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las bebidas gaseosas

¿En qué medida subir los impuestos de las bebidas azucaradas haría que menos niños las tomaran? ¿Es efectivo subir el precio de alimentos poco beneficios para la salud si la medida no va acompañada de información al consumidor? Son cuestiones que nos planteamos al conocer que en el Reino Unido se propone aplicar un impuesto a las bebidas azucaradas para disminuir su consumo.

Más de setenta organizaciones de este país, incluido el Colegio de pediatras y la Sociedad para la Salud Pública, apoyan la propuesta con el fin de mejorar la dieta infantil.

Estas asociaciones suscribieron hoy la iniciativa de la ONG Sustain, que señala que con un gravamen equivalente a 23 céntimos de euro por litro se recaudarían al año 1.170 millones de euros que a su vez podrían invertirse en más fruta y mejores comidas en las escuelas. Algo para lo que, por cierto, se debería destinar más dinero público en cualquier caso.

Además ese impuesto podría disuadir de la compra de ese tipo de refrescos, que como hemos visto en el blog, generan problemas dentales, sobrepeso y obesidad y también podrían estar relacionados con una mala salud coronaria y otros problemas que reportan un elevado gasto a la sanidad pública.

Sustain, con el respaldo de las otras entidades, ha pedido al ministro de Economía que incluya ese impuesto en el presupuesto anual del Estado que presentará el próximo 20 de marzo. Estaremos atentos para ver si se incluye finalmente.

Como es lógico, a pesar del apoyo que ha recibido la propuesta también cuenta con voces en contra, y la Asociación británica para los refrescos señala que un impuesto sobre esas bebidas no logrará el objetivo de mejorar la dieta, ya que según ellos estas bebidas solo aportan un 2% de calorías a una dieta media.

Es decir, que mientras haya afición por la comida basura o la bollería industrial (y no se haga nada contra ella) entre otras muchos alimentos, no hay nada que hacer. Y aunque es cierto que hay muchos otros frentes, también lo es que los refrescos y bebidas azucaradas en general tal vez estén en la cabeza de productos que se perciben como inocuos.

Lo que faltaría, en mi opinión, es que hubiera más información sobre los efectos nocivos de estas bebidas (y otros muchos alimentos), una campaña educativa para padres e hijos en las escuelas, y la promoción de hábitos saludables de nutrición, actividad física…

Si un niño toma un refresco de vez en cuando no va a pasar nada. El problema es cuando estas bebidas son consumidas a diario y sin control, y si a ello sumamos el sedentarismo o el consumo de otros alimentos altos en grasas y azúcares, estamos poniendo una alfombra roja a la obesidad y a los problemas que hemos señalado.

Vía | El Comercio
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