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Nacer por cesárea podría duplicar el riesgo de alergia a la proteína de la leche de vaca

Nacer por cesárea podría duplicar el riesgo de alergia a la proteína de la leche de vaca
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Como ya hemos dicho en otras ocasiones, la proteína de la leche de vaca es la primera causa de alergia en la infancia. Cuando esto le sucede a un bebé, las madres que amamantan tienen que dejar de consumir lácteos y alimentos que puedan contener dicha proteína, y el bebé no puede probar tampoco alimentos que con proteína de leche de vaca hasta que se lleven a cabo las soluciones pertinentes y las pruebas demuestren que la alergia ya no existe.

Ante tantos inconvenientes, los expertos llevan tiempo indagando para descubrir cuáles son los motivos de dicha alergia, y cuál el mejor modo de prevenirla, si es que existe algún modo de hacerlo. Lo último que han descubierto es que los bebés que nacen por cesárea podrían tener el doble de riesgo de acabar teniendo esta alergia que los que nacen por parto vaginal.

La clave es la flora intestinal

Son muchas las investigaciones que están demostrando que nuestra flora intestinal (también conocida como microbiota) tiene un papel clave en las intolerancias, alergias e incluso en otras enfermedades de tipo autoinmune. Por eso es importante que la cesárea, que además conlleva otros riesgos asociados, se lleve a cabo cuando sea necesario y no como primera opción sin que haya indicación médica (hay países en los que los médicos dejan elegir a las mujeres, en un acto totalmente desaconsejado por la Organización Mundial de la Salud).

Para llegar a esta conclusión, investigadores del Hospital Pirovano de Buenos Aires, en Argentina, han llevado a cabo un estudio bajo el título "¿Es el parto por cesárea un factor de riesgo para el desarrollo de APLV en lactantes argentinos?", en el que, entre 2010 y 2014, se analizaron los datos de 238 bebés de siete meses, con un peso medio de 3.149 gramos al nacer y con síntomas de alergia a la proteína de la leche de vaca (APLV). Al ver cómo habían nacido estos bebés, vieron que el 56,3% de ellos nacieron por cesárea y que el 43,7% restante mediante parto vaginal.

La investigación se ha publicado en la revista Journal of Pediatric Gastroenterology and Nutrition, y según leemos en Telam, Boggio Marzet, quien dirigió el estudio, habla así de los resultados obtenidos:

La conclusión principal es que aquellos niños que no transitan el canal vaginal tienen el doble de riesgo de desarrollar ese tipo de alergia y también reacciones tardías como reflujo gastroesofágico y cólicos, aunque no es el único factor que condiciona. El bebé recibe de su madre esos primeros gérmenes beneficiosos por nariz y boca durante su paso por el canal vaginal y se alojan en su intestino. En contrapartida, los primeros gérmenes que reciben aquellos que nacen por cesárea son los que circulan en la sala de parto, que no lo ayudarán en el desarrollo de su sistema inmunológico en el intestino.

Aún hay más riesgo en otros supuestos

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En caso de que durante el parto sea necesario administrar antibióticos a la madre, si el nacimiento es prematuro o si no toma leche materna, el riesgo de alergias es aún mayor, porque la microbiota del bebé estará alterada, siendo muy diferente a la que habría tenido en el supuesto de que todo hubiera sucedido según el orden natural de las cosas: parto vaginal a término, sin medicación, y lactancia materna posterior.

Posibles soluciones

Obviamente, porque el único riesgo de una cesárea no es este, la mejor solución es que los profesionales de la salud aboguen por un parto lo más normal posible, dejando actuar a la mujer (y a la madre naturaleza) y dándole apoyo y cariño para que se sepa capaz y tenga confianza en sus posibilidades (vamos, que la cesárea se haga solo si hace falta).

En caso de que tenga que hacerse, hay otras posibles soluciones para paliar las modificaciones de la flora intestinal que se producen tras una cesárea. Por un lado, cabe la posibilidad de utilizar el método de la gasa introducida previamente en la vagina de la madre, que se pasa por la cara del bebé después de la intervención. Si están descartadas enfermedades que puedan transmitirse de este modo, parece ser útil en este sentido.

Otra solución es amamantar al bebé, lógicamente, para que tenga todas las bacterias de la madre, que su cuerpo ya conoce porque se ha gestado dentro de ella.

Y luego está la opción de tener animales peludos en casa. Como dijimos hace no mucho, los beneficios de compartir espacio con ellos se ven incluso a los tres meses de edad, reduciéndose el riesgo de alergias y hasta de obesidad.

Por suerte, la APLV tiene buen pronóstico

Y si a pesar de todo esto un niño acabara teniendo alergia a la proteína de la leche de vaca, pues ya se sabe: evitar todos los alimentos que puedan contenerla (lo cual puede ser bastante duro para algunos niños y familias, pero es que no queda otra) y seguir los controles que sean oportunos, puesto que muchos niños consiguen superarla antes de los tres años de edad.

Fotos | iStock
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