
Estamos en época hivernal, en pleno apogeo de toses, mocos y fiebres, época en que los niños además empiezan a sufrir más infecciones que además se acompañan de fiebre.
La fiebre, como hemos dicho en otras ocasiones, no es una enfermedad que haya que medicar, sino un síntoma al que hay que tener en cuenta por si acaso. Es un mecanismo de defensa y lucha del cuerpo contra las infecciones, básicamente porque los virus y las temperaturas elevadas no se llevan demasiado bien, es decir, a más temperatura, más está luchando el cuerpo contra el virus y más probabilidades tiene de ganar.
El problema es que si la fiebre es muy elevada, o si sube demasiado rápido (esto también hay que controlarlo), se puede producir una convulsión febril, que es benigna pero suele dar bastante miedo a los padres (lógico). Por eso a estos niños es mejor darles algo para la fiebre, además de las típicas medidas caseras (compresas con agua templada, baño templado y quitar ropa), siendo los fármacos más utilizados el paracetamol y el ibuprofeno (más conocidos como Apiretal y Dalsy).
Lo que pasa es que los niños no siempre pesan lo mismo, porque van creciendo y engordando, y siempre nos queda la duda de cuánto ibuprofeno y cuánto paracetamol tiene que tomar nuestro hijo.





