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pujo

El reflejo de pujo es parte del trabajo de parto normal. Una vez superada la primera etapa del parto y alcanzada la dilatación completa, la mujer siente una gran presión en el suelo pélvico y una necesidad intensa de hacer fuerza para expulsar al bebé.

Es un reflejo provocado por la distención de la musculatura de la pelvis que hace que la madre, de forma involuntaria, contraiga el diafragma y la musculatura abdominal.

Es una necesidad instintiva y fisiológica que siente la mujer al momento de parir, una necesidad que no debería ser controlada ni dirigida.

Los pujos dirigidos

Una de las cuestiones más debatidas en la atención al parto se centra en la conveniencia o no de dirigir los pujos de la madre indicándole cuándo y cómo debe pujar.

Durante años se ha creído que controlar los pujos podía acortar y facilitar el nacimiento, de hecho está asociado al proceso de parto como algo habitual y normal.

Pero en los últimos años se han publicado varios estudios que han comparado el trabajo de parto de las mujeres cuyos pujos habían sido dirigidos con las que habían respondido de forma natural al reflejo de pujo. Estas investigaciones concluyen que no se han encontrado diferencias en la duración del parto entre un grupo y el otro.

Además, sugieren que las mujeres que reciben instrucciones sobre cómo pujar en el trabajo de parto podrían tener mayor probabilidad de problemas asociados a disfunción de la musculatura pélvica y de la vejiga a largo plazo.

La pregunta es, por qué pretender controlarlo si es la propia madre quien responde de forma natural al deseo de pujar.

El reflejo de pujo y la epidural

La anestesia epidural, al adormecer las raíces nerviosas, puede modificar e incluso suprimir el reflejo de pujo.

En la mayoría de los casos, la mujer con epidural no siente la necesidad intensa de pujar durante el trabajo de parto, es por eso que la matrona o el obstetra le indican en qué momento tiene que hacerlo para facilitar la expulsión del bebé. Pasa de ser un reflejo inconsciente a una acción dirigida.

Según mi propia experiencia, que he parido tres veces con anestesia epidural, en los dos primeros partos no he sentido el reflejo de pujo y apenas sentía las contracciones. En cambio, en el tercero, tal vez por una dosis más controlada, la anestesia bloqueó el dolor pero me permitió sentir las contracciones y esa presión en la pelvis que me indicaba “tengo que empujar ahora”.

El reflejo de pujo y la postura de parto

En la fase del expulsivo, cuando la madre siente el reflejo de pujo, segrega altos niveles de adrenalina y se vuelve más activa. Es un momento clave del parto en el que debe tener la libertad para adoptar la postura en la que se sienta más cómoda, ya sea tumbada, de pie, en cuclillas, sentada o semisentada.

La elección de la postura de parto es muy personal y depende de cada mujer. Reprimir esa necesidad sería ir en contra de lo que le dicta su cuerpo en ese momento.

Foto | Mamma Loves en Flickr
En Bebés y más | Las fases del parto: expulsión, Parto: anestesia epidural

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