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Estoy muy concienciada con el tema del gateo porque cada vez hay más niños que no han gateado y contemplo con frecuencia en el parque, en la piscina, etc. cómo madres o abuelas bienintencionadas pero equivocadas, impiden a los bebés gatear y les obligan a andar precozmente (agarrándoles en alto de las manos) cuando sus piernas aún no están preparadas.

Hace unos siglos se envolvía a los bebés en gasas como una momia porque se consideraba que gatear era propio de animales. Hoy la ciencia a demostrado que el gateo es una fase imprescindible en el desarrollo de la persona y del cerebro pero todavía no somos suficientemente conscientes de ello.

Prueba de ello es la venta de andadores (ampliamente criticados por pediatras), y dificultar el gateo de muchas formas, sobre todo no dando oportunidades continúas y suficientes a los bebés (dejarles en el suelo) o directamente impidiéndoselo.

Para demostrar la importancia de este tema, aquí presento brevemente las 8 razones que explica el experto Carlos Gardeta.

 

  1. El gateo conecta los hemisferios cerebrales y crea rutas de información cruciales para la maduración de las diferentes funciones cognitivas.
  2. Desarrolla el patrón cruzado que es la función neurológica que hace posible el desplazamiento corporal en equilibrio del cuerpo humano. Ese movimiento comprende el del eje de las caderas y el de los hombros. Al gatear se tonifican adecuadamente los músculos que más adelante permitirán que el niño mantenga la columna perfectamente recta cuando esté maduro para poder ponerse de pie.
  3. Desarrolla el sistema vestibular y el sistema propioceptivo. Ambos sistemas permiten saber dónde están las partes del cuerpo de uno.
  4. Permite el enfoque de los ojos. Al mirar al suelo para colocar la mano o la rodilla convenientemente, el niño enfoca los dos ojos en un mismo punto a corta distancia. Éste es un estupendo ejercicio muscular para los ojos y es tal su importancia que, según estudios de optómetras, el 98% de los niños con estrabismo no gatearon lo suficiente de pequeños.
  5. El niño siente la tactilidad de la palma que está viendo. Esto tiene una serie de ventajas de manualidad fina que luego influirán en la escritura. Además, al masajear la palma de la mano, ésta envía información al cerebro de dónde está y de las diferentes sensaciones y texturas que siente. También, al gatear el niño apoya su peso en las palmas de las manos y soporta esa tensión en las articulaciones de las muñecas, de los hombros, de la columna vertebral, de los fémures y de las caderas. Así percibe la oposición de la gravedad y aprende a manejarse con ella.
  6. Le ayuda a medir el mundo que le rodea y el niño se adapta al medio. La distancia que hay entre los ojos y la palma de la mano al gatear es una medida fundamental, LA BRAZA, en todas las civilizaciones. Con esa nueva medida corporal el niño mide el mundo circundante, y por eso cuando de mayor volvemos a un lugar de la infancia lo percibimos más pequeño de lo que era, porque entonces la propia medida de la braza era menor.
  7. Ayuda a establecer la futura lateralización del cerebro (cuando uno de los hemisferios se convierte en dominante y el otro en servidor para no tener que operar ambos a la vez).
  8. Ayuda a poder escribir en el futuro. Mediante el gateo se va desarrollando la coordinación cerebral ojo-mano. Cuando el niño gatea se establece entre ambos una distancia similar a la que más adelante habrá entre ojo y mano a la hora de leer y escribir.

 

Por todo esto, y simplemente porque es lo natural: demos a nuestros hijos todas las oportunidades de gatear.

Vía | Mujer de hoy
Más información | Instituto Fay
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