movimientos pasan a ser más erráticos.

Además, el andador puede hacer que se salten la fase de gateo, ya que al estar de pie y moverse con un caminador, no necesitan desplazarse por el suelo. No es que sea obligado gatear, porque muchos niños no gatean pese a vivir en el suelo, sin embargo es recomendable porque aporta muchos recursos de movilidad a los niños.

Dentro de unos días seguiremos con nuestro calendario del bebé explicando cómo se desarrolla el bebé de nueve meses.

Fotos | Flickr (Upsilon Andromedae), Flickr (lawyermama), Flickr (Joe Shlabotnik)
En Bebés y más | Calendario del bebé

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