Las madrastras (y padrastros) ya no son lo que eran: decálogo para que funcione la nueva familia

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Gran familia reconstituida

Las familias reconstituidas, formadas por madres y padres que ya no están con la pareja con la que tuvieron los hijos, son cada vez más habituales. Puede que sea ella la que aporte hijos a la nueva familia, puede que sea él, o que ambos tengan hijos de relaciones anteriores.

Crear una nueva familia puede ser difícil para todos, pero tradicionalmente “la mala de la película” había sido la madrastra. No obstante, las madrastras de cuento han dejado paso a otras más humanas, que se llevan bien con sus hijastros y no desean hacerles la vida imposible. Lo mismo sucede con los padrastros.

Tal vez el hecho de que las madrastras fueran tan “raras” antiguamente las hiciera tomar ese rol de malas en los cuentos. O tal vez simplemente sea que encarnan un prototipo universal: el de la persona celosa que no quiere compartir el amor de su pareja, ni siquiera con los hijos de esta.

Pero hoy las madrastras y padrastros son cada vez más habituales. Y por suerte, más reales que los de los cuentos. Y, aunque toda familia tendrá sus problemas (incluidas las más tradicionales) está en las manos de los progenitores facilitar a los niños la integración en el nuevo núcleo familiar.

Madrastra Blancanieves

Consejos para que funcione la familia reconstituida

Existen ciertas recomendaciones para que entre los miembros de las familias reconstituidas se establezca una buena relación. Hemos de pensar principalmente en los niños y su bienestar, pues para ellos no es fácil adaptarse a un cambio tan grande.

  • Cuando se va a iniciar la convivencia, hay que tener expectativas realistas y que se puedan cumplir. Es necesario un tiempo de adaptación para todos en la familia, y gracias a la convivencia poco a poco todos se conocerán mejor. Sentirse cómodos en el nuevo hogar no es cuestión de días.
  • Hay que ser flexible, no angustiarse y enfrentarse a los problemas que surjan con positivismo. El buen humor puede ser una buena ayuda en muchas situaciones conflictivas o preocupantes.
  • Es fundamental intentar establecer unas bases sólidas de una nueva familia, aunque lleve su tiempo. Hay que organizar actividades en familia en las que participen todos para crear así una identidad familiar, empezar a compartir buenos momentos y crear buenos recuerdos en común. Viajes, excursiones, juegos… Crear unas costumbres de los que disfruten todo hará que los niños deseen que llegue ese momento.
  • Del mismo modo que no queremos a una pareja desde el primer momento, hay que darnos tiempo para querer a los hijastros, y que ellos nos quieran. No forzaremos situaciones, es normal sentirlos extraños o sentirnos fuera de lugar al principio. Basaremos la relación con ellos en la confianza mutua y el respeto.
  • Podemos equivocarnos en este camino, y hay que saber reconocer los errores, y pedir ayuda si es necesario, a la pareja, a los amigos, o a los mismos hijos.
  • Practiquemos la honestidad, escuchando activamente sin criticar o juzgar a los demás. Esto es válido tanto para escuchar a los hijos del otro, como a los propios, a la pareja o a los padres biológicos de los hijastros en lo que tengan que decirnos.
  • Es conveniente evitar situaciones confusas dejando claro cuál es nuestro papel en la familia, un papel que habremos definido con nuestra pareja. Qué responsabilidades tenemos, qué espacio les dejamos a los niños, cómo nos relacionamos con el padre o la madre…
  • Y llegamos a un punto importante. Con la madre o el padre de los niños probablemente no tengamos una relación de amistad, pero sí hay que intentar que sea una relación positiva o al menos lo más neutral posible. Hay que aceptar que quieran participar en la vida de sus hijos y permitirlo.
  • La comunicación es básica en cualquier relación, también en las familias reconstituidas. Hay que comunicarse de forma efectiva, pedir perdón cuando sea necesario, transmitir nuestros miedos, enfados, dudas… y también las alegrías.
  • Como hemos adelantado, la convivencia no es perfecta ni para las familias con madrastras o padrastros, ni para las demás. Seamos conscientes de esto: los baches se verán menos profundos y nos será más fácil salir.

Enfrentarse a los retos de la nueva familia con optimismo es fundamental, nos encontraremos con problemas como los hallamos en cualquier familia. No obsesionarse con las dificultades de una familia reconstituida, ni empezar a formarla con prejuicios, es básico para una buena convivencia.
 
Al final, hay que pensar que es por el bien de los niños que tenemos que intentar que la familia reconstituida acabe siendo eso, una familia, con una sólida base de afectos mutuos, que tal vez lleguen con el tiempo.

Esperamos que este decálogo para que funcione la nueva familia, con madrastras o padrastros que ya nada tienen que ver con los de los cuentos, os sea de utilidad. Así los hijos tuyos y/o los míos pasarán a ser “los nuestros”.

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