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Alimentación complementaria: otros alimentos

Alimentación complementaria: otros alimentos
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Tras hablar de los diferentes grupos de alimentos quedan por comentar algunos elementos que forman parte de nuestra dieta habitual que por una u otra razón deberían retrasarse en la dieta de los bebés y hoy hablaremos de esos otros alimentos.

Sal (Cloruro sódico)

Se utiliza para condimentar las comidas y potenciar el sabor. No conviene abusar de ella por su relación con enfermedades en la edad adulta y tampoco es especialmente necesaria dado que todos los alimentos contienen diferentes cantidades de minerales y el organismo obtiene el sodio y el cloro que necesita a partir de ellos.

Los niños tienen predisposición por el sabor dulce y por el salado, y poner sal en las comidas puede hacer que coman más (porque les gusta) de lo que realmente necesitan. Actualmente los niños están tomando más sal que la que deberían. Es mejor acostumbrar a los niños y niñas a los sabores naturales.

Azúcar

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Muy poco recomendable incluso para los adultos. Se trata de un producto refinado al que le quitan fibra, minerales, vitaminas y oligoelementos para poder ser extraído.

Todo esto de lo que el azúcar ha sido desprovisto es exactamente lo que precisa para ser metabolizada en nuestro cuerpo, de esta manera el azúcar roba estos elementos de nuestro cuerpo. Se dice por tanto que tiene un importante efecto desmineralizador, tanto a nivel dental como a nivel sistémico, acidificando la sangre y robando el calcio de los huesos (el calcio se libera al torrente sanguíneo para equilibrar el pH de la misma).

Al no aportar ningún nutriente son calorías vacías, es decir, aportan energía pero no minerales ni vitaminas, ni fibra, ni los oligoelementos que se le han extraído y lo que un bebé necesita es precisamente todo lo contrario, alimentos que aporten energía pero también nutrientes.

Por otra parte hay que tener en cuenta que los bebés ya tienen, como hemos dicho, predisposición por los sabores dulces. El resto de sabores los debe “aprender” poco a poco. Si endulzamos sus alimentos para que los acepte mejor estamos enmascarando su sabor real y predisponiéndole a que sólo le gusten los alimentos dulces (o rechace con más facilidad las otras gamas de sabores).

La miel

La miel es la alternativa natural al azúcar. Endulza igualmente y es algo (solo algo) más sana (tienen gran cantidad de azúcares simples y también acidifica la sangre y desmineraliza los huesos, aunque menos).

La miel también tiene un sabor dulce, por lo que no deberíamos abusar de ella. Puede contener además esporas de Clostridium Botulinum, que pueden ser absorbidas por el intestino inmaduro del lactante produciendo botulismo.

Se desaconseja su consumo en menores de 1 año.

Algunos autores la consideran altamente alergénica y aconsejan que se empiece a ofrecer a los 3 años.

Frutos secos

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Los frutos secos son semillas desecadas. Tienen un alto contenido energético por su porcentaje lipídico y aportan proteínas, calcio y hierro.

Hace unos meses hablábamos de ellos en Bebés y más y se recomendaba su introducción en la alimentación a los dos años. AESAN recomienda que no se ofrezcan hasta los tres años para evitar posibles reacciones alérgicas.

Otro factor clave a la hora de establecer el mejor momento para dárselo a los niños es la posibilidad de atragantamiento, hay literatura que establece el mejor momento hacia los 4-5 años para evitar esto mismo.

El cacahuete es responsable de muchas de las reacciones alérgicas graves y dado que cada vez se encuentra en más alimentos (como aditivo) la frecuencia ha aumentado.

Aceite

Se recomienda el uso de aceite en la alimentación complementaria para aumentar las calorías de las papillas o comidas (con las verduras sobretodo, muy bajas en calorías) y para dar sabor. Mejor el de oliva.

Alimentos integrales

La alimentación ideal para los bebés y para los adultos es aquella en que se consumen los alimentos de la forma más parecida a su presentación en la naturaleza.

Esto quiere decir que es mejor comer alimentos integrales ya que mantienen íntegros los componentes esenciales para el equilibrio del organismo. Son, además, ricos en fibras y facilitan por lo tanto el tránsito intestinal.

Se recomienda que empiecen a tomarse a partir de los dos años en pocas cantidades para que vayan asimilando la cantidad de fibra que contienen de manera paulatina.

Más información | AEPAP, Medicina Naturista (pág. 197), El dedo en la llaga, AESAN Foto | Flickr (Kelly Sue) En Bebés y más | Consumir poca sal durante la infancia equivale a una mejor calidad de vida en la edad adulta, ¿Por qué los niños necesitan comer azúcar?, La miel, un riesgo en la alimentación del bebé, Prevenir la alergia a los frutos secos

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