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La dura batalla de los padres de niños con alergias contra los que insisten en darles lo que no pueden comer
Salud infantil

La dura batalla de los padres de niños con alergias contra los que insisten en darles lo que no pueden comer

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Con el aumento de partos por cesárea, la ausencia de lactancia materna, un posible exceso de higiene en el cuidado de los hijos y con el avance de la especificidad de las pruebas, cada vez más niños son diagnosticados de alergias alimentarias.

Esta circunstancia choca un poco con una época en la que muy pocos niños tenían alergias ni intolerancias (o las tenían pero nadie las diagnosticaba como tal), y hay gente que piensa que como por entonces no conocían a niños que las padecieran, lo de los padres diciendo "no le des eso a mi niño" no son más que manías y ganas de llamar la atención. Hoy hablamos de la dura batalla de los padres de niños con alergias contra aquellos que insisten en darles lo que no pueden comer.

Los primeros síntomas son los que llevan a los padres a una o varias visitas al pediatra. Si la alergia es muy bestia (la reacción es severa) y puede relacionarse rápido con el alérgeno ("Le he dado esto y al rato se ha puesto así") no hay mucho problema, porque tienes claro lo que es. Si la alergia ya no es tan severa y hablamos de algún vómito o diarrea, dolor abdominal y cosas así, entonces los síntomas pueden confundirse con diversas patologías y puede tardarse más en llegarse al diagnóstico.

Ahora bien, cuando por fin se conoce la posible causa y se hacen las pruebas, los padres ya saben qué alimentos son los que el niño no puede comer (o no debería comer si la alergia es leve) y no tienen más que eliminarlos de la dieta.

Cuando te dicen que le van a dar algo que no puede comer

Entonces lo explicas a la familia, que el niño no puede comer "tal", ni "cual", ni "pascual"; y ahí es cuando cada uno reacciona de una manera diferente. Primero te preguntan por qué, a lo que tú explicas que tiene alergia y que cuando lo come le duele la barriga, o hace diarrea, o vomita... alguno se preocupa y decide que jamás le dará nada sin preguntarte antes, y otros deciden que "pues vale", pero sospechan que seguramente tú o los médicos estén equivocados, porque el niño tiene una pinta estupenda y justamente el otro día le estaba pidiendo de comer eso que tú le dices que no puede comer.

Como si el pedirlo fuera muestra suficiente de que en realidad no le sienta mal (porque deben pensar que si tan mal le sentara, el niño no lo pediría), ellos se aventuran a demostrarte que estás equivocado y, como se dice habitualmente, "cargado de puñetas". Y así llega el momento en que te dicen: "Oye, que dijiste que no podía comer de esto pero el niño me está pidiendo. Le doy, ¿vale?". Entonces lo ofrece al niño mientras le dice: "Venga, cómetelo que esto es buenísimo... ahora verá tu padre cómo esto te sienta estupendo, que no conozco a nadie alérgico a esto. Si es que los padres de hoy son unos flojos...".

Y allí que llegas tú a toda prisa, corriendo como si no hubiera un mañana, tan deprisa como nunca creíste que lograrías, entonando un "¡¡Noooooo se lo des!!" y arrancándoselo al crío de la boca mientras esperas y deseas que no haya tragado nada.

Cuando te dicen que le han dado algo que no puede comer

Después de ese primer capítulo, y de una más que lógica discusión, la persona puede saltar a la segunda fase de presión: "Si te pregunto y no me dejas, a la próxima no te pregunto". Y en sus trece de darle al niño eso que consideran tan bueno, que "no puede ser bueno que un niño crezca sin haber comido este alimento", se lo acaban dando. De nuevo piensan que te van a dar una lección para que aprendas que ellos tienen razón, y de nuevo piensan que están haciendo algo positivo, más divertido si cabe si hablamos de una fiesta.

Una fiesta: niños por ahí sin control, mucha comida, todos comiendo de todo, menos el tuyo, pobrecito, que tiene su insípido bizcocho aparte del de los demás porque lo tienes amargado. Pero las fiestas son para desmadrarse un poco... son esos momentos en que algunos adultos ponen un poco de alcohol a los niños porque creen que es gracioso, porque consideran que deben participar también de la fiesta de los mayores, y porque les hace gracia ver la cara que ponen al tragarlo.

Esos momentos en que le dicen al niño: "Anda, no te comas eso que te ha puesto tu madre que tiene pinta de suela de zapato y toma, come del pastel de los demás, que ya verás qué rico". Como si el niño no lo quisiera comer porque cree que no le va a gustar. O como si no lo pudiera comer porque a la madre le parece que no le va a gustar.

Alergias alimentarias

Luego te lo cuentan, y algunos incluso se ríen: "¿No decías que no podía comer de esto? Pues no veas cómo se lo ha zampado". Y entre reproches y quizás algún insulto corres hacia donde está tu hijo sintiéndote la peor madre del mundo por haberlo dejado en manos de adultos que son más irresponsables que los propios niños. Y lo miras de arriba a abajo buscando posibles efectos secundarios, preguntándole si está bien y despidiéndote de todos "hasta la próxima, o no", porque ya no te quedan ningunas ganas de seguir celebrando nada y porque sí, tienes una jeringa precargada con adrenalina, pero como igualmente tendrías que ir al hospital, prefieres salir desde casa que no desde una fiesta.

Cuando le dan algo que no puede comer, y no te lo dicen

Y finalmente están aquellos que piensan lo mismo, que todo son manías de los padres, que tienen al niño sobreprotegido y que de tanto evitar, proteger, controlar y limitar lo están volviendo tonto... que antiguamente comíamos hasta barro y no nos pasaba nada, y ahora con tanto modernismo resulta que tenemos a todos los niños en una burbuja que luego pasa lo que pasa, que no les gusta comer de nada y que ni siquiera lo pueden comer porque resulta que (léase con retintín) "hace la caquita un poco suel-te-ci-ta".

Pues ellos solos se lo montan todo. Deciden darle de aquello que tú dices que no puede comer y simplemente esperar a ver qué pasa ese día o en días venideros. Porque están convencidos de que no les pasará nada, y además les quedará confirmado si ven que nadie les llama para explicar que el niño ha tenido que ir al hospital porque está fatal (o descartado si ven que la han liado).

Y mientras tanto te ves en casa con el niño vomitando, llorando, con diarreas otra vez (en el mejor de los casos, porque en el peor estarás corriendo hacia urgencias), y tú preguntándote con qué nueva alergia te va a sorprender, preguntándote qué le has dado durante el día y que tomó anoche, preguntándole a tu pareja, y con ganas de volver a llevarlo al pediatra para explicarle que está otra vez con síntomas y que podría tener alergia a algo más, a ver si se descubre y lo puedes eliminar también, porque aunque las alergias son un suplicio, porque condicionan tu vida y la de tu hijo, lo primero que quieres es que no lo pase mal.

Aunque los demás no entiendan lo que es una alergia, lo peligroso que puede llegar a ser darles lo que no pueden comer, ni respeten las peticiones de unos padres preocupados por la salud y la vida de su hijo.

Fotos | iStock
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