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pegar a los niños

A todos los ha sucedido el asistir, asombrados, a escenas en las que un padre le pega a su hijo, pero nos quedamos sin saber bien que hacer. La reacción de indignación, de empatía hacia el niño que sufre la agresión, la rabia del padre o la madre que están pegándole al niño, nos remueven por dentro pero no sabemos exactamente cual es la mejor reacción. Cuando vemos que un padre le pega a su hijo, ¿que debemos hacer?

Si somos conscientes de que la violencia solo genera violencia y que, como nos contó el psicólogo Ramón Soler en una entrevista que le hicimos en Bebés y más, nunca hay justificación para pegarle a un niño, nuestra reacción instintiva será actuar, echarle en cara al padre su violencia y confortar al niño. E incluso interponernos y defender al pequeño. Es una reacción lógica, la misma que tendríamos si viéramos que un hombre agrede a su mujer. Y es lógico. Pero no siempre será la actitud más acertada para evitarle al niño mayores daños.

Los mecanismos de la violencia contra los niños

Cuando una persona le pega a su hijo en público puede suceder que lo haga habitualmente cuando pierde los nervios o el niño hace algo que considera incorrecto. Pero si lo hace en medio de la calle, posiblemente esto suceda también en casa. Y seguro que piensan eso de “esto se ha hecho toda la vida y no ha pasado nada”. Bueno, si pasa, que se sigue pegando a los niños.

No me refiero a una paliza, en ese caso, sin duda, hay que actuar pues ante todo hay que proteger al menor y además, avisar a las autoridades.

Me refiero a esas escenas tan normales en las que se les da un azote, los arrastran del brazo mientras el niño se retuerce o les insultan o amenazan con un sopapo. Yo misma no se muy bien que debo hacer en esos casos en los que un padre le pega a su hijo en la calle, sobre todo si hablamos de personas a las que no conocemos o con las que no nos une una relación de confianza previa.

La percepción de la violencia contra los niños

Debemos ser concientes de que esos padres, posiblemente, repiten lo que aprendieron e incluso estarán, erroneamente, convencidos, de que es una forma adecuada de actuar para enseñarle al niño mejor comportamiento.

No se les reconocen a los niños los mismos derechos que a los adultos, a los que nadie tiene derecho a pegar para conseguir que cambien su actitud, excepto, claro está, para repeler una agresión que nos pone en peligro. Pero, hacia los niños, pocas personas se escandalizan al ver un azote o un zarandeo.

A los niños se les ningunea. Hay derecho a levantarles la mano si no es una paliza, aunque la ley lo prohibe. La mitad de los padres le pega a sus hijos, incluso puede que sean más, pues hay estudios que señalan que hasta un 80% de los niños reciben azotes.

Y la mayoría de ellos lo justificarán o lo veran aceptable. Y nos quedan dos preguntas: ¿qué podemos hacer para ayudar a ese niño al que vemos que le están pegando y qué podemos hacer para cambiar la mentalidad social hacia el maltrato?

Nuestras reacciones cuando un padre le da un azote a su hijo

Mi reacción automática cuando veo que un padre le da un azote a su hijo sería encararme al adulto y exponerle, quizá alterada, que está usando la violencia, que eso es delito y que debería pensar como se sentiría si alguien le pegara a él. Vamos, es para decirles, no se quejen si sus hijos, cuando sean mayores, les devuelven el tortazo o, de viejos, los mandan a un asilo y se desentienden de lo que les pase. Quien siembra vientos, recoge tempestades.

Y ante eso me espera una bronca monumental y un escándalo, una mala respuesta, pero dudo mucho que consiga que el padre reaccione. Y desde luego, al niño, en cuanto yo me vaya, le puede caer una mayor, y más cuando lleguen a casa. No habré solucionado nada.

Alguna vez, lo que si he hecho, ha sido coger el teléfono y decirle que voy a llamar a la policía. Suelen parar. Pero ahora soy consciente de que no va a ayudar en nada al niño, aunque quizá, el simple hecho de que alguien le diga al padre que lo que hace no es correcto le deje una idea positiva: no merece ese trato y no tienen derecho a pegarle. Pero si no los vuelvo a ver me temo que mi intervención no sirva de mucho a la larga.

Un acercamiento más suave quizá si puede servir. Yo, que soy de sangre caliente, lo trabajo pero me cuesta. No sería amable con un maltratador de mujeres y no me sale serlo con uno de niños. Pero funciona. Te acercas preocupada y miras al padre (o la madre, creo que se entiende que me refiero a los dos) y le ofrezco ayuda. ¿Estáis bien, necesitas algo?

Eso para la agresión, puede que le dirija al niño alguna palabra dura pero normalmente, si no son unos bestias sin remisión, sienten el deseo de contarte el problema que ha sucedido. Llegan tarde, el niño ha tenido un berrinche, le ha pegado al hermanito o ha hecho una travesura. Estaba sobrepasados y les avergonzaba que los dejen en evidencia.

Una palabra amable, mostrar empatía por el problema (a todos los niños nos han sobrepasado alguna vez), ofrecerle ayuda con las bolsas o el carrito… eso cambia su percepción. Y si se abren, entonces podemos contarles alguna situación personal parecida y hasta darles alguna idea sobre como manejar el desborde de forma más constructiva. Pero si les empezamos a contar los daños emocionales y físicos de los azotes, normalmente se cerrarán.

Admitámoslo, la sociedad sigue considerando aceptable que se practique el maltrato de baja intensidad hacia los niños, se justifica por la tensión, o se afirma, incluso, que no dar una torta a tiempo es peor que ser permisivos. Pero pegarle a los niños les vuelve agresivos, puede relacionarse con trastornos mentales y desde luego, no les beneficia en nada. Las consecuencias de los azotes son reales, físicas y emocionales, y nada positivas.

El tema, como podéis ver, es muy complejo este de tomar una actitud si vemos que un padre le pega a su hijo, pues más que la intervención inmediata de un desconocido, puede necesitar, según el caso, la intervención de las autoridades, un acercamiento suave, no hacer nada o trabajar en un cambio social de la mentalidad hacia el maltrato contra los niños. Pero, desde luego, me molesta mucho que los padres le peguen a sus hijos.

Mañana os contaré algunos casos concretos y os ofreceré los consejos del psicólogo Ramón Soler para actuar en estas situaciones en las que, en la calle, vemos como un padre le da un azote a su hijo.

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