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Historias de madres: "La maternidad no se persigue, se recibe"‏

Historias de madres: "La maternidad no se persigue, se recibe"‏
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Un día más os ofrecemos una historia de madre de las que nos estáis enviando (por cierto, muy emotivas), con motivo de la celebración dentro de unos días del Día de la Madre.

Hoy es el turno de Esther, mamá de Joel, de siete meses y medio. Esther nos explica cómo fue el largo y tedioso camino que tuvo que recorrer hasta el momento de ser madre, gracias a la reproducción asistida.

Ella ha titulado su historia: Recibir la maternidad. Podéis leerla a continuación:

Nadie debería ver como su deseo por ser madre se transforma en frustración, en ilusiones rotas, en tristeza. Como algo que se inicia con el fin de enriquecer tu vida te acaba empobreciendo y reduciendo a un ser que anhela lo que no tiene, espera lo que no llega y se pierde todo lo demás. Pero pasa, al menos a mi me pasó y durante mucho tiempo mi deseo por tu llegada se transformó en angustia por tu ausencia. Por suerte, aunque el camino fue duro, en él encontré personas maravillosas que me ayudaron a ser mejor madre para ti. Alguien me dijo “La maternidad no se persigue, se recibe” y ahí empecé a disfrutar del camino, a dejar de sufrir, a dar valor a lo que ya tenía y a esperar a que quisieras aparecer en mi vida en lugar de correr a ciegas detrás de ti. Gracias a la espera aprendí qué era el porteo, el colecho, el apego, que había otras formas de ser madre. El tiempo de espera dejó de ser tiempo perdido y pasó a ser tiempo bien invertido. Por fin el 18 de diciembre del 2008 vi las ansiadas dos rayas en un test, existían de verdad y significaba que tú estabas ahí. No te voy a engañar, pasé mucho miedo, miedo a perderte, a no llegar a verte, a que no te quisieras quedar.
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El día que naciste no salió como esperaba, una cesárea de urgencia cambió el escenario que había imaginado para nosotros, pero al ver tu cara, oír tu llanto lleno de vida, de energía y de esperanza me dio igual el escenario. Tú ya estabas aquí y cuando colocaron tu cabecita perfecta y hermosa junto a la mía, oíste mi voz rota por la emoción y dejaste de llorar, abriste tus ojos buscando mi cara y por fin nació una mamá. Todo el dolor, la espera, el anhelo y el tiempo se difumina, se esfuma al verte crecer, al examinar tu cuerpecito perfecto y tu carita redonda. Sé que eres lo mejor que he hecho jamás y todo el tiempo invertido ha merecido la pena. El 31 de Agosto empezamos una nueva vida, infinitamente mejor y más rica de lo que habría podido imaginar y también llena de esfuerzos por mejorar, por crecer, por aprender. Gracias por regalarme la oportunidad de ser tu madre.

Agradecemos a Esther que nos haya mostrado este pedacito de su vida y os recordamos que si como madre queréis compartir con nosotros vuestra historia como ya lo han hecho otras mamás, podéis hacerlo enviando el relato, que debe tener una extensión de entre 5 y 8 párrafos, a historiasdepadres@bebesymas.com con una o dos fotos (mín. 500 px de ancho) en la que salgáis junto a vuestro hijo o hijos.

En Bebés y más | Mamá, cuéntanos tu historia, Historias de padres

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